La posibilidad de concentrar la semana laboral salvadoreña en cuatro días y ampliar el descanso a tres entra en una fase decisiva. La comisión técnica encargada de estudiar la modernización del tiempo de trabajo concluyó sus funciones y remitirá su propuesta al Consejo Superior del Trabajo (CST), que deberá revisarla antes de enviarla al presidente Nayib Bukele.
El ministro de Trabajo, Rolando Castro, anunció el cierre de la etapa técnica el 13 de octubre. El documento definitivo aún no se ha divulgado públicamente, por lo que no es posible establecer qué mecanismos concretos propone para distribuir las horas, proteger los salarios o regular el pago del tiempo extraordinario.
El debate va más allá de cambiar los días de asistencia a las empresas. La cuestión central es si la reorganización permitirá mejorar la productividad y ampliar el descanso sin reducir ingresos ni debilitar las garantías que establece la legislación laboral.
Cuatro días de trabajo: una alternativa que no sería universal
Jorge Arriaza, presidente de la Asociación Salvadoreña de Industriales (ASI) y representante del sector empleador en el CST, ha señalado que la modalidad sería voluntaria y no se aplicaría de manera generalizada.
Según sus declaraciones, los sectores que han mostrado mayor interés son el textil-confección y los centros de llamadas. También ha sostenido que el propósito de la discusión es distribuir las horas de trabajo existentes, no aumentar el límite semanal de 44 horas.
Entre las opciones discutidas figura trabajar 11 horas de lunes a jueves y descansar durante tres días. Otras alternativas contemplan jornadas más cortas distribuidas entre cuatro y cinco días. Sin embargo, estos planteamientos siguen siendo parte del debate y no deben confundirse con una reforma aprobada.
El Ministerio de Trabajo ha indicado que también se analizan horarios escalonados, pausas, rotación de funciones y otras formas de organizar la actividad laboral, con la condición de respetar salarios, prestaciones, descansos y derechos adquiridos.
Horas extra: lo que establece la legislación salvadoreña
Uno de los puntos más sensibles es cómo se tratarían las horas extraordinarias si una empresa adopta jornadas de 11 horas diarias.
La Constitución de El Salvador establece que la jornada ordinaria diurna no debe exceder ocho horas al día ni 44 horas a la semana. El Código de Trabajo fija, por su parte, límites específicos para las jornadas nocturnas y para las labores peligrosas o insalubres.
La legislación también dispone que el trabajo realizado por encima de la jornada ordinaria debe pagarse con un recargo del 100 % sobre el salario básico por hora, dentro de los límites legales. En el trabajo nocturno se aplica, además, el recargo correspondiente a esa modalidad.
Esto plantea una distinción fundamental: que una semana de cuatro días sume 44 horas no significa, por sí solo, que una jornada ordinaria de 11 horas diarias quede autorizada por la normativa vigente. El límite semanal y el límite diario son reglas diferentes.
Por tanto, si se pretende establecer un horario de 11 horas durante cuatro días, la propuesta tendrá que aclarar cómo se compatibilizaría con el máximo diario, qué tratamiento recibirían las horas que excedan la jornada ordinaria y qué autorizaciones o cambios normativos serían necesarios. El Ministerio de Trabajo contempla actualmente procedimientos para aprobar determinados horarios especiales, sujetos a las condiciones legales aplicables.
La regulación actual también señala que el trabajo extraordinario debe pactarse, por regla general, para circunstancias ocasionales, imprevistas, especiales o necesarias, con excepciones específicas. Por ello, no bastaría con llamar “redistribución” a las horas adicionales para que automáticamente dejaran de estar sujetas a las reglas de las horas extra.
¿El cambio beneficiaría o perjudicaría a los trabajadores?
El resultado dependerá de las condiciones que finalmente se establezcan y de su cumplimiento efectivo.
Un esquema bien regulado podría ofrecer tres días consecutivos de descanso, reducir algunos desplazamientos semanales y facilitar la organización personal y familiar. Para determinadas empresas, también podría ayudar a ordenar turnos y operaciones.
Pero una jornada diaria más prolongada puede aumentar la fatiga, dificultar el cuidado de hijos y reducir el tiempo disponible para la vida familiar. Además, si los trabajadores dejan de percibir ingresos por horas extraordinarias que actualmente realizan y cobran legalmente, el cambio podría afectar sus ingresos, incluso si mantienen el mismo salario ordinario.
El riesgo jurídico y económico aparecería si una reorganización de horarios se utilizara para eludir el recargo legal de las horas extra o para imponer jornadas extendidas sin las garantías necesarias. En sentido contrario, si se respetan la remuneración debida, los descansos y los límites aplicables, la modificación podría ofrecer ventajas a determinados trabajadores.
La voluntariedad anunciada por el sector empresarial es relevante, pero todavía debe aclararse cómo se documentaría el consentimiento, qué ocurriría si un empleado no acepta el nuevo horario y cómo se evitarían presiones laborales. Un acuerdo individual no debe interpretarse como autorización para desconocer derechos establecidos por la ley.
Transporte, cuidados y seguridad laboral
Arriaza también ha señalado que el transporte y el cuidado infantil deben formar parte de la discusión. En algunos centros de trabajo, las jornadas extendidas podrían obligar a los empleados a salir o regresar a sus hogares en horarios en los que el transporte público es limitado.
El dirigente empresarial ha estimado que las mujeres representan entre el 60 % y el 70 % de la fuerza laboral de algunas industrias del área metropolitana de San Salvador. Esa cifra corresponde a su declaración y no debe generalizarse a todos los sectores económicos sin datos adicionales.
La planificación de los nuevos horarios tendrá que considerar, además, los descansos entre jornadas, la seguridad en los desplazamientos y las necesidades específicas de cada actividad. El impacto no sería igual para una planta de producción, un centro de llamadas, un comercio o una actividad que requiere atención continua.
¿Qué falta para que la propuesta avance?
El Consejo Superior del Trabajo deberá revisar el documento técnico, valorar las observaciones de los sectores representados y decidir qué recomendación trasladará al Ejecutivo. Arriaza ha señalado que se espera que la propuesta llegue al presidente durante noviembre, después de la revisión del Consejo.
Entre los puntos que requieren una respuesta clara figuran:
- Límite diario: cómo se aplicaría una jornada de cuatro días frente al máximo ordinario de ocho horas diurnas.
- Horas extraordinarias: si las horas que excedan la jornada legal seguirán pagándose con el recargo correspondiente.
- Consentimiento: cómo se garantizaría que la modalidad sea voluntaria y qué protección tendría quien no la acepte.
- Descanso y salud: qué límites y pausas se establecerían para evitar fatiga y riesgos laborales.
- Transporte y cuidados: qué medidas complementarias se adoptarían para quienes trabajen hasta horas tardías.
- Supervisión: cómo se fiscalizaría el cumplimiento de la normativa en las empresas que adopten el esquema.
La discusión todavía no permite afirmar que la semana laboral de cuatro días vaya a beneficiar o perjudicar de forma uniforme a los trabajadores salvadoreños. Ese balance dependerá del texto definitivo y de sus efectos sobre el salario, el pago de horas extraordinarias, el descanso y las condiciones reales de trabajo.
La prueba decisiva será que la modernización no convierta la concentración de horas en una vía para reducir derechos. El Consejo Superior del Trabajo y el Ejecutivo tendrán que aclarar cómo se compatibilizará cualquier nuevo horario con las garantías constitucionales y legales vigentes antes de su eventual aplicación.
