Halloween: de las hogueras celtas a las calles de El Salvador

Una de las primeras celebraciones escolares y parroquiales en la colonia Miramonte, San Salvador, en 1968, con una expansión mayor en 1970

by Redacción LaGaceta503

Halloween no nació como una fiesta de terror ni como una invención estadounidense: es el resultado de un largo cruce entre rituales celtas de fin de cosecha, la liturgia católica de Todos los Santos y la cultura popular de Estados Unidos. Su llegada a Centroamérica fue tardía, se tropicalizó con leyendas y celebraciones locales, y hoy convive —no sin fricción— con el recuerdo católico de los difuntos.

El origen: Samhain y los celtas

La raíz más antigua suele ubicarse en Samhain, festival celta celebrado en Irlanda, Escocia, Gales, la isla de Man y el norte de Francia alrededor del 31 de octubre y el 1 de noviembre. Marcaba el fin del verano y de la cosecha, el inicio del invierno y, para algunas comunidades celtas, el comienzo del año nuevo.science.

En esa cosmovisión, la frontera entre vivos y muertos se volvía más permeable. Se encendían fogatas, se preparaban alimentos y se usaban disfraces o máscaras para protegerse o confundir a los espíritus que podían regresar al mundo terrenal.nypl+1

No era, sin embargo, una fiesta idéntica al Halloween actual: era un rito agrario y comunitario, ligado al ciclo estacional, antes de convertirse en una celebración con calabazas, dulces y terror comercial.

La cristianización europea

Con la expansión del cristianismo, la Iglesia no simplemente eliminó esas costumbres: las reordenó. En el siglo VII, el papa Bonifacio IV estableció una conmemoración de mártires; en el siglo VIII, Gregorio III asoció el 1 de noviembre a todos los santos, dando origen al Día de Todos los Santos.

La víspera, el 31 de octubre, pasó a llamarse All Hallows’ Eve —“víspera de Todos los Santos”—, expresión que con el tiempo se contrajo en Halloween. Después, el 2 de noviembre se consolidó como Día de los Fieles Difuntos, formando el llamado Allhallowtide: tres días dedicados a santos, ánimas y difuntos.

Así, hogueras, máscaras, comidas y creencias sobre espíritus se mezclaron con misas, oraciones por los muertos y prácticas como el souling, en el que se pedía comida a cambio de oraciones por las almas del purgatorio.

De Europa a Norteamérica

Halloween llegó al continente americano sobre todo con la migración irlandesa y escocesa del siglo XIX, intensificada por la Gran Hambruna irlandesa de 1845-1849. Los inmigrantes llevaron la víspera de Todos los Santos, las leyendas, los disfraces y la costumbre de tallar nabos con velas.britannica+1

En Estados Unidos, el nabo fue sustituido por la calabaza, cultivo nativo americano más grande y fácil de tallar. De allí nació el jack-o’-lantern, uno de los símbolos más reconocibles de la fiesta moderna.nypl+1

Durante el siglo XX, la celebración se volvió masiva y comercial: desfiles escolares, fiestas vecinales, decoraciones, dulces y el trick-or-treat —“dulce o truco”—. Estados Unidos se convirtió así en la principal plataforma de expansión global de Halloween.britannica+1

Llegada a Centroamérica

En Centroamérica, Halloween no llegó como tradición ancestral, sino como una importación cultural asociada a la influencia estadounidense: cine, televisión, migración, colegios bilingües, centros comerciales, publicidad y redes sociales. En Honduras, por ejemplo, su expansión se explica por esos canales, además de la influencia creciente del Día de Muertos mexicano entre comunidades migrantes.

La fiesta se adaptó de manera desigual. En muchos lugares es más una celebración urbana, juvenil y comercial —fiestas en bares, concursos de disfraces, decoración de centros comerciales— que una práctica generalizada de niños pidiendo dulces casa por casa.

También se “tropicalizó” al entrar en contacto con leyendas y ritos locales:

  • En El Salvador, la Calabiuza de Tonacatepeque se celebra el 1 de noviembre con personajes del folcror salvadoreño, como espantos y monstruos tradicionales.
  • En Nicaragua, Masaya celebra los Agüizotes, desfile nocturno con La Llorona, El Cadejo, La Cegua, La Mocuana y otras figuras del terror popular.
  • En Costa Rica, el 31 de octubre coincide con el Día de la Mascarada Tradicional, con máscaras gigantes, música de cimarrona y personajes como La Giganta o La Muerte.
  • En Guatemala, los barriletes gigantes de Sumpango y Santiago Sacatepéquez acompañan el Día de Todos los Santos como ofrenda y mensaje a los ancestros.
  • En Honduras, las familias limpian tumbas, llevan flores y asisten a misa por los difuntos, mientras Halloween avanza sobre todo en espacios comerciales y recreativos.

El caso salvadoreño

En El Salvador, Halloween convive con una tradición propia y profunda: el 1 y 2 de noviembre muchas familias visitan cementerios, arreglan tumbas, llevan flores y comparten tiempo junto a sus difuntos. Esa memoria familiar es central en la identidad cultural del país.

Una de las expresiones más singulares es la Calabiuza de Tonacatepeque, celebrada el 1 de noviembre. Allí no predominan las brujas estadounidenses ni las calabazas importadas, sino personajes del imaginario salvadoreño: espantos, ánimas y criaturas del folclore local.

La versión más comercial de Halloween —disfraces, fiestas, dulces y decoración— se difundió en el país desde la segunda mitad del siglo XX. Un relato publicado por la Universidad de El Salvador sitúa una de las primeras celebraciones escolares y parroquiales en la colonia Miramonte, San Salvador, en 1968, con una expansión mayor en 1970, cuando niños comenzaron a pedir dulces casa por casa.

La oposición católica

La resistencia al Halloween proviene de una lectura religiosa que ve en la fiesta una recuperación de símbolos paganos, ocultismo, muerte y maldad, contrarios al mensaje cristiano. Esa crítica no es exclusiva de El Salvador: en Guatemala, Honduras y otros países de la región, sectores católicos, evangélicos y conservadores han pedido evitarla o prohibirla.

En Honduras, varios municipios han llegado a prohibir celebraciones de Halloween, argumentando protección de la población, rechazo a la violencia y defensa de valores cristianos; la medida ha generado debate entre quienes la ven como protección comunitaria y quienes la consideran intolerancia cultural.

En El Salvador, la oposición suele plantearse como una defensa del Día de los Difuntos frente a una fiesta percibida como extranjera, consumista y espiritualmente peligrosa. El argumento católico subraya que el recuerdo de los muertos debe centrarse en la oración, la esperanza en la resurrección y la comunión con los difuntos, no en el susto, lo macabro o el ocultismo.jurisprudencia.

Una fiesta en disputa

Halloween llegó a Centroamérica como una estética global, pero no reemplazó del todo las tradiciones locales: las transformó. Hoy conviven calabazas y disfraces con calabiuza, barriletes, mascaradas, Agüizotes, flores en los cementerios y misas por los difuntos.

Por eso, más que una simple “fiesta de brujas”, Halloween en la región es un termómetro cultural: muestra cómo las sociedades centroamericanas absorben influencias externas, las mezclan con su folclore y discuten, desde la fe y la identidad, qué merece celebrarse —y cómo— cada 31 de octubre.

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