Cuando un accidente de tránsito deja personas atrapadas, un río arrastra a un bañista, un terremoto derrumba una estructura o una tormenta obliga a evacuar una comunidad, existe una posibilidad que se ha repetido durante generaciones en El Salvador: que entre los primeros equipos en llegar aparezca un uniforme amarillo con una cruz verde.

Ese uniforme pertenece a los Comandos de Salvamento de El Salvador, una organización humanitaria que este septiembre conmemora 66 años de existencia.
La celebración no es solamente institucional. Es también la conmemoración de miles de voluntarios que, durante más de seis décadas, han trabajado en circunstancias en las que el riesgo para la persona que rescata puede ser tan grande como el que enfrenta la víctima.

La organización fue fundada el 30 de septiembre de 1960, en la entonces Villa Delgado, hoy Ciudad Delgado, por un grupo de ciudadanos encabezado por Edgar Cornejo. En sus primeros años fue conocida como Asociación Comandos de Salvamento Guardavidas Independientes de El Salvador. Su propósito declarado era proteger la vida y los bienes de las personas en peligro, sin distinción de origen social, religión o posición política.
Lo que comenzó con escasos recursos, vehículos particulares y voluntarios dispuestos a trabajar sin remuneración terminaría convirtiéndose en una de las organizaciones de socorro más reconocidas del país.

De los guardavidas a la emergencia nacional
Los primeros Comandos tenían una identidad estrechamente relacionada con el salvamento acuático. Pero las emergencias que golpearon al país obligaron rápidamente a ampliar sus capacidades.
El terremoto del 3 de mayo de 1965, que provocó miles de damnificados, fue una de las primeras grandes pruebas para la organización. Cuatro años después, durante la guerra entre El Salvador y Honduras de 1969, sus voluntarios participaron en evacuaciones y atención de heridos en puntos fronterizos como El Poy y El Amatillo.
En 1974 llegó el huracán Fifí. En 1976, los Comandos viajaron a Guatemala para colaborar en las labores de búsqueda, rescate y asistencia posteriores al terremoto que devastó ese país.
La organización dejó de ser entonces exclusivamente un cuerpo de guardavidas. Se convirtió progresivamente en un servicio de respuesta ante emergencias de naturaleza diversa.

La evolución continuaría durante la década de 1980, uno de los períodos más difíciles de la historia salvadoreña.
La prueba de la guerra y la decisión de ser neutrales
Durante el conflicto armado salvadoreño, los socorristas tuvieron que trabajar en un ambiente donde la desconfianza podía ser tan peligrosa como las balas.
La historia institucional de Comandos de Salvamento señala que sus unidades atendían tanto a combatientes de la guerrilla como a miembros de la Fuerza Armada y a población civil.

Esa posición humanitaria —atender a una persona por la gravedad de sus heridas y no por el bando al que perteneciera— se convirtió en uno de los principios más importantes de la organización.
Pero tuvo un costo.
La propia institución sostiene que más de 13 integrantes de Comandos murieron durante aquella etapa mientras desarrollaban su misión humanitaria.
La neutralidad dejó así de ser solamente una declaración institucional y se convirtió en una práctica que sus miembros debían sostener en medio de un país dividido por la guerra.
La organización también participó en la evacuación de heridos durante la ofensiva guerrillera de noviembre de 1989, atendiendo tanto a civiles como a combatientes de ambos bandos.
Montebello y el terremoto que cambió al país
Entre las emergencias que marcaron a los Comandos está el deslave de Montebello, ocurrido en 1982, cuando toneladas de tierra y lodo descendieron desde el volcán de San Salvador y afectaron varias colonias.
Cuatro años después llegaría otra tragedia de enormes proporciones.
El 10 de octubre de 1986, un terremoto sacudió San Salvador y provocó cientos de muertos, miles de damnificados y graves daños materiales.
Los Comandos participaron en operaciones de búsqueda y rescate, atención médica, distribución de agua, alimentos, ropa y materiales para las familias afectadas. La organización registra que atendió aproximadamente 475,000 personas en las labores posteriores al terremoto.
Aquel desastre también reveló las limitaciones técnicas que entonces enfrentaba el país.
Los propios rescatistas recuerdan que la organización todavía no disponía de las capacidades especializadas que hoy considera indispensables para intervenir en estructuras colapsadas.
La tragedia terminó convirtiéndose, paradójicamente, en una escuela.

Los hombres y mujeres que construyeron la institución
La historia de Comandos de Salvamento no puede explicarse únicamente mediante catástrofes. También está marcada por personas que dedicaron décadas de su vida al voluntariado.
Edgar Cornejo: el fundador
Edgar Cornejo aparece en la historia institucional como el hombre que, junto a otros guardavidas, impulsó la creación de la organización en 1960.
La idea original era sencilla: disponer de personas preparadas para salvar vidas cuando alguien estuviera en peligro.
La dimensión que alcanzaría esa iniciativa seis décadas después difícilmente podía anticiparse en aquella pequeña casa de Ciudad Delgado.
Roberto Cruz: de voluntario a director
Uno de los nombres más estrechamente vinculados a la etapa contemporánea de Comandos es Roberto Orlando Cortez Cruz.
Ingresó como voluntario en su juventud y posteriormente asumió diferentes responsabilidades dentro de la institución. Ha ejercido durante más de una década como director ejecutivo y en 2025 fue reelegido para el período 2025-2027.
Su trayectoria refleja una característica peculiar de Comandos: buena parte de quienes dirigen la organización conocen primero la emergencia desde el terreno, como voluntarios, socorristas o rescatistas.
Cruz ha sido además uno de los principales responsables de conducir a la organización en una etapa de expansión territorial, profesionalización y búsqueda de cooperación internacional.
Rubia Palacios: una nueva generación de liderazgo
Otro nombre importante es Rubia Guadalupe Palacios de Clímaco, quien en 2020 se convirtió en la primera mujer en presidir la Junta Directiva de Comandos de Salvamento desde su fundación.
Palacios llevaba entonces 27 años como voluntaria de la institución.
Su llegada a la presidencia representó también el reconocimiento de la creciente participación femenina en las tareas de emergencia y dirección institucional.
Actualmente continúa vinculada a la conducción de la organización.
Francisco Campos: el hombre detrás de la memoria gráfica
La historia de Comandos también tiene un fotógrafo.
Francisco Campos, veterano vinculado a la organización y responsable durante años de su área de prensa, comenzó a documentar sistemáticamente el trabajo de los socorristas en la década de 1980.
Durante el conflicto armado registró operaciones de rescate y situaciones que posteriormente se convertirían en parte del archivo visual de la institución.
Su trabajo contribuyó a que la labor de los Comandos trascendiera el ámbito de las emergencias y quedara registrada en imágenes difundidas por medios salvadoreños e internacionales.
Luis Colato: formar a quienes llegan después
Entre los veteranos que representan la transmisión de conocimiento destaca Luis Colato.
Ingresó a Comandos en febrero de 1985, cuando tenía 16 años, y un año después enfrentó el terremoto que destruyó buena parte de San Salvador.
Con el tiempo se convirtió en instructor de primeros auxilios y emergencias y participó en procesos de formación de jóvenes voluntarios y estudiantes de medicina.
También obtuvo capacitación internacional como tecnólogo en emergencias médicas y estudios especializados en gestión de riesgos laborales.
Su historia representa otro elemento fundamental de la organización: el voluntario veterano que se convierte en instructor y prepara al siguiente grupo de rescatistas.
Jhonny Ramos y la especialización del rescate
Jhonny Ramos es otro de los nombres asociados al desarrollo técnico de los Comandos.
Ha estado vinculado a la Unidad de Rescate y a las operaciones de extracción de personas atrapadas en vehículos y estructuras.
Su generación vivió la transición entre los primeros equipos improvisados y una organización que actualmente cuenta con especialistas en rescate vehicular, vertical, acuático y otras ramas.
Una historia que no terminó con la guerra
Con los Acuerdos de Paz de 1992 cambió el tipo de emergencias que enfrentaban los Comandos, pero no disminuyó la necesidad de sus servicios.
Las inundaciones del Bajo Lempa se convirtieron en una de las grandes pruebas de la etapa posterior al conflicto.
Durante las inundaciones de 1992, la institución participó en evacuaciones y atención de comunidades como Nueva Esperanza, Ciudad Romero y Nuevo Amanecer, atendiendo a más de 7,000 personas.
En 1995, nuevas inundaciones afectaron a decenas de miles de habitantes del Bajo Lempa. Los Comandos participaron en evacuaciones y posteriormente en brigadas médicas.
El huracán Mitch, en 1998, volvió a poner a prueba la capacidad de respuesta, con evacuaciones, traslado de personas a lugares seguros, distribución de alimentos y ropa y consultas médicas.
El nuevo siglo trajo terremotos, tormentas tropicales, huracanes, deslaves y accidentes.
Los terremotos de enero y febrero de 2001, el deslave de Las Colinas, la erupción del volcán de Santa Ana, el huracán Stan, la tormenta Ida y los deslizamientos registrados en diferentes regiones del país ampliaron todavía más el campo de acción de los equipos de rescate.
De la improvisación a la profesionalización
Una parte esencial de la historia de los Comandos es menos visible que los rescates: la transformación técnica.
La organización ha recibido capacitación y cooperación internacional durante décadas. Entre sus colaboradores históricos se encuentra Ayuda Popular Noruega (APN), que ha apoyado programas de formación, equipamiento y fortalecimiento institucional desde hace años.
También se han establecido vínculos con instituciones internacionales de formación en rescate.

En junio de 2026, alrededor de 300 socorristas, rescatistas y técnicos en emergencias médicas participaron en el primer Campamento Nacional de Capacitación de Comandos, con instructores de la Academia Mundial de Bomberos de Nueva York.
La capacitación es una cuestión crítica para una organización cuyo trabajo puede incluir extracción de personas atrapadas, rescate en altura, operaciones acuáticas, primeros auxilios, atención prehospitalaria y respuesta ante desastres.
Una organización que trabaja 24 horas
Actualmente, los Comandos atienden accidentes de tránsito, emergencias médicas, rescates acuáticos y de montaña, incidentes provocados por fenómenos naturales y otras situaciones que requieren atención inmediata.
La organización reporta decenas de emergencias atendidas diariamente.
La Prensa Gráfica señaló durante la celebración de este aniversario que la institución atiende aproximadamente 60 emergencias diarias en promedio, según información proporcionada por representantes de Comandos.
Los servicios se ofrecen gratuitamente y dependen en buena medida del trabajo voluntario, donaciones y cooperación.
Las cifras publicadas recientemente sobre la estructura territorial no son completamente uniformes: Comandos informó antes del aniversario de 33 seccionales y más de 2,000 voluntarios, mientras La Prensa Gráfica reportó 34 seccionales y más de 1,500 voluntarios. La diferencia puede responder a distintas fechas de corte o criterios de contabilización, por lo que no resulta prudente presentar una sola cifra como definitiva sin una actualización institucional consolidada.
Lo que sí resulta verificable es que la organización mantiene una presencia territorial amplia y continúa expandiéndose.
66 años y nuevos desafíos
El aniversario de 2026 no ocurre con una institución detenida en el pasado.
Al contrario, los Comandos están desarrollando nuevos proyectos destinados a mejorar su capacidad de respuesta.
Uno de los más importantes es la creación de un grupo USAR Liviano —siglas utilizadas internacionalmente para Urban Search and Rescue, búsqueda y rescate urbano—.
En septiembre, unos 80 jóvenes de diferentes seccionales participaron en pruebas físicas, médicas y psicológicas para ser seleccionados para el programa. La institución prevé formar un grupo de aproximadamente 50 socorristas, que recibirá capacitación de especialistas nacionales e internacionales para responder ante terremotos, deslaves y otros desastres. El proyecto cuenta con financiamiento de Ayuda Popular Noruega.
La importancia de este programa está en la especialización.
Un rescate posterior a un terremoto no puede ejecutarse con las mismas técnicas utilizadas para atender un accidente de tránsito. La búsqueda de personas bajo estructuras colapsadas requiere evaluación de riesgos, estabilización, extracción, trabajo en equipo y procedimientos específicos para evitar que el rescate produzca nuevas víctimas.
Más ambulancias y mayor cobertura territorial
Durante mayo de 2026, Comandos recibió tres vehículos que serán transformados en ambulancias mediante una donación de la cooperación japonesa.
Una unidad está destinada a Juayúa, otra a Guazapa y una tercera a San Miguel Tepezontes, con el objetivo de fortalecer la atención en esas zonas.
También se ha producido una expansión de infraestructura.
En enero fue inaugurado un nuevo local en Guazapa, construido con apoyo de Ayuda Popular Noruega, empresa privada y fondos propios. La instalación contempla una clínica de emergencia.
En marzo comenzó operaciones la seccional de La Libertad Costa, con local, clínica de emergencia, voluntarios y ambulancia, para atender a población local y turistas.
Y uno de los próximos pasos anunciados para este aniversario es la apertura de una nueva seccional en San Miguel, con la intención de reforzar la cobertura en el oriente del país.
Una alianza internacional que busca elevar la capacidad de respuesta
La cooperación internacional también está entrando en una nueva etapa.
Durante la celebración de los 66 años participaron representantes de la Academia Mundial de Bomberos Internacional, con sede en Nueva York, organización con la que Comandos ha desarrollado actividades de capacitación y cooperación.
El objetivo de estas alianzas es que el voluntariado salvadoreño pueda acceder a conocimientos y procedimientos utilizados internacionalmente en rescate, atención prehospitalaria y respuesta ante desastres.
No se trata solamente de disponer de más ambulancias o equipos.
La capacidad de una organización de emergencia depende también de que existan personas capaces de utilizar correctamente esos recursos cuando la situación es crítica.
Una tradición de voluntariado
Quizá la característica más particular de Comandos de Salvamento sea que su historia no está construida fundamentalmente sobre funcionarios de carrera, sino sobre voluntarios.
Hombres y mujeres que estudian, trabajan o tienen otras actividades y que, ante una llamada de emergencia, abandonan temporalmente su rutina para ponerse un uniforme y acudir hacia el lugar donde alguien necesita ayuda.
La organización ha llegado incluso a convertirse en una tradición familiar.
En agosto de 2026, por ejemplo, Diario El Salvador relató la historia de José Mauricio González Colocho y su hijo Gabriel, integrantes de la seccional de Zacatecoluca, una muestra de cómo la vocación de servicio puede transmitirse entre generaciones.
Ese fenómeno explica en parte la continuidad de una institución que ha sobrevivido durante 66 años con una combinación de voluntariado, cooperación, donaciones y apoyo comunitario.
El significado de seis décadas y media
La historia de Comandos de Salvamento es, en buena medida, un recorrido paralelo por las grandes tragedias y emergencias de El Salvador contemporáneo.
Estuvieron en terremotos cuando todavía disponían de recursos limitados.
Estuvieron durante la guerra cuando la neutralidad podía significar un riesgo mortal.
Estuvieron en inundaciones, huracanes y deslaves.
Estuvieron entre los escombros de edificios derrumbados.
Estuvieron en las carreteras.
Han entrado al agua para buscar desaparecidos y han descendido a barrancos para recuperar o salvar personas.
Y han continuado formando voluntarios cuando las generaciones anteriores comenzaron a retirarse.
Su historia también registra pérdidas. La propia institución recuerda a los integrantes que murieron mientras cumplían su misión, particularmente durante los años del conflicto armado.
El reto de los próximos 66 años
A sus 66 años, Comandos de Salvamento enfrenta un país diferente al de 1960.
Las emergencias son más complejas, las ciudades han crecido, las carreteras tienen mayor circulación y el cambio climático aumenta la exposición a inundaciones, deslizamientos, sequías y otros fenómenos extremos.
La respuesta también exige mayor especialización.
Por eso, proyectos como el grupo USAR Liviano, la expansión de las seccionales, las nuevas ambulancias, la capacitación internacional y la cooperación técnica adquieren una importancia que va más allá de la celebración de un aniversario.
La organización que nació con un grupo de guardavidas y prácticamente sin recursos busca entrar en su séptima década con una estructura de respuesta más profesionalizada y territorialmente extendida.
La celebración de estos 66 años, por tanto, no es solamente una mirada al pasado.
Es también una pregunta sobre el futuro: cómo conservar el espíritu voluntario que dio origen a Comandos de Salvamento mientras se incorporan la tecnología, la capacitación y las capacidades especializadas que requieren las emergencias del siglo XXI.
Durante seis décadas y media, su lema podría resumirse en una práctica sencilla: llegar cuando otros todavía están intentando decidir qué hacer.
Y detrás de cada uniforme amarillo hay una historia menos visible que la emergencia misma: la de personas que aceptaron aprender a enfrentar el dolor ajeno y convertir ese conocimiento en servicio público.
Ese es, finalmente, el patrimonio que Comandos de Salvamento celebra después de 66 años: no solamente una institución, sino una cadena de voluntarios que ha ido pasando de una generación a otra la responsabilidad de salvar vidas.
