El bitcóin y el oro registraron caídas superiores al 2 % durante la jornada del jueves 22 de octubre, en una nueva señal de la volatilidad que atraviesa a los mercados internacionales. La presión coincidió con el encarecimiento del petróleo, la inquietud por la inflación y las dudas de los inversionistas sobre el rumbo de las tasas de interés en Estados Unidos.
El bitcóin retrocedió hasta un 2,4 % en las primeras operaciones asiáticas y cayó por debajo de los 83,000 dólares, según datos divulgados por Bloomberg. El movimiento borró parte de las ganancias obtenidas durante la sesión anterior y se produjo en un contexto de debilitamiento de los activos considerados de mayor riesgo.
El oro también sufrió una caída pronunciada. El precio al contado descendió un 2,1 %, hasta los 4,055.69 dólares por onza, de acuerdo con Reuters, que situó la cotización en su nivel más bajo en más de dos meses. Los futuros estadounidenses del metal para entrega en diciembre retrocedieron un 1,9 %, hasta los 4,071.40 dólares.

Las cifras corresponden a cotizaciones intradía y pueden diferir de los precios de cierre.
El petróleo reaviva los temores inflacionarios
Uno de los factores que presionan a los mercados es el repunte del crudo. El barril de Brent llegó a superar los 110 dólares, impulsado por la preocupación sobre el suministro energético y la escalada de las tensiones en Oriente Medio.
El aumento de los costos de la energía puede trasladarse a los precios de bienes y servicios, complicando el trabajo de los bancos centrales que intentan contener la inflación. Si los mercados anticipan que las tasas de interés permanecerán elevadas durante más tiempo, los activos que no generan rendimientos periódicos, como el oro, pueden perder atractivo frente a los instrumentos que sí ofrecen intereses.
Reuters atribuyó el retroceso del oro a ese reajuste de expectativas: el encarecimiento del petróleo alimenta las presiones inflacionarias y refuerza las apuestas por una política monetaria más restrictiva en los próximos meses.
El escenario también afecta al bitcóin, cuya cotización ha mostrado sensibilidad a los cambios en el apetito por el riesgo, la liquidez y las expectativas sobre el costo del dinero. Aunque sus defensores lo presentan como una alternativa al sistema financiero tradicional, su comportamiento no reproduce de forma constante el del oro ni el de otros activos considerados refugios.
La incertidumbre sobre la Reserva Federal
Los inversionistas esperan la próxima reunión de la Reserva Federal de Estados Unidos, prevista para el 27 y 28 de octubre, en busca de señales sobre la trayectoria de las tasas de interés. También siguen de cerca los próximos datos de inflación, incluido el índice de gastos de consumo personal, una de las medidas que utiliza el banco central para evaluar la evolución de los precios.
Los datos recientes de inflación y el encarecimiento de la energía han fortalecido las expectativas de que las tasas podrían mantenerse altas durante más tiempo. En las operaciones del mercado, las probabilidades de un incremento en diciembre habían aumentado considerablemente, aunque las previsiones de los operadores no constituyen una decisión oficial de la Reserva Federal.
La combinación de petróleo caro, rendimientos financieros elevados y dudas sobre el crecimiento genera un entorno difícil para activos cuyo valor depende en gran medida de las expectativas de los inversionistas.
A esa incertidumbre se suman las preocupaciones por el gasto de las grandes tecnológicas en inteligencia artificial y por la rentabilidad futura de esas inversiones. La inquietud se extendió a los mercados bursátiles, donde las acciones tecnológicas registraron retrocesos y contribuyeron al deterioro del sentimiento inversor.
¿Por qué cae el oro si se considera un refugio?
El retroceso del metal precioso ilustra que su condición de activo refugio no garantiza ganancias en todas las crisis. El oro puede beneficiarse de la incertidumbre geopolítica, la desconfianza financiera o el temor a la inflación, pero también pierde atractivo cuando aumentan los rendimientos de otros activos o se fortalece la expectativa de tasas elevadas.
En esta ocasión, el encarecimiento del petróleo genera un efecto contradictorio: aumenta la preocupación por la inflación, pero al mismo tiempo puede reforzar las expectativas de una política monetaria restrictiva. El segundo efecto pesa sobre un activo que no paga intereses, como el oro.
Por ello, una caída diaria no significa necesariamente que los inversionistas hayan abandonado el metal como reserva de valor. Indica, más bien, que las condiciones de liquidez, los rendimientos y las expectativas de política monetaria pueden imponerse temporalmente sobre la demanda de protección.
El bitcóin sigue expuesto a los cambios de ánimo del mercado
La caída de la criptomoneda confirma la volatilidad que caracteriza a este activo. A diferencia de los instrumentos tradicionales, el bitcóin no representa un derecho sobre los beneficios de una empresa ni paga intereses. Su precio depende de la oferta y la demanda en los mercados, de las expectativas sobre su adopción y de los flujos de capital que entran o salen del ecosistema digital.
La jornada también mostró que los flujos institucionales no garantizan una trayectoria alcista sostenida. Aunque los fondos cotizados estadounidenses vinculados al bitcóin registraron entradas netas durante parte de la semana, el precio volvió a retroceder ante la presión sobre los activos de riesgo, según Bloomberg.
El comportamiento de la criptomoneda y el del oro tampoco debe interpretarse como una relación permanente. En algunos episodios ambos activos pueden beneficiarse de la incertidumbre; en otros, como el observado el jueves, los dos caen cuando los inversionistas reajustan sus posiciones frente a las expectativas económicas y monetarias.
Una señal de cautela, no una sentencia sobre el mercado
La caída simultánea de ambos activos refleja un entorno en el que confluyen riesgos geopolíticos, presiones energéticas, expectativas de tasas elevadas e inquietudes sobre las valoraciones tecnológicas. Sin embargo, una sola jornada no basta para determinar si se ha iniciado una tendencia bajista prolongada.
Para evaluar si el retroceso continúa, los inversionistas deberán observar la evolución del petróleo, los datos de inflación, las señales de la Reserva Federal, los rendimientos de los bonos estadounidenses y los flujos hacia los fondos de inversión vinculados al bitcóin.
La conclusión inmediata es más acotada: el jueves, ni el oro ni el bitcóin quedaron al margen de la turbulencia global. Ambos registraron caídas intradía superiores al 2 % en datos reportados por fuentes financieras, aunque por razones y mecanismos distintos. La evolución de las próximas sesiones permitirá determinar si se trata de una corrección temporal o de una revaloración más persistente de los riesgos.
