Temporal pronosticado puede aliviar el déficit hídrico del agro salvadoreño, pero eleva riesgos en zonas vulnerables

Protección Civil mantiene un aviso nacional por el aumento de las lluvias entre el 21 y el 24 de septiembre. El episodio podría mejorar la humedad de los suelos y favorecer cultivos de postrera, pastos y fuentes de agua, aunque las precipitaciones persistentes también aumentan el riesgo de inundaciones, deslizamientos, erosión y enfermedades en los cultivos

by Redacción LaGaceta503

El Salvador entra el lunes en una fase de mayor actividad lluviosa después de varias semanas marcadas por temperaturas elevadas y un déficit significativo de precipitaciones, con un escenario que podría mantener lluvias persistentes en diferentes regiones del país hasta el jueves 24 de septiembre.

La Dirección General de Protección Civil emitió el domingo un aviso nacional ante la combinación de una onda tropical, un campo depresionario, una zona de baja presión y el acercamiento de la Zona de Convergencia Intertropical (ZCIT) hacia la costa del Pacífico centroamericano.

De acuerdo con el aviso, estos sistemas favorecerán un mayor ingreso de humedad procedente tanto del Pacífico como del Atlántico. Las lluvias podrían adquirir características de temporal en algunos sectores, especialmente en las zonas costeras del centro y oriente, la cordillera volcánica y la cadena montañosa del norte.

La previsión oficial más reciente sitúa el período de mayor persistencia entre el lunes 21 y el jueves 24 de septiembre, aunque la evolución atmosférica continuará bajo vigilancia y puede modificar la distribución e intensidad de las precipitaciones.

El escenario llega después de un agosto excepcionalmente seco

La llegada de estas lluvias tiene una particularidad: ocurre después de uno de los períodos de déficit hídrico más importantes del año.

El MARN informó que agosto de 2026 terminó como el agosto más seco de El Salvador desde 1971, con un acumulado nacional de apenas 134,9 milímetros, frente a un promedio de 313,6 milímetros. El déficit alcanzó el 57 % y estuvo acompañado por temperaturas excepcionalmente elevadas; en Santa Rosa de Lima, La Unión, se registró una máxima de 44,2 °C.

El país también atravesó entre el 7 de agosto y el 3 de septiembre un período de sequía meteorológica severa, con estaciones que acumularon entre 24 y 27 días consecutivos sin lluvia.

Para la agricultura, por tanto, las lluvias previstas no llegan a un territorio con humedad normal. En buena parte del país existe un déficit acumulado que puede hacer que una recuperación de las precipitaciones tenga efectos favorables sobre los cultivos y las reservas de agua.

Una oportunidad para la siembra de postrera

Uno de los sectores que podría beneficiarse de manera directa es el de los granos básicos, particularmente las áreas que dependen de la siembra de postrera o de cultivos establecidos durante agosto y septiembre.

El déficit de lluvias había generado preocupación por el desarrollo de maíz, frijol y sorgo. Protección Civil advirtió anteriormente que una prolongación de la sequía podía comprometer la segunda cosecha de estos cultivos.

La Asociación Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios (CAMPO) había estimado en agosto que alrededor de 6,9 millones de quintales de maíz, frijol y sorgo correspondientes a la siembra de postrera estaban expuestos al déficit de humedad. El cálculo incluía aproximadamente el 20 % de la producción anual de maíz, el 75 % del frijol y la totalidad del sorgo.

Si las lluvias de esta semana consiguen penetrar suficientemente en los perfiles de suelo, pueden mejorar las condiciones para la germinación y el desarrollo de cultivos que todavía tengan capacidad de recuperación.

No obstante, lluvia no equivale automáticamente a recuperación agrícola. El beneficio dependerá de cuánto precipite, durante cuánto tiempo, de la distribución territorial y de la capacidad del suelo para absorber el agua.

Una lluvia moderada y repartida durante varios días puede ser más útil para la agricultura que una descarga muy intensa concentrada en pocas horas.

Más humedad para suelos, pastos y fuentes de agua

El posible temporal también puede tener efectos favorables más allá de los cultivos anuales.

Una recuperación de la humedad del suelo beneficia los pastizales y sistemas ganaderos, especialmente en las zonas que experimentaron estrés hídrico y térmico durante agosto.

También puede favorecer la recuperación de pequeños reservorios, quebradas, ríos y otras fuentes utilizadas para actividades agropecuarias, aunque la recarga de acuíferos y cuerpos de agua depende de la intensidad de la lluvia, la condición del suelo, la cobertura vegetal y la topografía.

El MARN explica que los períodos secos afectan los cultivos de granos básicos, reducen el crecimiento de pastizales y pueden disminuir los niveles de ríos, lagos y embalses.

Por ello, un episodio de lluvias generalizadas después de una fase seca puede contribuir a reducir parte del déficit hídrico acumulado, aunque no necesariamente lo elimina de inmediato.

El agua también puede convertirse en un problema

El mismo fenómeno que beneficia al suelo puede generar problemas cuando la lluvia supera la capacidad de infiltración o se concentra en zonas vulnerables.

Protección Civil identifica como áreas de especial atención las zonas costeras del centro y oriente, la cordillera volcánica y la cadena montañosa norte. En esos sectores pueden coincidir lluvias persistentes, pendientes pronunciadas, cauces y suelos susceptibles a saturación.

El Bajo Lempa, por ejemplo, ya ha preparado infraestructura de emergencia ante la posibilidad de inundaciones. En el sector de Tecoluca fueron habilitados cinco albergues con capacidad conjunta para unas 800 familias, de acuerdo con información publicada antes del inicio del episodio lluvioso.

La preocupación no significa que una inundación vaya a producirse necesariamente. Se trata de una medida preventiva ante un escenario en el que varios días de lluvia podrían aumentar el nivel de ríos y la saturación de terrenos.

El principal riesgo para el agro: demasiada lluvia en poco tiempo

Para los agricultores, la distribución de las precipitaciones será tan importante como el volumen acumulado.

Si las lluvias son intensas, el agua puede desplazarse rápidamente sobre la superficie, provocando erosión, pérdida de suelo fértil y arrastre de semillas o fertilizantes.

En terrenos con pendientes, la saturación puede incrementar el riesgo de deslizamientos. En parcelas con drenaje deficiente, el exceso de agua puede permanecer alrededor de las raíces y reducir la disponibilidad de oxígeno para las plantas.

Los cultivos hortícolas son particularmente sensibles a estos cambios. Después de períodos secos y cálidos, una fase prolongada de humedad puede favorecer enfermedades causadas por hongos y organismos asociados al exceso de agua.

Por ello, el beneficio agrícola de las lluvias será mayor cuando el episodio permita recuperar humedad sin producir saturación prolongada del suelo.

Maíz y frijol: alivio, pero con diferencias según el estado del cultivo

En los granos básicos, el efecto dependerá de la etapa de desarrollo.

Una parcela recién sembrada que recibió poca humedad puede beneficiarse de lluvias suficientes para activar la germinación y establecer la planta.

En cultivos ya establecidos, el agua puede mejorar el crecimiento y reducir el estrés provocado por la sequía.

Pero si las plantas llegan debilitadas por falta de agua y posteriormente reciben lluvias muy intensas, el resultado puede ser distinto: erosión, encharcamiento, caída de plantas y mayor presión de enfermedades.

La respuesta tampoco será uniforme entre regiones. La agricultura del oriente, el corredor seco y las áreas costeras no enfrentan necesariamente las mismas condiciones de humedad que las zonas montañosas del occidente.

El café también puede recibir un beneficio, aunque con cautela

Las zonas cafetaleras de mayor elevación pueden beneficiarse de una recuperación de la humedad del suelo después del período seco.

El agua disponible puede ayudar a reducir el estrés hídrico de los cafetos y favorecer el mantenimiento de la planta durante una etapa importante del ciclo productivo.

Pero una humedad excesiva y persistente puede aumentar la presión de enfermedades y dificultar las labores de campo, particularmente en terrenos de montaña.

La recomendación agronómica, por tanto, no debería ser interpretar el temporal como una señal para aumentar indiscriminadamente el riego o las aplicaciones de fertilizantes. La lluvia cambia las condiciones de manejo de cada parcela y obliga a ajustar las labores de acuerdo con la humedad real del suelo.

El pronóstico confirma un cambio respecto de las semanas anteriores

El pronóstico operativo del MARN para el domingo anticipa lluvias y tormentas fuertes, con mayor concentración en la zona norte, la cordillera volcánica y sectores de las regiones central y oriental. Durante las tormentas podrían registrarse ráfagas de entre 30 y 40 kilómetros por hora.

Para el lunes 21, el organismo prevé lluvias desde la madrugada en sectores centrales y orientales y en la cordillera Apaneca-Ilamatepec. Durante la tarde, las precipitaciones y tormentas se extenderían hacia la zona norte, Apaneca-Ilamatepec, la cordillera del Bálsamo y sectores del Área Metropolitana de San Salvador.

Protección Civil, con base en el Informe Especial No. 2 del MARN, considera que las condiciones podrían mantenerse hasta el jueves 24, especialmente en municipios próximos a la franja costera y la cadena montañosa norte.

El pronóstico difundido durante la semana anterior había situado el período de mayor interés entre el 23 y el 25 de septiembre. La actualización del 19-20 de septiembre adelanta la atención operativa al período 21-24, una señal de que el escenario se ha definido con mayor claridad a medida que se aproxima el evento.

Los modelos internacionales respaldan la vigilancia, pero no permiten fijar todavía un acumulado nacional

Los modelos meteorológicos de alcance medio de Estados Unidos y Europa deben utilizarse como complemento del pronóstico nacional, no como sustituto.

El sistema NMME de NOAA integra modelos de diferentes centros, incluidos componentes estadounidenses y de la NASA, para elaborar escenarios de precipitación a escala regional. Sus productos de septiembre muestran la evolución prevista para Centroamérica en escalas mensuales y estacionales, pero no tienen resolución suficiente para determinar cuánto lloverá en una parcela o municipio concreto durante un día específico.

El ECMWF, por su parte, dispone de pronósticos de medio plazo de hasta 10-15 días y utiliza conjuntos de predicción para representar la incertidumbre atmosférica. Sus productos son especialmente útiles para seguir la evolución de sistemas de escala sinóptica, pero los acumulados locales pueden cambiar entre actualizaciones.

Las salidas actuales de los modelos globales disponibles para El Salvador permiten seguir el período del 21 al 25 de septiembre, pero las diferencias entre modelos aconsejan no convertir todavía una cifra puntual de precipitación en un dato definitivo.

La mayor certeza, por ahora, está en la señal de un período más húmedo y persistente, no en un acumulado exacto para todo el territorio.

NOAA vigila además la actividad tropical del Pacífico

El contexto regional también merece seguimiento.

El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos mantiene durante este domingo actividad tropical en el Pacífico oriental, aunque los sistemas identificados no deben confundirse automáticamente con la baja presión que el MARN utiliza para explicar el incremento de humedad sobre Centroamérica.

El NHC informó este domingo del desarrollo de una depresión tropical al sur de México y mantiene otros sistemas bajo vigilancia en el Pacífico oriental.

La existencia de sistemas tropicales en la cuenca no significa por sí misma que El Salvador vaya a recibir un impacto directo. Su relevancia para el país depende de su trayectoria, interacción con la circulación regional y transporte de humedad.

Un temporal puede ser favorable para el agro si llega con la intensidad adecuada

El escenario de esta semana contiene, por tanto, dos realidades simultáneas.

Por un lado, las lluvias son una oportunidad para recuperar humedad después de un agosto excepcionalmente seco, mejorar las condiciones de la postrera, favorecer pastos y contribuir a la recuperación de algunas fuentes de agua.

Por otro, varios días de precipitaciones pueden generar saturación de suelos, erosión, inundaciones, deslizamientos, enfermedades agrícolas y dificultades para trabajar o transportar cosechas.

La diferencia entre ambos resultados estará determinada por la intensidad y distribución de la lluvia.

En una parcela agrícola, una lluvia constante y moderada puede ser una aliada después de semanas secas. Una sucesión de tormentas concentradas en pocas horas puede producir escorrentía y daños antes de que el agua consiga incorporarse al perfil del suelo.

La prioridad para los agricultores será observar el suelo, no solamente el cielo

Ante el cambio de condiciones, el manejo agrícola debería adaptarse al estado real de cada parcela.

Después de una lluvia significativa, la decisión de volver a regar, fertilizar o aplicar productos fitosanitarios debería basarse en la humedad existente y en la previsión de nuevas precipitaciones.

En cultivos recién establecidos, conviene vigilar el drenaje y la estabilidad de las plantas. En parcelas de ladera, la atención debe concentrarse también en cárcavas, escorrentías y movimientos del terreno.

En granos básicos, la lluvia puede representar una recuperación importante si llega en una etapa en la que el cultivo todavía puede aprovecharla.

Y en cultivos hortícolas, la vigilancia sanitaria será particularmente importante después de varios días húmedos.

El país pasa de la preocupación por la sequía a la necesidad de administrar el exceso

La paradoja meteorológica de septiembre es que el mismo país que hace pocas semanas enfrentaba una sequía severa ahora debe prepararse para administrar varios días de lluvia persistente.

Eso no significa que el déficit hídrico haya desaparecido ni que todas las zonas recibirán la misma cantidad de agua. Tampoco implica que un temporal garantice una buena cosecha.

Significa que el escenario meteorológico está cambiando y que sus efectos dependerán de cómo se distribuyan las precipitaciones sobre un territorio con grandes diferencias de suelo, altitud, pendiente, cobertura vegetal y disponibilidad de agua.

El pronóstico vigente del MARN coloca al 21-24 de septiembre como el período de mayor atención, mientras las actualizaciones posteriores deberán precisar si las lluvias se mantienen, se intensifican o se desplazan hacia otras regiones.

Para el sector agropecuario, la lluvia que se aproxima puede representar un alivio después de semanas de estrés hídrico, pero también exige planificación: aprovechar el agua cuando sea beneficiosa, proteger el suelo cuando aumente la escorrentía y evitar que un episodio de recuperación hídrica se convierta en pérdidas por exceso de humedad.

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