Donald Trump no estará formalmente en las boletas de las elecciones legislativas de noviembre, pero el presidente estadounidense decidió ponerse en ellas.
“Finjan, por favor, que estoy en la boleta”, pidió a sus seguidores.
Una apuesta con la que busca movilizar a la base MAGA, pero que también podría terminar convirtiendo las elecciones de mitad de mandato en un referéndum sobre una presidencia golpeada por la inflación, la guerra con Irán y sus niveles más bajos de popularidad desde que regresó a la Casa Blanca.
A menos de dos meses de las elecciones, los republicanos enfrentan un escenario que se ha deteriorado rápidamente y amenaza las estrechas mayorías que controlan en el Congreso.
La Cámara de Representantes es el frente más vulnerable. El GOP dispone actualmente de una mayoría de apenas 220 a 215 bancas, por lo que los demócratas necesitan una ganancia neta de sólo tres escaños para recuperar el control.
Inside Elections proyecta actualmente una ganancia demócrata de entre dos y diez bancas, mientras que el Cook Political Report identifica 21 distritos como “toss-up”, es decir sin un favorito claro, además de varios otros apenas inclinados hacia uno de los dos partidos.
El veterano analista Charlie Cook plantea un escenario todavía más sombrío para los republicanos: considera actualmente como resultado más probable una pérdida de entre 26 y 35 bancas en la Cámara, suficiente para entregar holgadamente el control a los demócratas.
La historia tampoco ayuda a Trump. El partido que ocupa la Casa Blanca suele perder escaños en las elecciones de mitad de mandato, cuando los votantes utilizan las urnas para expresar su descontento con el presidente de turno.
Pero esta vez los republicanos llegan además cargando dos problemas especialmente difíciles de neutralizar en una campaña electoral: el bolsillo y la guerra.
La aprobación de Trump se encuentra en mínimos de su segundo mandato. Diferentes sondeos nacionales la ubican entre el 33% y el 36%, mientras que su gestión económica y, sobre todo, la guerra con Irán reciben evaluaciones peores.
Una encuesta de NBC News situó en sólo 36% la aprobación general del presidente y en 31% el respaldo a su manejo del conflicto iraní. Otro sondeo de Reuters/Ipsos mostró apenas 32% de aprobación para su gestión de la economía.
La inflación, que había descendido al 2,4% interanual en abril de 2025, volvió a subir hasta el 3,4% en agosto, impulsada entre otros factores por los aranceles y la crisis energética derivada de la guerra con Irán.
Es probablemente el dato más peligroso para el GOP porque afecta directamente la vida cotidiana de los estadounidenses y debilita uno de los argumentos centrales que llevaron a Trump nuevamente a la Casa Blanca en 2024: la promesa de bajar los precios.
En la convención republicana celebrada esta semana en Dallas quedó expuesta la dificultad para encontrar una respuesta. Trump intentó desplazar la discusión desde el costo de vida hacia los demócratas, mientras otros dirigentes pidieron directamente paciencia a los electores.
James Blair, uno de los principales estrategas políticos del presidente y actual responsable del super PAC MAGA Inc., admite que el camino será complicado, aunque asegura estar “cautelosamente optimista” sobre la posibilidad de conservar ambas cámaras.
La estrategia republicana consiste ahora en evitar que cada candidato sea evaluado exclusivamente como una extensión de Trump. Blair quiere transformar las elecciones en una comparación entre los candidatos locales y sus rivales demócratas.
