El mundo observa cómo arrecian en Irán las protestas, mientras Reza Pahlavi, hijo del último Sha, emerge como figura en un hipotético escenario democrático en el futuro.
Desde el derrocamiento de su padre, el último Sha de Irán, Reza Pahlavi, ha pasado casi medio siglo exiliado en Estados Unidos. En los levantamientos de los últimos años, incluido el de principios de 2026, Pahlavi ha utilizado su plataforma para pedir una mayor acción en las calles. Mientras continúan las protestas en todo Irán, se ha erigido en voz prosecular y prodemocrática apoyando un cambio de régimen.
Nacido en 1960, Pahlavi fue nombrado oficialmente príncipe heredero a la edad de 7 años durante la coronación de su padre, en 1967. Pero Pahlavi no ha podido regresar a Irán desde el derrocamiento de la monarquía alineada con Estados Unidos, en 1979, en respuesta a la represión política y al aumento de la desigualdad, que condujo al régimen teocrático que ha gobernado el país desde entonces.

¿Cuál es el plan de Pahlavi?
«Mi única misión en la vida es conseguir que el pueblo iraní pueda decidir finalmente su propio futuro en unas elecciones libres y justas», declaró Pahlavi a DW en 2023. «El día que los iraníes acudan a las urnas para decidir su futuro, mi misión habrá concluido y habrá llegado el final de mi carrera política».
Aunque ha declarado públicamente su apoyo a los referéndums que permitirían a los iraníes definir su futuro gobierno, Pahlavi también ha tratado de posicionarse para desempeñar un papel clave en la transición y, potencialmente, a largo plazo, en el liderazgo de Irán.
En el momento de la guerra de 12 días de Israel contra Irán , en junio de 2025, Pahlavi se presentó como líder interino en caso de que el Gobierno cayera. «Hoy estoy aquí para someterme a mis compatriotas y guiarlos por este camino de paz y transición democrática», declaró en una conferencia de prensa en París. En ella anunció además varios planes y estrategias para una transición democrática en Irán, basados en los principios de «integridad territorial, libertades individuales e igualdad de todos los ciudadanos y separación entre religión y Estado».
Pahlavi ha señalado la posibilidad de que Irán se convierta en una monarquía constitucional, similar a otros Estados que cuentan con monarcas simbólicos y un poder ejecutivo en manos de los parlamentos, posiblemente con un gobernante elegido.

Una figura política simbólica
Muchos de los grupos que apoyan abiertamente a Pahlavi tienen una fuerte presencia en los medios de comunicación y en las redes sociales, que están muy restringidas dentro de Irán, lo que dificulta evaluar cómo se siente la población iraní respecto a Pahlavi. Y, dado que varias generaciones de iraníes nunca han conocido la monarquía, una pregunta clave es si el país apoyaría su regreso en 2026.
Lo cierto es que Pahlavi podría desempeñar un papel en la transición de la República Islámica. «En algún momento, este movimiento necesitará una figura política emblemática como líder, si no como figura aglutinadora», comenta a DW Alex Vatanka, experto en asuntos de seguridad regional del Middle East Institute, con sede en Estados Unidos.
«Nadie tiene el reconocimiento y el pedigrí que Pahlavi puede aportar, aunque tiene por delante una ardua tarea para convencer a los muchos escépticos de que puede ser un gestor fiel de la transición al Irán posterior a Jamenei y que no va a consolidar el poder para sí mismo a la primera oportunidad».
De hecho, las propias acciones de Pahlavi en la escena internacional podrían socavar el apoyo que tiene dentro de Irán. En los últimos años, ha cortejado a jefes de Estado y personas influyentes de todo el mundo. En la primavera de 2023, durante un viaje a Israel, se reunió con Benjamin Netanyahu. El primer ministro israelí sigue siendo uno de los principales apoyos del príncipe heredero exiliado.
Transición inminente poco probable
Sigue habiendo una gran incertidumbre sobre si las protestas actuales podrían derrocar al régimen en Irán. En mensajes publicados en las redes sociales, Pahlavi ha pedido que continúen las huelgas y protestas a nivel nacional contra el régimen, aunque los más recientes han sido cautelosos, especialmente tras la represión de los manifestantes.
«El Estado iraní está muy bien afianzado y es propenso a las crisis, tanto a nivel institucional como en lo que respecta a los órganos de seguridad”, explica a DW Arshin Adib-Moghaddam, copresidente del Centro de Estudios Iraníes de la Universidad SOAS de Londres. «Por lo tanto, estas manifestaciones, por sí solas, no sustituirán al sistema. Los estudiosos serios de Irán saben que la mayor parte de lo que oímos sobre el país es un espejismo político y está lejos de la realidad sobre el terreno».
Vatanka, por su parte, cree que la capacidad del régimen para mantenerse en el poder depende de si es capaz de resistir nuevamente la oposición pública. «La cuestión no es solo si pueden superar estas protestas, sino si pueden reunir la fuerza necesaria para contener la próxima, que sin duda está a la vuelta de la esquina, incluso si esta no logra derrocar al régimen», señala el experto.
Con información de dw
