El efecto de la exitosa misión espacial Artemis II a la Luna se mantiene a pocos días de la llegada de los cuatro astronautas que la orbitaron en un viaje de 10 días.
La NASA ahora reveló la “Guía del Usuario de la Base Lunar”, un punteo detallado para llevar a cabo 73 alunizajes a fin de establecer una presencia humana permanente en la Luna con la construcción de una base o colonia espacial.

El proyecto, que aspira a inaugurar una base lunar y a preparar el terreno para misiones a Marte, contemplará la mayor cantidad de operaciones lunares en la historia de la exploración espacial y requerirá superar carencias tecnológicas, logísticas y presupuestarias que el propio reporte reconoce como obstáculos de primer orden.
El plan lunar estadounidense abarca tres fases y una inversión estimada de 20.000 millones de dólares. La “Guía del Usuario de la Base Lunar” de NASA detalla que la agencia prevé un incremento inmediato en la actividad lunar, con 21 alunizajes robóticos y no tripulados en los siguientes tres años, como paso previo a la llegada de las primeras misiones humanas en 2028.
El documento advierte sobre las limitaciones actuales en sistemas de aterrizaje, habitabilidad y energía, y subraya que cada etapa del plan requiere avances en ingeniería y operaciones para garantizar la supervivencia y el retorno de los astronautas en condiciones extremas.

La estrategia incluye tres fases:
- Está previsto que la fase 1, con 21 estaciones de aterrizaje, finalice en 2029.
- La fase 2, con 24 aterrizajes, está prevista para el periodo 2029-2032.
- La fase 3, con 28 aterrizajes, está prevista para 2032 y años posteriores.
En la primera, la NASA planea 25 lanzamientos y 21 aterrizajes, durante los cuales se transportarán aproximadamente 4 toneladas de carga útil a la superficie lunar. El objetivo consiste en experimentar y crear una estación base de prueba en el polo sur de la Luna, zona elegida por su potencial estratégico, científico y económico.
La segunda fase, con 27 lanzamientos y 24 aterrizajes, prevé el envío de unas 60 toneladas de carga útil, la construcción de la infraestructura inicial y el inicio de misiones tripuladas semestrales.
La tercera, con 29 lanzamientos y 28 aterrizajes, contempla el uso del regolito lunar para la construcción de la base y el inicio de la presencia humana continua sobre la superficie. El cronograma de la agencia fija la conclusión de la primera fase para 2029 y el inicio de la presencia permanente a partir de 2032.

La NASA puntualizó que la publicación de la guía expone con transparencia las carencias del programa Artemis, cuyo presupuesto superó ya los 100.000 millones de dólares y acumula retrasos respecto a los plazos originales.
“La NASA hace lo mejor que puede cuando ‘emprende y logra lo casi imposible’”, afirmó el administrador jefe de la NASA, Jared Isaacman durante el Simposio Espacial de 2026 en Colorado Springs. “Queremos aterrizar muchas cosas, y no pasa nada si alguna se rompe. Aprenderemos de ello”, sostuvo el jefe de la NASA.

La competencia internacional cobra protagonismo en esta etapa. La nueva carrera lunar enfrenta a Estados Unidos con China, que tiene planes para enviar astronautas a la Luna antes de 2030 y eligió los mismos lugares de aterrizaje cercanos al polo sur, ricos en hidrógeno, recurso clave para la manufactura de combustible y agua.
La presión por mantener el liderazgo tecnológico y científico influye sobre el calendario de la NASA, que vio cómo la Casa Blanca ordenó también el desarrollo de un reactor espacial de potencia media con una variante de fisión lunar lista para 2030 y la exploración de tecnologías de propulsión eléctrica nuclear para futuras naves.
Del éxito de Artemis II a la carrera por la base lunar

El éxito de Artemis II marcó un regreso de Estados Unidos a la órbita lunar con tripulación. La nave Orion, construida parcialmente en Europa, llevó a tres astronautas estadounidenses y uno canadiense en un sobrevuelo que transmitió imágenes inéditas de la Tierra desde la mayor distancia alcanzada por seres humanos, 406.771 kilómetros (252.546 millas).
Con el respaldo de 60 países y el trabajo conjunto de agencias espaciales de todo el mundo, Artemis II reforzó el mensaje de que la cooperación internacional es decisiva para la nueva era lunar. Ahora todas las miradas se centran en los próximos pasos.

La NASA anunció que Artemis III será una misión de prueba en la que la nave Orion se acoplará en órbita terrestre baja a módulos de aterrizaje lunares comerciales, como el Sistema de Aterrizaje Humano (HLS) de la nave Starship de SpaceX y el Blue Moon de Blue Origin.
El lanzamiento está previsto para mediados de 2027 y, dependiendo de cuál de las empresas tenga su módulo listo antes, la NASA decidirá qué sistema utilizar. En palabras de la agencia, “será una de las empresas más complejas de ingeniería e ingenio humano en la historia de la exploración del espacio profundo”.

Artemis IV se convirtió en la misión planeada para el primer alunizaje tripulado de este ciclo, programado provisionalmente para 2028. La tripulación viajará en la cápsula Orion hasta la órbita lunar y se reunirá con un módulo de aterrizaje comercial.
Dos astronautas descenderán y pasarán alrededor de una semana cerca del polo sur antes de regresar a la órbita lunar y volver a la Tierra. Más allá de Artemis IV, el plan prevé alunizajes frecuentes, con Artemis V para finales de 2028 y lanzamientos anuales en adelante, todo orientado a la construcción de una base permanente y la preparación de misiones a Marte.

La “Guía del Usuario de la Base Lunar” reconoce deficiencias en sistemas de aterrizaje de precisión, fuentes de energía fiables y comprensión de los efectos del entorno lunar sobre la salud y el equipamiento. Los desafíos abarcan desde la generación de energía constante hasta la protección contra el polvo electrificado y los rayos cósmicos, pasando por el desarrollo de sistemas de soporte vital y nutrición.
El documento destaca que el entorno del polo sur lunar impone condiciones lumínicas y térmicas muy distintas a las visitadas durante el programa Apolo, lo que dificulta tanto la instalación de paneles solares como la supervivencia de los instrumentos.

El plan de la NASA también prevé la utilización de generadores térmicos de radioisótopos y la construcción de un reactor nuclear en la superficie lunar, tecnologías consideradas esenciales para garantizar energía en los largos periodos de oscuridad y frío extremos.
La frecuencia prevista de alunizajes obliga a desarrollar sistemas de aterrizaje de precisión y de detección de peligros mucho más avanzados que los actuales. Según la guía, algunas soluciones requerirán “tecnologías completamente nuevas o un avance significativo en el rendimiento de las existentes”.
Las claves técnicas y políticas del regreso a la Luna

El documento de la NASA subraya que la construcción de la base se realizará en la región del polo sur lunar, donde la incidencia solar es baja y las sombras suelen ser extremas.
“En la base lunar, el Sol permanecerá bajo en el horizonte, proyectando sombras dramáticas que dificultan la generación de electricidad solar y someten a los sistemas a períodos prolongados de frío y oscuridad extremos”, detalla el texto. Para enfrentar estos retos, la agencia refuerza la necesidad de estudiar en profundidad el entorno lumínico, el comportamiento de los paneles solares y la resistencia de los equipos al polvo lunar, que es electrificado y afilado.

Entre las incógnitas más importantes están los efectos del entorno lunar en la salud de los astronautas, incluyendo la exposición prolongada al polvo, la microgravedad y los rayos cósmicos.
El documento señala la falta de datos sobre cómo responderá el cuerpo humano a estancias largas en la Luna y la importancia de desarrollar sistemas de soporte vital que garanticen el bienestar físico y psicológico de las tripulaciones. En ese sentido, la guía menciona el ejercicio y la nutrición como prioridades para futuras expediciones, a la vez que advierte sobre los desafíos logísticos de mantener una rotación de tripulaciones en la Fase 3 del plan.

El programa Artemis ya supera los 100.000 millones de dólares en costos y arrastra retrasos frente a los objetivos iniciales. Apenas dos días después del lanzamiento de Artemis II, la Casa Blanca propuso un recorte del 23% en el presupuesto de la NASA, equivalente a unos 5.600 millones de dólares.
Mientras tanto, el costo promedio de un solo cohete del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS) se estima en 2.500 millones de dólares.

“Los elementos y el desarrollo de la base lunar se llevarán a cabo en la región del polo sur lunar, que tiene un entorno lumínico increíblemente diferente al de los mares y las tierras altas ecuatoriales visitadas por el programa Apolo”, cita la guía oficial.
El documento concluye que la exploración lunar será el trampolín para el envío de humanos a Marte y para el desarrollo de sistemas de energía nuclear que podrán utilizarse tanto en la Luna como en el planeta rojo.
