Opinión

La “ideología” como problema…

Por Óscar Picardo

El concepto de “ideología” cada vez es más perplejo…; ya el destacado teórico Norberto Bobbio había advertido sobre los “significados fuertes y suaves” del término. El estado de la teoría contemporánea, ha superado el significado primario y marxista de un sistema de ideas que encubre intereses –dominantes o no-, es decir, una falsa conciencia; también, se ha trascendido el modelo de la madurez marxista, interpretando la ideología como forma de conciencia social que da a la sociedad y al individuo una identidad. Resulta, que hay políticos que dicen no tener ideología; otros confunden el concepto; y debemos señalar también el agotamiento o fatiga de ciertos términos por el devenir histórico. Veamos qué ha sucedido. En primer lugar, el modelo ideológico tradicional de “derechas” e “izquierdas” a partir de más mercado o más Estado comenzó a resultar incómodo o como una etiqueta ya con poco sentido desde la caída del Muro de Berlín en 1989; de hecho, a finales de los 80 se comenzó a hablar –a partir del modelo Estado de Bienestar (Welfare State, 1945)- de “terceras vías”, algo así como: en el centro está la virtud. En segundo lugar, hay un abandono y desprecio a la teoría política, al debate y al estudio de las ideas; la mayoría de políticos se hicieron pragmáticos –e ignorantes-. En tercer lugar, se ha homologado y aceptado el modelo democrático de gobierno, bajo un esquema de libre mercado –con desregulación y privatización de los servicios básicos-; quedan pocos y débiles sistemas socialistas y el experimento del chavismo bolivariano terminó siendo igual o peor a los sistemas republicanos corruptos capitalistas, salvo algunas excepciones que se pueden contar con los dedos de una mano. 

¿Qué nos queda ahora…? Una plataforma pseudo-ideológica líquida (Bauman), que responde a intereses, modas, tendencias y necesidades tecnológicas; es decir propuestas políticas “hechas a la medida de las frustraciones mayoritarias”.Casi no quedan planteamientos de izquierdas o derechas, revolucionarias o liberales, sino marcos de referencia y respuestas a necesidades digitales, a necesidades de supervivencia y a intereses de grupos económicos, empresariales o carteles de amigos; sean estos de droga, contrabando, armas, etc. 

La política va muy mal, los partidos tradicionales peor, los presidentes son un desastre, el mercado y el dinero manda. Solo sabemos predecir y necesitar más y más crecimiento económico, a costa de insumos y servicios chinos de mala calidad. Es una cultura política de espejismos, que hoy vemos y mañana desaparece. A esto agreguemos una “amnesia generalizada” por falta de estudio y lectura. La nueva sociedad vive pegada a los móviles y a las redes sociales, no pidamos más.La sensatez, la racionalidad, el debate, el diálogo, el argumento, la lógica, la ética, la historia, la cultura y la filosofía son como “pertrechos teóricos en desuso”. El activismo y la imagen manda, nos adaptamos o desaparecemos. O mejor, ¿cómo disfrazamos lo intelectual para que sobreviva en estas aguas encrespadas de incertidumbre y transformación digital? Es una tarea de los académicos, teóricos y científicos sociales; si no se diseña una solución el dinero nos ahogará… 

¿Necesitamos ideología?, seguramente sí, pero como un conjunto de ideas no para enmascarar sino para presentar y demostrar; una ideología filosófica, racional y ética. Ignacio Ellucuría –que tanta falta nos hace- propuso que la filosofía era una herramienta para “desideologizar”, justamente para buscar y encontrar lo que se ocultaba detrás de los símbolos y signos que encubrían el mal. Pero ahora demandamos otro enfoque ideológico, justamente el de ideas transparentes que definan la humanidad, sus valores, creencias, desafíos para una convivencia mejor, más respetuosa del medioambiente y sobre todo con la alteridad, y en ellos con los más necesitados y carentes. Necesitamos ideas, ideologías y desideologización…

-Publicado originalmente en Disruptiva

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