¿Vuelve el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a poner sus ojos en Groenlandia? 2026 acaba de comenzar y Trump ya ha atacado a Venezuela, ha capturado a su disputado líder, Nicolás Maduro, y ha renovado amenazas contra varios otros territorios soberanos, entre ellos Groenlandia, el territorio autónomo de Dinamarca.
Dinamarca: EE.UU «no tiene derecho a anexionar» Groenlandia
La preocupación en Europa aumentó tras una reciente publicación en redes sociales de Katie Miller, esposa del alto funcionario de la Casa Blanca Stephen Miller, y una entrevista concedida por Trump a The Atlantic. En ella, el presidente estadounidense reiteró una de sus viejas afirmaciones: «Sí, necesitamos Groenlandia, absolutamente. La necesitamos para la defensa”.
El domingo, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, rechazó tajantemente esas declaraciones. «No tiene absolutamente ningún sentido hablar de que Estados Unidos necesite hacerse con Groenlandia”, afirmó. «Estados Unidos no tiene derecho a anexionar ninguno de los tres países del Reino de Dinamarca”.
No es la primera vez que Trump plantea la idea de anexionar Groenlandia. En más de una ocasión ha ofrecido comprarla y tampoco ha descartado el uso de la fuerza militar. Sin embargo, esta renovada retórica llega en un momento de elevada tensión geopolítica, lo que plantea interrogantes sobre cómo reaccionaría Europa si las palabras se convirtieran en hechos.
Groenlandia es un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca, y Dinamarca es aliada de Estados Unidos en la OTAN. Cualquier intento de anexión de la isla supondría, de facto, el fin de la alianza transatlántica, afirma Jacob Funk Kirkegaard, del Instituto Peterson de Economía Internacional.
En enero de 2025, una encuesta mostró que la mayoría de los groenlandeses, alrededor del 56 %, quiere la independencia de Dinamarca. Pero también reveló que casi nadie apoya la idea de unirse a Estados Unidos: solo un 6 % votó a favor.
¿Qué quiere Trump de Groenlandia?
Trump ha enmarcado su interés como una cuestión de seguridad nacional, afirmando que Groenlandia está «rodeada de barcos rusos y chinos».
Esa afirmación es falsa, según señalaron tanto Kirkegaard como Michael Paul, del centro de estudios alemán Fundación de Ciencias y Política (SWP) de Berlín, a DW.
Groenlandia sí posee, no obstante, vastos recursos naturales aún sin explotar, incluidos petróleo y minerales críticos, una similitud que comparte con Venezuela. Pero, según Paul, la cuestión va más allá de las materias primas.
«Tanto Groenlandia como Dinamarca están abiertas a una mayor implicación estadounidense», afirma. «Hace solo un año, el ministro groenlandés de minería escribió en The Washington Post que, sin más inversión de EE. UU., Groenlandia tendría que recurrir cada vez más a otros inversores, incluso a China».
Tampoco se trata principalmente de acceso militar. Dinamarca ya ha incrementado su presencia militar en torno a la isla, y Estados Unidos podría hacer lo mismo dentro de los acuerdos existentes.
«Si Trump quisiera desplegar más tropas estadounidenses, traerlas no sería un problema”, señala Kirkegaard. «Existe un tratado de defensa conjunto entre Estados Unidos y Dinamarca”. En cambio, sostiene Kirkegaard, la motivación de Trump parece más simbólica que estratégica.
«La realidad es que parece haber concluido que quiere hacer que Estados Unidos sea más grande en el mapa», afirma. «No es racional, y es algo que solo el Congreso o el Tribunal Supremo pueden bloquear».
¿Qué puede hacer la UE para proteger Groenlandia?
La Unión Europea lleva tiempo luchando por encontrar un equilibrio entre preservar los vínculos transatlánticos y afirmar su propia autonomía estratégica. Tras las últimas declaraciones de Trump, funcionarios de la UE afirmaron el 5 de enero que el bloque «defiende los principios universales de soberanía nacional e integridad territorial, especialmente cuando un Estado miembro se ve amenazado». No se anunciaron medidas concretas.
«Si Trump decidiera anexionar Groenlandia por la fuerza, hay muy poco que cualquiera pudiera hacer a corto plazo», dijo Kirkegaard a DW. «Eso es cierto para Groenlandia, para Dinamarca y para la UE».
Por ahora, la diplomacia sigue siendo la principal herramienta de Europa. Funcionarios comunitarios aseguran que no hay previstas conversaciones formales con Washington, pero Kirkegaard sostiene que el canal más eficaz de Bruselas sería el contacto informal con el Congreso estadounidense. Cualquier anexión -o una gran acción militar- requeriría aún la aprobación del Congreso. Según Kirkegaard, los líderes europeos podrían dejar claro lo que estaría en juego: el colapso de la OTAN, el cierre de bases estadounidenses en Europa y posibles sanciones a empresas de EE. UU. que operan en la UE.
¿Es Venezuela una señal de advertencia?
Los acontecimientos en Venezuela dejan dos lecciones. En primer lugar, la administración Trump no informó previamente al Congreso de su operación contra Maduro, una movida que los críticos interpretan como una prueba de los límites del poder presidencial. En segundo lugar, la UE volvió a reaccionar con cautela, pidiendo respeto al derecho internacional sin llegar a condenar a su aliado más importante.
El caso de Venezuela pone de relieve lo imprevisible que puede ser el presidente estadounidense Trump. A medida que avanza 2026, los líderes europeos se preparan para un año difícil, en el que su delicado equilibrio transatlántico podría volverse aún más difícil de sostener.
Con información de dw
