Rusia y Ucrania atacan sus respectivos sistemas energéticos, millones de personas a merced del frio

by Redacción LaGaceta503

En el corazón de uno de los inviernos más implacables de la década, la guerra entre Rusia y Ucrania ha alcanzado un punto de deshumanización técnica. Durante las últimas 72 horas, una serie de ataques sistemáticos y recíprocos contra las infraestructuras críticas ha dejado las redes eléctricas y térmicas de ambos países al borde del colapso total, condenando a millones de civiles a una lucha desesperada por la supervivencia contra el frío extremo.

Humo se eleva sobre Kiev tras ataques con drones rusos en la madrugada del 12 de enero, mientras miles de hogares permanecen sin calefacción con temperaturas de 20 grados bajo cero

El invierno como arma de guerra

Con temperaturas que han desplomado el mercurio hasta los -25°C en regiones como Kharkiv y la periferia de Moscú, la ausencia de energía no es solo un inconveniente logístico; es una sentencia de muerte lenta. Los ataques, ejecutados con drones de largo alcance y misiles hipersónicos, han impactado subestaciones clave y centrales de cogeneración, apagando los sistemas de calefacción centralizada de los que dependen ciudades enteras.

Ucrania bombardeó tres plataformas de la petrolera rusa Lukoil usadas para abastecer a las fuerzas del Kremlin

Crónicas de un sufrimiento gélido

La crudeza del clima ha transformado los hogares en cámaras frigoríficas. En los edificios de apartamentos de la era soviética, donde el calor se distribuye por tuberías de agua caliente, la falta de presión ha provocado que el agua se congele dentro de los radiadores, reventando el metal y eliminando cualquier esperanza de reparación inmediata.

  • En Ucrania: En ciudades como Kiev y Dnipro, miles de familias se agrupan en sótanos húmedos, utilizando pequeñas estufas de leña improvisadas cuyas chimeneas asoman por las ventanas de los rascacielos. El aire se ha vuelto denso por el humo acre de plásticos y muebles quemados, el último recurso de quienes ya no tienen madera para alimentar el fuego.
  • En Rusia: En las regiones fronterizas de Belgorod y Kursk, la caída del sistema eléctrico ha dejado a hospitales y hogares de ancianos en la oscuridad total. Los testimonios describen a personas mayores envueltas en capas de mantas congeladas, incapaces de generar calor corporal suficiente para resistir la escarcha que se forma en el interior de sus propias habitaciones.

El dolor del frío extremo

Médicos en las zonas de conflicto reportan un aumento crítico en casos de hipotermia severa y congelación de extremidades. «El frío no solo entumece el cuerpo, rompe el espíritu», relata un trabajador humanitario en la frontera. El sufrimiento humano se manifiesta en el llanto de niños que no pueden dormir porque el frío les duele en los huesos y en la mirada perdida de adultos que ven cómo sus escasas reservas de alimentos se congelan sobre las mesas de sus cocinas.

Las necesidades se multiplican por el frío extremo y los ataques que no cesan

Sin tregua a la vista

A pesar de los llamados internacionales para detener los ataques a la infraestructura civil durante el pico del invierno, ambos mandos militares han intensificado las ofensivas. Para los estrategas, el sistema energético es un objetivo militar legítimo; para los millones de personas que tiritan en la penumbra, es la pérdida de la última frontera entre la vida y la muerte.

La noche del 12 de enero se presenta como una de las más largas de la historia reciente de Europa del Este. Sin luz, sin agua caliente y con la nieve acumulándose contra las puertas, la población civil de ambos lados de la frontera solo tiene un enemigo común que no distingue banderas: el hielo que avanza implacable hacia el interior de sus pulmones.

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