El Salvador cerró 2025 con euforia macroeconómica. La economía registró un crecimiento del PIB cercano al 4%, según confirmó el FMI en diciembre, superando ampliamente las estimaciones iniciales del 2.5% formuladas a principios de ese año por diversos organismos multilaterales. El tercer trimestre marcó el punto más vigoroso del ciclo con una expansión del 5.1% interanual, la tasa trimestral más elevada desde el cuarto trimestre de 2021.
Pero 2026 llega con un tono diferente. Para el primer trimestre de 2026 se anticipa un crecimiento interanual de entre 3% y 4%, mientras que el promedio anual se ubicaría en torno al 3.2%, según la firma de análisis financiero EMFI. La desaceleración se explicaría principalmente por la estabilización de la demanda interna, en especial el consumo de los hogares y la inversión en construcción.
Las proyecciones de los organismos multilaterales convergen en ese rango. La CEPAL proyecta un crecimiento del 3.4% para El Salvador en 2026, mientras el FMI anticipa «muy buenas perspectivas». No obstante, la CEPAL advierte que en 2026 la región cumplirá cuatro años consecutivos de bajo crecimiento, y que para El Salvador esto implica riesgos directos sobre el consumo y las remesas, claves para su economía.
Los motores que impulsaron 2025 y los que se apagan
Para entender la desaceleración de 2026 es necesario comprender qué combustible quemó la economía el año pasado. La construcción lideró el avance del PIB con un incremento del 27.1%, seguida por minas y canteras (23.3%), servicios profesionales (20.5%), transporte (9.7%), servicios financieros (6%), industria manufacturera (4.3%) y turismo (3.7%). En total, 16 de las 19 ramas económicas crecieron.
Las remesas familiares batieron récords históricos en 2025, superando los $10,001 millones, un crecimiento del 18% respecto a 2024, equivalentes al 27.3% del PIB nacional, uno de los porcentajes más elevados de América Latina. Este flujo provenía en un 95% desde Estados Unidos, y reflejó el esfuerzo extraordinario de la diáspora salvadoreña ante la incertidumbre migratoria.
Para 2026, ese motor se debilita. El restablecimiento de los vuelos de deportación desde Estados Unidos provocó una desaceleración en el envío de remesas hacia el país. Y el sector construcción, que fue la estrella del año anterior, también da señales de moderación: algunos expertos estiman que en los próximos meses habrá una contracción en el sector, que hoy es uno de los motores principales de la economía nacional.
El factor externo: la guerra en Irán y el alza del petróleo
El escenario externo añade una variable de incertidumbre que no estaba en los modelos de proyección de inicios de año. El contexto internacional, marcado por la guerra en Irán, ha elevado los precios internacionales de las materias primas, lo que el BCR ha reconocido como un factor de riesgo para la proyección de crecimiento. El alza del petróleo, que hoy ya se refleja en los surtidores de gasolina con precios superiores a $4.30 por galón, comprime el poder adquisitivo de los hogares salvadoreños y encarece los costos de producción en casi todos los sectores.
La deuda pública: el elefante en la sala
Detrás de las cifras de crecimiento se esconde una presión fiscal que los analistas coinciden en señalar como el riesgo estructural más grave. La deuda pública alcanzó $33,805 millones en octubre de 2025, equivalentes al 89.2% del PIB, con un incremento de $2,586 millones respecto a octubre de 2024. La deuda externa creció 18.7%, llegando a $15,074.9 millones. El servicio de la deuda absorberá $2,784 millones en 2025, representando el 28.8% del presupuesto general, limitando el espacio fiscal para inversión social y productiva.
El programa acordado con el FMI en febrero de 2025 intenta corregir esa trayectoria. El programa, aprobado por 40 meses, contempla un ajuste fiscal de 3.5 puntos porcentuales del PIB distribuido en tres años. El presupuesto 2026 es consistente con una reducción adicional del déficit junto con una expansión del gasto social. Sin embargo, ese ajuste tiene un costo visible: el consumo público cayó 3.3% y los servicios del gobierno se contrajeron 4.9%, reflejando la austeridad impuesta por el acuerdo.
La «bomba de tiempo» de las pensiones
Entre las advertencias más contundentes que han formulado los economistas independientes esta semana, destaca la del sistema provisional. El analista Cabrera fue enfático: «Tenemos una bomba de tiempo en pensiones para 2027, porque el Gobierno deberá empezar a pagar entre $1,000 y $1,200 millones de dólares que no pagó en cuatro años.» El nerviosismo ya se siente entre los trabajadores próximos a jubilarse.
El analista también advirtió que la capacidad del gobierno está limitada por la carga tributaria y fue categórico: «Tenemos que abrir la economía para que entren más inversiones.»
Lo que El Salvador necesita y aún no tiene
El diagnóstico de los economistas consultados apunta en una dirección clara pero difícil de ejecutar. Gustavo Riveros Sáchica, director del Máster en Desarrollo Estratégico de ADEN International Business School, fue preciso: «El Salvador tiene una oportunidad histórica de capitalizar su estabilidad y percepción de seguridad para atraer inversión industrial de largo plazo y reducir gradualmente la dependencia estructural de las remesas.»
El sector tecnológico y los llamados servicios modernos representan una de las principales oportunidades, pero el desafío educativo es evidente: muchas empresas extranjeras buscan jóvenes que sepan programar y hablen inglés, pero buena parte de los aspirantes no cumple con este requisito.
El cuadro que presenta la economía salvadoreña al cierre del primer trimestre de 2026 es el de un país que creció más de lo esperado el año pasado, pero que enfrenta ahora la factura de esa expansión: remesas que se moderan, construcción que se estabiliza, petróleo que sube, deuda que presiona y un sistema de pensiones que en 2027 pasará de ser una amenaza latente a una obligación concreta e ineludible.
