El Salvador crece, pero no prospera: el PIB sube mientras la canasta básica y la deuda ahogan a las familias

El Banco Mundial elevó este martes su proyección de crecimiento para El Salvador a 4,5% en 2026 y 3,9% en 2027, ubicando al país como la tercera economía de mayor expansión en América Latina, solo detrás de Guyana y República Dominicana. Sin embargo, detrás de esos números macroeconómicos se esconde una realidad distinta para la mayoría de los salvadoreños: salarios mínimos que no alcanzan, una canasta básica alimentaria que en agosto llegó a US$264,73 en zonas urbanas —su segundo precio más alto en 25 años— y una deuda pública que podría escalar a 89,2% del PIB en 2027 por el reconocimiento de intereses previsionales.

Crecimiento que no se traduce en bienestar

Las proyecciones del Banco Mundial, presentadas en el informe Panorama Económico de América Latina y el Caribe, destacan a El Salvador como una de las economías de mejor desempeño regional, impulsada por mejores condiciones de seguridad, políticas de austeridad fiscal y una inversión privada robusta en sectores como construcción y turismo. El presidente Nayib Bukele celebró de inmediato los datos y los compartió en redes sociales como prueba del éxito de su gestión.

Pero el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) no equivale automáticamente a prosperidad compartida. En El Salvador, el salario mínimo mensual para trabajadores de comercio y servicios es de US$408,80, mientras que en el sector agroindustrial apenas alcanza los US$272,72. Con la canasta básica alimentaria urbana consumiendo cerca del 65% del salario mínimo más alto, las familias destinan la mayor parte de sus ingresos solo a comer, sin margen para educación, salud, transporte o ahorro.

Según datos del Banco Mundial, la pobreza se estima que disminuyó de 29,6% a 28,4% en 2025, pero sigue afectando de manera desproporcionada a niños y mujeres, y se espera que continúe reduciéndose solo de forma gradual en el mediano plazo, en parte por una posible desaceleración de las remesas. Otras fuentes sitúan la pobreza en torno a 27% en 2023 y la extrema pobreza en 9,3%, cifras que reflejan que, pese al crecimiento, una parte significativa de la población permanece en vulnerabilidad.

Inflación, El Niño y el golpe a los alimentos

La inflación, aunque moderada en términos regionales, presiona directamente el bolsillo de los salvadoreños. El Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta que la inflación cierre en 2,7% en 2026, un aumento de casi nueve veces respecto a 2025, impulsada por mayores costos de transporte, alimentos y energía. El fenómeno de El Niño, que ha provocado cuatro períodos de sequía consecutivos, ha mermado la producción de granos básicos y encarecido los alimentos hasta un 2,5% en algunos casos.

En agosto de 2026, la canasta básica alimentaria urbana alcanzó los US$264,73, un aumento de 5,6% respecto al mismo mes de 2025 y US$13,94 más que un año antes. En zonas rurales, donde se produce la mayor parte de los granos básicos, el costo llegó a US$189,63. Se estima que El Niño podría afectar la producción de cerca de 6,9 millones de quintales de maíz, frijol y sorgo, equivalente al 100% de la siembra de agosto y septiembre, lo que obliga al país a depender más de importaciones desde Guatemala, Honduras y Nicaragua, también afectadas por la sequía.

La CEPAL advirtió que las altas temperaturas asociadas a El Niño pueden generar presión adicional sobre la inflación y los precios de los alimentos, mientras la inflación anual en alimentos y bebidas no alcohólicas ya alcanzó 3,65% en agosto de 2026. Para las familias, esto significa que cada visita al mercado requiere más dinero, aunque el salario siga siendo el mismo.

Deuda y pensiones: la bomba fiscal de 2027

Mientras el gobierno celebra el crecimiento, las cuentas públicas revelan tensiones que podrían limitar el espacio fiscal en los próximos años. El anteproyecto del Presupuesto General de la Nación para 2027 contempla un déficit fiscal de US$3.209 millones bajo los parámetros del programa de Servicio Ampliado del FMI, en parte por la incorporación de US$2.327 millones en intereses de la deuda previsional.

El FMI advierte que el fin de la gracia previsional agregará hasta 5,6 puntos porcentuales del PIB al pasivo estatal tras capitalizar US$2.300 millones en intereses devengados no pagados del sistema de pensiones. La deuda bruta del Sector Público No Financiero se proyecta en 85% del PIB en 2026, pero podría alcanzar un pico de 89,2% en 2027 antes de comenzar a descender hacia 80% en 2030, según las estimaciones oficiales.

El Banco Mundial señala que, en el mediano plazo, el déficit se reduciría a 1,8% en 2027, pero volvería a aumentar debido a mayores pagos de deuda asociados al sistema de pensiones. Esto significa que una parte creciente del presupuesto se destinará a servicio de deuda en lugar de inversión social, infraestructura productiva o programas de reducción de pobreza.

Centroamérica: ¿liderazgo o espejismo?

En el contexto centroamericano, El Salvador aparece como una de las economías de mayor crecimiento proyectado para 2026, junto a Panamá (4,2%), Guatemala (3,7%), Nicaragua (3,6%) y Honduras (3,4%). Costa Rica, por su parte, tendría el menor crecimiento de la región con 3,3%.

Sin embargo, varios analistas advierten que el dinamismo de Centroamérica en 2026 depende en gran medida de las remesas y el consumo, sin avances significativos en productividad o transformación productiva. El Salvador, en particular, recibió US$6.788,3 millones en remesas entre enero y agosto de 2026, un aumento de 3,8% respecto al año anterior, pero existe el riesgo de que estos envíos se enfríen si la economía estadounidense se desacelera o si cambian las políticas migratorias y fiscales.

La gestión bajo la lupa

A pesar de las cifras positivas de crecimiento, la gestión económica del gobierno salvadoreño enfrenta críticas por varios frentes:

  • Concentración del crecimiento: Los sectores que más crecen —construcción, turismo, servicios— no son necesariamente los que más empleo generan para la población de menores ingresos, ni los que más reducen la dependencia de importaciones de alimentos.
  • Dependencia de remesas: La economía sigue altamente dependiente de los envíos desde el exterior, lo que la hace vulnerable a shocks externos.
  • Deuda previsional: La capitalización de intereses de pensiones en 2027 podría limitar el espacio fiscal para inversión social y programas de reducción de pobreza.
  • Seguridad alimentaria: El impacto de El Niño en la producción de granos básicos expone la fragilidad del sector agrícola y la dependencia de importaciones.
  • Salarios estancados: Los salarios mínimos no han crecido al ritmo del costo de vida, lo que reduce el poder adquisitivo de las familias.

El Banco Mundial reconoce que sostener el momentum de crecimiento requerirá reformas estructurales para elevar la productividad, fortalecer la resiliencia externa y mantener la consolidación fiscal. Sin esas reformas, el crecimiento podría quedarse en un número en los informes, mientras las familias continúan luchando para llevar comida a la mesa.

Conclusión

El Salvador crece, sí. Pero crecer no es lo mismo que prosperar. Mientras el PIB se expande a tasas que envidian varios países de la región, la realidad de las familias salvadoreñas está marcada por salarios que no alcanzan, una canasta básica que consume la mayor parte del ingreso y una deuda que podría limitar las opciones del Estado en los próximos años. El desafío no es solo mantener el crecimiento, sino convertirlo en bienestar tangible para una población que, después de años de crisis, espera algo más que números en un informe.

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