El ascenso de la derecha y, en particular, de sus facciones más radicales en Chile ha reconfigurado el panorama político no solo a nivel nacional, sino también regional. Tras un periodo marcado por el «estallido social» y un ambicioso intento de reforma constitucional impulsado por la izquierda, la victoria electoral de figuras como José Antonio Kast y el robusto desempeño del sector conservador en órganos clave del Estado han puesto a Chile nuevamente en el centro del debate latinoamericano.
Este giro, impulsado en gran medida por la preocupación ciudadana ante la inseguridad, la migración irregular y la percepción de un «mal gobierno» de izquierda, plantea serias implicaciones para el resto del continente, funcionando tanto como un laboratorio ideológico como un contrapunto directo a la «ola progresista» que dominó la región hace apenas unos años.
El Factor ideológico: Instalar el miedo y la seguridad
Una de las implicaciones más relevantes para América Latina es el exitoso uso de narrativas por parte de la derecha chilena, especialmente la ultraderecha, que logra «instalar climas de miedo» en la población.
- Enfoque en Seguridad: La derecha ha capitalizado el descontento ante la delincuencia y la crisis migratoria, proponiendo medidas de «mano dura» que resuenan en países vecinos. La Dra. Bet Gerber, académica de la Universidad de Santiago, ha señalado que figuras de la derecha chilena citan abiertamente modelos de seguridad como los implementados en El Salvador por el presidente Nayib Bukele, lo que sugiere una articulación de estrategias regionales que trascienden el debate local.
- Rechazo al Progresismo Fallido: El impulso conservador en Chile se interpreta, en parte, como un rechazo a las promesas y a la gestión del Frente Amplio, un fenómeno que otros partidos de derecha en la región podrían replicar al presentarse como la única alternativa a la inestabilidad y el populismo de izquierda.
- Economía y Estabilidad: Aunque la derecha tradicional chilena se ha moderado en algunos aspectos (como la inclusión de ciertas prestaciones sociales en sus agendas, buscando diferenciarse del modelo neoliberal de la dictadura), el discurso subyacente sigue defendiendo un modelo económico liberal y la defensa del sector privado, contrastando con las propuestas de mayor intervención estatal de la izquierda regional.
Un Bloque de Tensión y la Reconfiguración del Péndulo
La situación chilena confirma que América Latina está inmersa en una etapa de alta tensión entre dos grandes bloques políticos con proyectos profundamente distintos, más que un simple «péndulo» homogéneo.
- Modelo de Liderazgo: El éxito de figuras radicales y su capacidad para conectar con el hartazgo popular ante la política tradicional podría legitimar y dar tracción a líderes de la derecha populista en países donde la crisis institucional es profunda. La celebración de líderes como Bukele (El Salvador) o las conexiones ideológicas con movimientos en Argentina, Perú y Brasil, apuntan a una red de influencia conservadora que se refuerza mutuamente.
- Crisis de la Democracia: Algunos analistas ven en la reconfiguración de la derecha chilena (que incluye facciones que antes apoyaron la dictadura) un síntoma de la regresión democrática en el continente. Al centrar el debate en el miedo y la seguridad, se corre el riesgo de erosionar las instituciones representativas y marginar las agendas de justicia social y derechos humanos, un riesgo que enfrentan todas las democracias latinoamericanas.
En esencia, Chile no solo está debatiendo su futuro, sino que está ofreciendo un guion de resurgimiento para la derecha regional, basada en la explotación de la inseguridad y el rechazo a la inestabilidad. Su capacidad para consolidar este poder y traducirlo en estabilidad económica y orden social determinará si este giro es la nueva regla o una excepción en el complejo mapa político de América Latina.
