En octubre de 2023, la tormenta más grave registrada en 150 años causó destrozos de diques, acantilados y puertos deportivos en la costa del mar Báltico. La ciudad de Kiel, al norte de Alemania, también se vio afectada.
“Los impactos del cambio climático difícilmente son algo abstracto en Kiel. Desde la tormenta en 2023, todos nos acordamos de los profundos efectos que puede tener sobre nosotros, sobre nuestra vida cotidiana y sobre el entorno que nos rodea”, afirma a DW Martina Baum, responsable de la división de adaptación climática de la ciudad, creada en 2025.

Kiel se convirtió en 2019 en una de las primeras en declarar la emergencia climática. Desde entonces, se ha posicionado como pionera en la adaptación al clima cambiante.
Adaptarse sin renunciar a la mitigación
Adaptar la infraestructura de una ciudad no sustituye la necesidad de reducir las emisiones de combustibles fósiles, que calientan el planeta. La protección del clima sigue siendo la primera línea de defensa.
“Durante mucho tiempo hubo dudas sobre comprometerse oficialmente con la cuestión de la adaptación al cambio climático. Al principio yo también me sentía incómoda, porque parecía que de alguna manera restaba presión a los esfuerzos de protección climática”, señala Baum.
La adaptación en Kiel refleja lo que ocurre en otras ciudades del mundo, desde Santa Cruz en EE.UU hasta Quezon City en Filipinas: los gobiernos se preparan para olas de calor, lluvias torrenciales y fuertes tormentas.

Sin embargo, el debate no está exento de contradicciones. Por ejemplo, la instalación de aire acondicionado en centros de ancianos o escuelas protege a la población vulnerable del calor extremo, pero incrementa el consumo energético, lo “que iría en contra de los objetivos de protección del clima”, agrega Baum.
La red energética aún depende parcialmente de fuentes no renovables, lo que se traduce en más emisiones: “Incluso si usamos energía renovable, la demanda aún no está cubierta al 100 % por fuentes renovables todo el tiempo”, apunta.
Rediseñar ciudades con alternativas naturales
Para limitar el uso de aire acondicionado, la ciudad prueba soluciones naturales: cobertura de vegetación en fachadas de edificios y el rediseño de parques para encauzar aire fresco hacia el centro urbano.
Kiel prueba también con 20 especies de árboles para evaluar cuáles resisten mejor la sequía, el calor y la salinidad del aire marino. Los árboles proporcionan sombra, enfrían las calles aproximadamente 1,5 °C y mejoran la calidad del aire.
¿Se acabó el fútbol de tarde?
La adaptación al cambio climático requerirá cambios en la vida cotidiana, según Baum. Por ejemplo, es posible que los niños ya no puedan jugar torneos de fútbol a las tres de la tarde por el calor intenso del verano.
Aunque Kiel está más preparada que otras ciudades de Europa frente al calor, es vulnerable a las marejadas y lluvias intensas, por lo que necesita más áreas para gestionar el exceso de agua.
“Una idea es el diseño de uso múltiple: un campo de fútbol podría construirse ligeramente más bajo que el área circundante. En periodos de lluvias intensas, el agua podría dirigirse allí y dejar que se infiltre gradualmente en el suelo o se evapore”, explicó Baum.
El inconveniente es que el campo podría quedar inutilizable hasta 60 días al año, pero los residentes tendrían que aceptarlo, subraya.
Problemas de presupuestos para la adaptación climática
A pesar de estas medidas, la financiación sigue siendo un problema en ciudades como Kiel. Al considerarse algo opcional, la acción climática puede verse debilitada cuando se recortan los presupuestos.
“No estoy de acuerdo con la idea de que la adaptación y la acción climática sean responsabilidades opcionales. Me sigo preguntando: ¿cuáles son las alternativas?”, enfatiza Baum.
“Después de todo, se ha demostrado una y otra vez que invertir en adaptación y mitigación simplemente da sus frutos”, concluye.
Con información de dw
