ONU abre su 81ª Asamblea General bajo presión por guerras, crisis de credibilidad y el avance de la IA

by Redacción LaGaceta503

La Organización de las Naciones Unidas abrió el martes, 22 de septiembre, su 81ª Asamblea General en Nueva York, en uno de los escenarios internacionales más tensos de las últimas décadas: guerras abiertas en Oriente Medio y Ucrania, una creciente confrontación entre grandes potencias, profundas divisiones sobre el conflicto entre Israel y los palestinos y una carrera tecnológica marcada por el avance acelerado de la inteligencia artificial.

Los representantes de los 193 Estados miembros de la ONU participan en la Asamblea, cuyo debate general se extenderá hasta el 28 de septiembre. La agenda oficial incluye asuntos de paz y seguridad, cambio climático, desarrollo, salud, gobernanza de la inteligencia artificial y la reforma de las propias instituciones multilaterales. El lema de la 81ª sesión es “Restaurar la confianza, gestionar la transformación: una ONU que cumpla para todos”.

Sin embargo, la reunión comienza con una pregunta que atraviesa prácticamente todos los debates: ¿hasta qué punto conserva la ONU capacidad real para influir sobre los grandes conflictos internacionales?

Casi 130 jefes de Estado y de Gobierno tienen previsto participar presencialmente durante la semana de alto nivel, pero algunas de las principales potencias estarán representadas por otros funcionarios. El presidente de China, Xi Jinping, no viajó a Nueva York y tiene previsto reunirse con el presidente estadounidense, Donald Trump, en Washington. El canciller alemán, Friedrich Merz, también canceló su viaje y permanecerá en Berlín.

Lula abre el debate y Trump coloca a Irán en el centro

Como establece la tradición diplomática de la Asamblea General, Brasil abrió el debate general. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva fue el primer jefe de Estado en intervenir y llamó a preservar la soberanía de los países y a evitar la injerencia extranjera, además de defender una reforma del sistema multilateral.

Lula da Silva, a su llegada a la 81. Asamblea General de la ONU

Después tomó la palabra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cuya presencia constituye uno de los principales focos políticos de esta Asamblea.

Trump llegó a Nueva York después de haber mantenido durante años una relación abiertamente crítica con las instituciones multilaterales. En su intervención de este martes defendió las actuaciones de Washington, abordó directamente la guerra con Irán y sostuvo que todavía existe la posibilidad de alcanzar un acuerdo con Teherán después de las elecciones legislativas estadounidenses.

También cuestionó el papel del Tribunal Penal Internacional y planteó una reducción de la burocracia internacional. Sobre la inteligencia artificial, Trump utilizó el término “superinteligencia” y rechazó parte de las advertencias sobre sus riesgos.

La intervención estadounidense coloca nuevamente en primer plano la tensión entre Washington y el sistema multilateral, precisamente cuando la ONU intenta recuperar credibilidad bajo el lema de restaurar la confianza.

Irán, Ucrania y Oriente Medio dominan la agenda

La guerra entre Estados Unidos e Irán constituye uno de los principales asuntos de seguridad internacional de la Asamblea. La confrontación tiene consecuencias que trascienden a los países directamente involucrados, particularmente por sus efectos sobre la navegación internacional, la energía y la estabilidad de Oriente Medio.

La delegación iraní logró obtener visas estadounidenses para participar en la Asamblea, pese a la confrontación entre Washington y Teherán. El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, figura entre los dirigentes que intervendrán durante la semana.

La guerra de Rusia contra Ucrania constituye el segundo gran conflicto que concentra la atención diplomática. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, tiene previsto mantener contactos con Trump y otros dirigentes durante la semana, mientras el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, representa a Moscú ante la Asamblea.

El propio secretario general de la ONU, António Guterres, reconoció al inaugurar el debate que las divisiones internacionales se han profundizado y que las guerras de los últimos años han puesto a prueba los mecanismos de cooperación internacional.

Gaza vuelve a colocar a la ONU frente a sus propias divisiones

El conflicto entre Israel y Hamás en Gaza constituye otro de los puntos más sensibles de la Asamblea.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, tiene previsto dirigirse a los Estados miembros y utilizar el escenario de Naciones Unidas para defender las acciones de Israel y responder a las acusaciones internacionales relacionadas con su campaña militar contra Hamás.

La cuestión palestina estará marcada, además, por la ausencia física del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas.

Estados Unidos volvió a negar a Abbas una visa para ingresar a su territorio. Ante esa situación, la Asamblea General aprobó por 152 votos contra tres y cuatro abstenciones una resolución que permite al dirigente palestino intervenir por videoconferencia, por segundo año consecutivo. Washington justificó su decisión alegando, entre otras razones, actuaciones palestinas ante tribunales internacionales contra Israel.

La decisión ha profundizado el debate sobre las relaciones entre Washington, la Autoridad Palestina y Naciones Unidas, especialmente porque el acuerdo que regula la sede de la ONU contempla obligaciones de acceso para representantes extranjeros.

Las acusaciones de sesgo contra Israel

La 81ª Asamblea también comienza bajo una controversia que lleva años afectando a la relación entre Israel y Naciones Unidas.

El Gobierno israelí y algunos de sus aliados han acusado reiteradamente a distintos organismos de la ONU de aplicar un tratamiento desproporcionado a Israel y de mantener un sesgo que, según sus críticos, puede llegar a expresiones de antisemitismo.

Estas acusaciones no deben confundirse con la crítica legítima a las políticas de un Estado. De hecho, documentos de Naciones Unidas reconocen expresamente que criticar las políticas de Israel no constituye por sí mismo antisemitismo, mientras que el antisemitismo implica odio, discriminación o demonización de los judíos como grupo.

Al mismo tiempo, existen antecedentes concretos que alimentan las acusaciones de parcialidad. Durante debates anteriores de Naciones Unidas, representantes de países como Micronesia e Israel denunciaron lo que calificaron como un enfoque desproporcionado contra Israel dentro de determinados mecanismos de la organización. Esas acusaciones, sin embargo, forman parte de una controversia política y diplomática en la que otros Estados defienden las investigaciones y resoluciones de la ONU sobre las actuaciones israelíes en los territorios palestinos.

En ese contexto, las críticas dirigidas específicamente contra António Guterres han sido especialmente intensas durante su década al frente de la organización. Sus detractores lo han acusado de adoptar posiciones excesivamente críticas hacia Israel, mientras que Naciones Unidas sostiene que el secretario general condena tanto el antisemitismo como los ataques contra civiles y defiende una solución de dos Estados.

22 de septiembre de 2026: António Guterres, durante el discurso de apertura de la 81. Asamblea General de la ONU

El propio Guterres volvió a condenar explícitamente el antisemitismo durante la conmemoración del Holocausto de enero de 2026 y advirtió sobre el aumento del odio contra las comunidades judías.

Por ello, calificar como un hecho probado una “propensión antisemita” de Guterres iría más allá de la evidencia disponible. Lo que sí puede documentarse es la existencia de una controversia sostenida sobre su actuación y sobre el tratamiento que diferentes órganos de la ONU han dado a Israel.

Una organización cuestionada por su incapacidad para detener las guerras

La controversia más amplia no se limita a Guterres.

La Asamblea comienza cuando la ONU enfrenta críticas por su incapacidad para detener guerras que llevan años desarrollándose pese a sucesivas resoluciones, negociaciones y llamados al alto el fuego.

La situación de Ucrania, Gaza, Sudán, Myanmar, la República Democrática del Congo y Oriente Medio ha puesto de manifiesto las limitaciones del sistema multilateral, especialmente del Consejo de Seguridad, donde las decisiones fundamentales pueden quedar bloqueadas por el veto de cualquiera de sus cinco miembros permanentes: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido.

El propio Guterres reconoció este martes que las instituciones internacionales continúan reflejando estructuras de poder diseñadas para una época diferente y volvió a reclamar una reforma del Consejo de Seguridad.

La crítica no procede únicamente de Washington o de Israel. El presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, también afirmó durante su intervención que el Consejo de Seguridad ha demostrado ser incapaz de responder adecuadamente a las crisis internacionales y reclamó una reforma profunda de su estructura.

De esta manera, la crisis de credibilidad de Naciones Unidas aparece como un fenómeno más amplio que la disputa entre un solo país y el secretario general.

La inteligencia artificial abre un nuevo frente

La guerra no será el único desafío de la Asamblea.

La expansión de la inteligencia artificial ha convertido su regulación en uno de los nuevos asuntos estratégicos de Naciones Unidas. El debate abarca desde la desinformación y la manipulación electoral hasta la utilización de sistemas autónomos en conflictos armados y la posibilidad de que determinadas decisiones críticas queden progresivamente en manos de máquinas.

Guterres pidió este martes establecer mecanismos internacionales de gobernanza y supervisión de la inteligencia artificial, especialmente cuando pueda utilizarse para tomar decisiones relacionadas con la vida y la muerte.

La cuestión adquiere una dimensión adicional porque Estados Unidos y China compiten por el liderazgo tecnológico mundial, mientras Europa intenta establecer normas propias sobre seguridad y regulación de la IA.

El último debate de Guterres

La Asamblea de 2026 tiene además un significado personal para António Guterres.

El diplomático portugués concluirá su mandato como secretario general el 31 de diciembre de 2026, después de diez años al frente de la organización. La búsqueda de su sucesor se desarrolla en paralelo con una discusión sobre el futuro de Naciones Unidas y sobre la necesidad de reformar sus principales instituciones.

En su discurso de apertura, Guterres describió un mundo en el que, según sus palabras, las fracturas entre los países se han convertido en profundas divisiones y sostuvo que las instituciones internacionales están sometidas a una presión sin precedentes.

Su mensaje contrasta con el de Trump y con las posiciones de otros dirigentes que cuestionan directamente la eficacia, el costo y el funcionamiento del sistema multilateral.

Así comienza la 81ª Asamblea General de Naciones Unidas: con 193 Estados representados, pero con las grandes potencias profundamente divididas; con guerras que la diplomacia internacional no ha logrado resolver; con Israel y Palestina nuevamente en el centro de una disputa diplomática; con Washington enfrentado a diversos organismos internacionales y con una tecnología —la inteligencia artificial— que plantea desafíos para los que todavía no existe un marco mundial plenamente acordado.

Más que una Asamblea de consensos, la reunión de Nueva York se perfila como una prueba sobre la capacidad de Naciones Unidas para recuperar autoridad y eficacia en un sistema internacional cada vez más fragmentado.

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