Las exportaciones de seis economías centroamericanas estuvieron asociadas con 1,004,204 puestos de trabajo durante el bienio 2023-2024, una cifra que pone de relieve el peso del comercio regional sobre los mercados laborales del istmo, pero que requiere una precisión fundamental: no significa que el comercio haya creado un millón de empleos nuevos.
La estimación comprende a Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Nicaragua y Panamá y relaciona el empleo con las cadenas productivas que atienden la demanda externa. Por tanto, incluye tanto ocupaciones directamente vinculadas con la producción exportadora como puestos generados indirectamente mediante proveedores, insumos, transporte, logística y otros servicios.
La distribución muestra además una marcada desigualdad entre las economías.
Guatemala concentra 407,924 puestos, equivalentes a poco más del 40% del total. Le siguen El Salvador, con 184,442; Honduras, con 139,208; Costa Rica, con 133,655; Nicaragua, con 115,161, y Panamá, con 23,814.
En otras palabras, solamente Guatemala y El Salvador reúnen casi seis de cada diez puestos asociados con las exportaciones consideradas en la estimación.
La cifra no significa un millón de nuevas contrataciones
El principal riesgo de interpretación está en el verbo.
Decir que el comercio regional “generó” 1,004,204 nuevos empleos sugeriría que durante 2023-2024 se produjo una expansión neta del mercado laboral equivalente a esa cantidad de contrataciones. La estimación no demuestra eso.
Lo que mide es el número de empleos asociados o sostenidos por la actividad exportadora, incluidos los empleos directos e indirectos que forman parte de las cadenas productivas.
La metodología de este tipo de estudios suele apoyarse en matrices de insumo-producto, que permiten rastrear cómo una demanda externa se transmite hacia diferentes sectores de una economía.
La diferencia no es menor: una fábrica que exporta puede sostener puestos en su propia planta, pero también generar demanda para empresas que producen envases, materias primas, transporte, almacenamiento, servicios empresariales o energía. Todos esos empleos pueden aparecer vinculados a la exportación sin que hayan sido creados recientemente.
La propia CEPAL utiliza este enfoque para analizar el denominado empleo asociado a las exportaciones, una medición que permite determinar cuánto trabajo está incorporado en la producción destinada a los mercados externos. Estudios anteriores de la Comisión han mostrado que el empleo exportador puede representar una fracción considerable del empleo total centroamericano.
El Salvador: 184,442 empleos asociados
Para El Salvador, la estimación coloca en 184,442 el número de puestos vinculados a las exportaciones consideradas, aproximadamente 18.4% del millón regional.
La importancia del mercado centroamericano para la economía salvadoreña no es nueva. La CEPAL ha documentado que El Salvador se encuentra entre las economías centroamericanas con mayor integración comercial dentro de la propia subregión. En estudios sobre la estructura productiva regional, las exportaciones intrarregionales han representado alrededor de un tercio de las exportaciones de bienes centroamericanas, aunque el peso varía significativamente de un país a otro.
Los datos más recientes de SIECA también muestran la relevancia de ese mercado. Durante el primer trimestre de 2024, las exportaciones intrarregionales representaron 27.3% del total exportado por Centroamérica, frente al 25.6% registrado en el mismo período de 2023. Entre los principales productos comercializados dentro de la región figuraron medicamentos, preparaciones alimenticias, artículos de plástico, productos de panadería, papel higiénico y agua mineral.
Esto ayuda a explicar por qué el comercio regional tiene una importancia particularmente elevada para economías como la salvadoreña.
La paradoja: mucho empleo, pero poca especialización
El dato más revelador de la estimación no es únicamente el millón de puestos, sino qué tipo de actividades los generan.
De acuerdo con la síntesis del estudio, 89.1% del empleo asociado corresponde a bienes y 10.9% a servicios.
Las manufacturas representan aproximadamente 83.5% del total, mientras que las manufacturas ligeras —incluidos alimentos, bebidas, tabaco, textiles, confecciones y calzado— concentran alrededor del 57.7%.
Los productos primarios representan cerca del 5.6%.
La estructura revela una fuerte dependencia de actividades manufactureras intensivas en mano de obra, pero también muestra el reto que enfrenta la región para transformar ese empleo en ocupaciones de mayor productividad, especialización y remuneración.
Aproximadamente siete de cada diez puestos asociados a estas exportaciones corresponden a trabajadores de baja calificación, según la estimación analizada.
El fenómeno no es uniforme. La proporción de empleo de baja calificación llega aproximadamente al 83% en Guatemala, al 74% en Honduras y Nicaragua y al 72% en Costa Rica.
La conclusión es incómoda pero relevante: el comercio exterior puede sostener una cantidad considerable de puestos de trabajo sin que necesariamente genere empleos de alta productividad.
Guatemala domina el mapa laboral
Los 407,924 puestos asociados a Guatemala representan más del 40% del total estimado para los seis países.
El peso guatemalteco está relacionado con el tamaño de su economía, su estructura manufacturera y agrícola y su intensa vinculación con los mercados latinoamericanos.
Pero el volumen absoluto de empleos no debe confundirse con productividad laboral. Un país puede concentrar más puestos debido a que utiliza mayor cantidad de trabajo en sus cadenas exportadoras, sin que eso implique necesariamente que esos empleos sean mejor remunerados o tecnológicamente más sofisticados.
Esta distinción resulta especialmente importante en Centroamérica, donde persisten grandes diferencias en productividad, salarios, informalidad, infraestructura y capacidad tecnológica.
Centroamérica sí tiene un mercado regional relevante
La precisión sobre el millón de empleos no invalida la conclusión más amplia: el comercio centroamericano es económicamente importante y constituye una plataforma real de empleo y actividad productiva.
La CEPAL ha señalado que aproximadamente un tercio de las exportaciones de bienes de los países centroamericanos se dirige a la propia subregión, una proporción superior a la observada en otras subregiones latinoamericanas. El organismo identifica oportunidades para desarrollar cadenas regionales de valor en sectores como agroalimentos, confección, construcción y servicios.
El comercio tampoco se limita al intercambio de productos terminados. Una empresa de un país puede utilizar materias primas o bienes intermedios producidos en otro y posteriormente exportar el producto terminado hacia un tercer mercado.
Ese entramado hace que la integración regional tenga efectos que no aparecen simplemente observando el valor de las exportaciones.
La CEPAL advierte precisamente que la región todavía tiene margen para profundizar esos encadenamientos productivos y aumentar el valor agregado generado dentro de Centroamérica.
Pero “intrarregional” no siempre significa “intracentroamericano”
Aquí aparece otra diferencia que puede cambiar completamente la lectura de la cifra.
Comercio intracentroamericano es el intercambio entre los propios países del istmo.
Comercio intrarregional latinoamericano puede abarcar un espacio mucho más amplio: México, Centroamérica, Sudamérica y el Caribe, dependiendo de la metodología utilizada.
La estimación de 1,004,204 puestos corresponde a las exportaciones de los seis países centroamericanos hacia América Latina y el Caribe, no exclusivamente al intercambio entre ellos.
Por eso, afirmar sin matices que “el comercio intracentroamericano genera un millón de empleos” sería incorrecto.
La formulación técnicamente más precisa es que las exportaciones de seis países centroamericanos hacia América Latina y el Caribe estuvieron asociadas con aproximadamente un millón de puestos de trabajo durante 2023-2024.
La diferencia geográfica es esencial para interpretar correctamente el estudio.
El mercado regional sigue siendo estratégico pese a sus limitaciones
La integración centroamericana tiene además una característica particular: es profunda en términos comerciales, pero todavía presenta importantes limitaciones en materia de integración productiva.
La CEPAL ha encontrado que el comercio intracentroamericano se concentra especialmente en bienes de consumo, mientras las economías siguen dependiendo de proveedores externos —sobre todo de Estados Unidos— para una parte importante de sus bienes de capital e insumos intermedios.
Esto significa que Centroamérica comercia mucho entre sí, pero todavía podría producir más conjuntamente.
Una mayor integración de cadenas regionales permitiría que una mayor proporción del valor de un producto exportado permanezca dentro de la región, en lugar de depender de insumos importados desde fuera del istmo.
La oportunidad es especialmente importante en agroindustria, alimentos procesados, confección, productos farmacéuticos, plásticos, construcción, logística y servicios empresariales.
El desafío no es solamente crear empleo, sino mejorar su calidad
La cifra de un millón de puestos ofrece una conclusión positiva: las exportaciones tienen una capacidad significativa para sostener empleo en Centroamérica.
Pero también plantea una pregunta más difícil.
¿Qué clase de empleos está creando el modelo exportador?
La CEPAL ha advertido que América Latina enfrenta una desaceleración en la creación de puestos de trabajo, particularmente de empleos formales, mientras la informalidad continúa afectando de manera desproporcionada a jóvenes, mujeres, trabajadores rurales y otros grupos vulnerables.
Por ello, incrementar las exportaciones no debería ser el único objetivo de la política económica.
El desafío consiste en conseguir que las exportaciones incorporen más tecnología, más productividad, mayor valor agregado y mejores salarios, y que las empresas locales participen con mayor intensidad en las cadenas de suministro.
La integración comercial, por sí sola, no garantiza ese resultado.
Un millón de empleos: una oportunidad, no una victoria definitiva
Los datos permiten desmontar dos interpretaciones igualmente equivocadas.
La primera sería afirmar que Centroamérica creó un millón de empleos nuevos gracias al comercio regional.
La segunda sería restarle importancia a la cifra porque no representa nuevas contrataciones.
La realidad está en medio.
Los 1,004,204 puestos asociados muestran que las exportaciones tienen un peso laboral considerable y que el mercado latinoamericano y caribeño constituye una fuente importante de demanda para las empresas centroamericanas.
Pero también muestran que una buena parte de ese empleo se concentra en manufacturas ligeras y ocupaciones de baja calificación.
La verdadera oportunidad para Centroamérica no está solamente en exportar más, sino en exportar productos y servicios con mayor contenido tecnológico, construir cadenas regionales de valor y convertir el comercio en una plataforma para empleos mejor remunerados y más productivos.
En ese sentido, el millón de puestos no representa el punto de llegada.
Representa, más bien, el tamaño de una base laboral sobre la cual la región todavía tiene que construir una economía exportadora de mayor valor agregado.
