Honduras: Asfura ordena retirar su retrato en oficinas públicas y sustituirlo por una oración

by Redacción LaGaceta503

Tegucigalpa / San Salvador -ADN-. El presidente de Honduras, Nasry “Tito” Asfura, emitió el viernes una instrucción administrativa a todas las secretarías de Estado y dependencias gubernamentales para que no coloquen su retrato oficial en oficinas públicas, obras y edificios del Estado, como tradicionalmente se hace en gobiernos latinoamericanos. En su lugar, Asfura ordenó que se exhiba la oración que pronunció durante su discurso de investidura, atribuida al líder espiritual Mahatma Gandhi, con un enfoque en valores éticos como la humildad, la verdad y el servicio público. La medida fue confirmada por el secretario de Comunicaciones, José Augusto Argueta.

El funcionario explicó que esta disposición es obligatoria para ministros, gerentes, directores y subdirectores de todas las instituciones bajo el Ejecutivo, y que busca evitar la personalización del poder y promover una cultura institucional centrada en servicio y responsabilidad, según medios hondureños.

La medida también subraya una estética de austeridad y humildad que el nuevo gobierno de Asfura ha tratado de imprimir desde su toma de posesión el 27 de enero, en una ceremonia sobria sin mandatarios extranjeros invitados, como parte de sus promesas de eficiencia y reducción del tamaño del Estado.

Analistas consultados por medios locales dijeron que el gesto es simbólico y pretende distanciar la administración pública de cultos a la personalidad, en un país donde la tradición republicana siempre colocó las imágenes presidenciales como símbolo de autoridad en instalaciones estatales.

Contraste con El Salvador y otras naciones de la región

El enfoque de Asfura contrasta con la cultura política imperante en El Salvador bajo el presidente Nayib Bukele, donde la presencia simbólica del mandatario ha sido más prominente en el espacio público. Aunque no hay una política formal reciente que obligue a exhibir retratos del presidente en cada oficina, medios y analistas han observado una fuerte presencia mediática de Bukele y de su imagen asociada al Estado durante sus años de gobierno, tanto en redes sociales como en actos públicos y anuncios oficiales.

Bukele, que asegura altos índices de popularidad pese a críticas por su estilo de gobierno y políticas de seguridad controvertidas, ha sido identificado por observadores internacionales como un mandatario con un enfoque comunicacional muy personalizado, lo que algunos definen como un “culto alrededor de su figura” promovido en parte por su uso intensivo de redes y medios.

Organizaciones internacionales han señalado que bajo su mandato se han adoptado medidas que concentran poder político y reducen la independencia institucional, como el reemplazo de magistrados y fiscales afines a su proyecto político, lo que ha generado advertencias sobre el balance del Estado de derecho en El Salvador.

En países como Guatemala o Costa Rica, la tradición es exhibir el retrato presidencial en oficinas públicas como parte de la representación institucional del Estado, aunque sin la misma intensidad mediática y culto a la personalidad que observan especialistas en el caso salvadoreño. Por ejemplo, Guatemala ha enfrentado crisis de seguridad y debates más centrados en políticas de seguridad y diálogo con diversos actores sociales, sin un protagonismo tan marcado de la figura presidencial en símbolos cotidianos.

Representantes de la oposición en Honduras han visto la medida como parte de un intento de reconfigurar la imagen del Estado después de un proceso electoral que fue altamente disputado y marcado por acusaciones sobre irregularidades y tensiones políticas, aunque Asfura prometió un gobierno centrado en soluciones “reales” a los problemas sociales.

El contraste con El Salvador se vuelve útil para evaluar cómo distintos líderes centroamericanos están gestionando la percepción pública del poder ejecutivo: desde actos simbólicos de moderación y humildad en Honduras hasta un estilo más personalizado y omnipresente en El Salvador. La presencia física y simbólica del mandatario puede variar según la cultura política de cada país, pero en todos los casos está ligada a cómo los gobiernos buscan proyectar legitimidad, valores y cercanía con la ciudadanía en momentos de tensión social, económica y política.

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