La región centroamericana ha cruzado un umbral crítico en su seguridad alimentaria. Lo que antes era una dificultad logística se ha convertido en una incapacidad estructural para alimentar a su propia población. Al inicio de este 2026, el istmo no solo importa más comida que nunca, sino que lo hace a los precios más altos de la década.
Los países del istmo centroamericano cerraron el ejercicio 2025 con un agravamiento de su déficit comercial agropecuario, confirmando la incapacidad de la región para alcanzar la autosuficiencia alimentaria. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la región importa actualmente más del 40% de los granos básicos y proteínas que consume, una dependencia que ha disparado los precios locales ante la volatilidad de los mercados internacionales.
A pesar de tener una base económica históricamente agrícola, la producción de maíz, frijol y arroz en el Triángulo Norte (El Salvador, Guatemala y Honduras) ha registrado una caída sostenida:
- Maíz y Arroz: El Salvador y Costa Rica dependen en más de un 80% de las importaciones de arroz y maíz amarillo (principalmente de EE. UU. y Brasil) para cubrir su demanda interna y la industria de concentrados para animales.
- Frijol: El Salvador, el mayor consumidor per cápita de la región, ya no produce lo suficiente para su consumo anual, dependiendo de las cosechas de Nicaragua, país que actúa como el «granero remanente», pero cuya producción también se ha visto afectada por el costo de los insumos.
La incapacidad de producir alimentos localmente ha dejado a la población expuesta a la inflación importada. En 2025, el costo de la canasta básica alimentaria en la región experimentó las siguientes variaciones:
- El Salvador y Guatemala: Registraron alzas acumuladas de entre el 7% y el 10% en el rubro de alimentos. En el caso salvadoreño, el costo de la canasta básica urbana superó los $260, niveles récord para la economía nacional.
- Honduras y Nicaragua: A pesar de ser productores, el alza en los fertilizantes (que son 100% importados) elevó el precio de venta final de las hortalizas y granos, afectando el acceso de las familias de menores ingresos.
El informe del Consejo Agropecuario Centroamericano destaca tres hechos comprobables que impiden la autosuficiencia:
- Dependencia de Insumos: La región no produce fertilizantes nitrogenados. El aumento de precios globales en la urea y el potasio ha encarecido el costo de producción por manzana en un 35% en los últimos dos años.
- Cambio Climático: El corredor seco centroamericano ha perdido, por cuarto año consecutivo, una parte significativa de la «cosecha de postrera» debido a la irregularidad de las lluvias, obligando a los gobiernos a recurrir a cuotas de importación extraordinarias para evitar el desabastecimiento.
- Baja Tecnificación: El rendimiento por hectárea en Centroamérica es, en promedio, 3 veces menor que en los países exportadores como EE. UU. o México, debido a la falta de sistemas de riego y semillas mejoradas.
El Programa Mundial de Alimentos (PMA) reporta que, al inicio de 2026, más de 8.5 millones de centroamericanos se encuentran en situación de inseguridad alimentaria moderada o grave. La incapacidad de estabilizar los precios internos mediante la producción propia ha forzado a los gobiernos de la región a eliminar aranceles de importación para alimentos de terceros países, una medida que, aunque contiene el desabastecimiento, desincentiva aún más al productor local.
