Las olas de calor no solo elevan la sensación térmica: también multiplican los problemas de salud que llegan a hospitales y centros de atención. Un estudio realizado en Chicago detectó que, cuando la temperatura supera los 33,7℃, aumentan no solo los cuadros típicamente asociados al calor, sino también enfermedades renales, afecciones en la piel, problemas venosos, accidentes, agresiones y trastornos de salud mental vinculados al consumo de cannabis.
La investigación se publicó en la revista Science Advancesy usó un enfoque distinto al habitual. En vez de buscar solo diagnósticos que mencionaran el calor de forma explícita, el equipo examinó 1.803 diagnósticos registrados en casi un millón de consultas médicas durante los meses cálidos en Chicago. Los autores no se limitaron a contar golpes de calor o agotamiento por altas temperaturas: revisaron qué otros problemas aparecían con más frecuencia cuando el termómetro subía.
La imagen más conocida del calor extremo suele ser la deshidratación. Ese problema aparece, pero el nuevo trabajo amplía el mapa. Los investigadores encontraron incrementos en problemas de riñón, trastornos cutáneos, venas varicosas, lesiones por agresión, heridas por disparos accidentales, accidentes de tránsito, picaduras e inflamaciones y alteraciones mentales o conductuales relacionadas con el cannabis.
Entre los hallazgos más llamativos aparecen los trastornos renales. Varios de los diagnósticos que mostraron aumentos tenían relación con el funcionamiento de los riñones y el equilibrio de líquidos del cuerpo. Traducido a un lenguaje cotidiano, el calor puede alterar la hidratación y forzar más al organismo, algo que impacta en órganos que regulan agua y sales.
Por qué el calor puede empeorar problemas que no parecen relacionados
Uno de los aportes centrales del estudio es que el calor no actúa solo como una amenaza directa, sino como un factor que desestabiliza condiciones previas o agrava situaciones de riesgo. Entre los diagnósticos asociados al calor extremo aparecieron incluso esclerosis múltiple, erupciones cutáneas, hinchazón, insuficiencia renal aguda y distintos tipos de lesiones.
El autor principal del trabajo, Hyojung Jang, de la Northwestern University Feinberg School of Medicine, señaló que “si solo estamos registrando las enfermedades relacionadas con el calor más conocidas, subestimaremos la verdadera carga sanitaria asociada al calor”. La idea apunta a que si el sistema solo cuenta los casos más obvios, una parte importante del daño sanitario queda fuera de las estadísticas.
Eso también explica por qué el estudio encontró asociaciones con áreas que a primera vista parecen ajenas al clima. Los autores observaron más episodios de salud mental vinculados al cannabis durante los días de calor extremo. El médico Abel Kho, autor sénior del estudio, explicó que cuando el cuerpo atraviesa estrés fisiológico ciertos consumos o medicamentos pueden intensificar sus efectos. Si el organismo ya está bajo presión por la temperatura, algunas sustancias pueden pegar más fuerte o generar más complicaciones.
Violencia, accidentes y heridas también suben con las altas temperaturas
El trabajo también detectó un incremento fuerte en lesiones externas. Algunos problemas se duplicaron o triplicaron, y en el caso de las heridas accidentales por arma de fuego el salto superó las 30 veces frente a los días con temperaturas por debajo de 33,3 ℃. Los registros también mostraron un alza todavía mayor en lesiones por agresiones no especificadas.
La relación entre calor y violencia o accidentes ya había sido explorada en otras investigaciones, aunque aquí aparece con una base clínica amplia. Daniel Horton, científico del clima y coautor del estudio, sostuvo que “cuando hace calor afuera, el cuerpo se estresa y la mente también”. El calor puede volver más difícil concentrarse, tolerar el malestar o reaccionar con calma, y ese combo puede derivar en choques, peleas o errores.
Entre los diagnósticos asociados también surgieron accidentes de tránsito, picaduras y mordeduras de insectos, además de cuadros vinculados con la piel. Ese punto importa porque amplía la noción de riesgo. Una ola de calor no afecta solo a quien trabaja al sol o hace actividad física en la calle: también modifica la vida urbana, la movilidad, la exposición ambiental y la respuesta del cuerpo ante molestias que en otro contexto serían menores.
Qué mostró el análisis de Chicago y por qué puede servir a otras ciudades
La base examinada incluyó 372.140 adultos que acudieron a guardias o centros de atención urgente. Las consultas analizadas correspondieron al período entre mayo y septiembre de 2011 a 2023. En ese lapso hubo 100 días de calor extremo en Chicago, concentrados sobre todo en julio y agosto.
Aunque el trabajo se enfocó en una sola ciudad, los especialistas consultados remarcaron que sus resultados tienen valor más amplio. El investigador Jonathan Patz, de la University of Wisconsin, afirmó que el estudio “ayuda a confirmar que hemos estado subestimando los riesgos para la salud por la exposición al calor”. La médica canadiense Courtney Howard, ligó esos hallazgos con el impacto de la crisis climática sobre los sistemas sanitarios y los costos de atención.
El propio Kho recordó una idea conocida entre quienes trabajan en emergencias. “El sonido de la ciudad es el sonido de las ambulancias”, dijo. Más adelante resumió la experiencia de las guardias con otra frase: “Cuando hace calor, la noche va a estar movida.” La escena no describe solo un verano incómodo, sino una presión concreta sobre hospitales y centros médicos cuando las temperaturas se disparan.
El trabajo sugiere que las alertas por calor deberían contemplar mucho más que la prevención del golpe de calor. Personas con enfermedad renal, problemas venosos, esclerosis múltiple u otras condiciones crónicas podrían necesitar cuidados extra en jornadas extremas. Lo mismo vale para el consumo de ciertas sustancias y para situaciones cotidianas como conducir, trabajar al aire libre o pasar muchas horas sin refrigeración adecuada.
Los expertos señalaron que su método puede aplicarse en otras ciudades, estados o países y también cruzarse con otros registros, como llamados a ambulancias o certificados de defunción. Esa línea abre la puerta a sistemas de vigilancia más finos en un escenario de olas de calor cada vez más frecuentes, intensas y duraderas.