El costo de poner comida en la mesa volvió a subir en El Salvador. Según cifras oficiales del Banco Central de Reserva (BCR), el precio mensual de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) urbana pasó de $253.05 en junio de 2025 a $259.95 en junio de 2026, un incremento de $6.89, equivalente a 2.72%. En la zona rural el alza fue similar en términos porcentuales: de $184.56 a $189.56, un aumento de $4.99 (también 2.7%). Al cierre del primer semestre, el promedio anual de la canasta se ubicó en $255.50 en el área urbana y $185.57 en la rural, frente a $250.12 y $184.44, respectivamente, un año antes.
La cifra confirma una tendencia sostenida: el primer semestre de 2026 cerró con la CBA urbana en niveles cercanos a los $260, tras haber arrancado el año en $250.82 en enero. No es un dato aislado. Reportes previos del propio BCR ya habían documentado que, entre abril de 2025 y abril de 2026, el gasto diario para alimentar a una familia promedio de 3.73 miembros pasó de $8.24 a $9.44, es decir, un alza mensual de $9.44 dólares en ese período específico —una variación aún mayor que la registrada entre junio y junio—, lo que sugiere que la presión sobre los precios de los alimentos no ha sido uniforme mes a mes, sino que ha tenido picos más pronunciados en ciertos tramos del año.
Qué producto empuja el alza
El desglose por rubros que el BCR reporta periódicamente permite identificar dónde se concentra la presión. De acuerdo con los datos oficiales correspondientes a abril de 2026 —el corte más reciente con desagregación por producto disponible públicamente al cierre de esta nota—, las tortillas, el carbohidrato de mayor consumo per cápita en el país (unos 223 gramos diarios por persona), pasaron de costar $0.2397 a $0.2539 por persona al día en apenas doce meses. Las carnes, el rubro de mayor peso dentro del gasto alimentario diario, subieron de $0.5070 a $0.5326. Las verduras avanzaron de $0.2047 a $0.2289, y la leche fluida, de $0.1187 a $0.1278.
Ese patrón —carnes, lácteos y verduras encareciéndose por encima del resto de la canasta— es consistente con lo que documentan también los reportes semestrales del Banco: los rubros proteicos y perecederos tienden a absorber una porción creciente del presupuesto familiar diario, mientras que productos como el pan francés, el frijol y el arroz han mostrado en algunos cortes del año variaciones más moderadas o incluso leves reducciones puntuales, sin que ello compense el efecto acumulado de los alimentos que sí suben.
La cuenta que no cuadra: canasta básica versus salario mínimo
El dato que rara vez se pone en perspectiva es qué proporción del ingreso de un trabajador salvadoreño representa hoy alimentar a su familia. El salario mínimo vigente desde junio de 2025 —el más reciente ajuste oficial— se fija en $408.80 mensuales para los sectores de comercio y servicios, $402.26 para el sector maquila, y $272.72 para los trabajadores del sector agrícola, según cifras del propio Gobierno recogidas en reportes de agencias internacionales como EFE.
Al cruzar estas cifras con el costo actual de la canasta básica alimentaria, el panorama es revelador:
- Un trabajador del sector comercio y servicios, con el salario mínimo más alto del país ($408.80), destina hoy 63.6% de su ingreso mensual únicamente a cubrir la CBA urbana ($259.95), sin contar vivienda, transporte, salud, educación ni ningún otro gasto del hogar.
- Un trabajador de maquila ($402.26 mensuales) debe destinar 64.6% de su salario solo para alimentación básica urbana.
- Un trabajador agrícola, el segmento con el salario mínimo más bajo del país ($272.72), enfrenta la situación más crítica: si su hogar consume la canasta básica alimentaria de referencia rural ($189.56), esta representa 69.5% de su ingreso mensual; si su núcleo familiar debe cubrir gastos equivalentes a la canasta urbana, la proporción se dispara a 95.3% de su salario completo.
Estas proporciones se refieren únicamente a la Canasta Básica Alimentaria, es decir, el costo mínimo de alimentación. El BCR y otras instituciones económicas suelen utilizar también el indicador de la Canasta Básica Ampliada (que además de alimentos incluye vivienda, vestuario, salud y transporte, y que normalmente equivale a alrededor del doble del valor de la CBA) para medir la línea de pobreza; bajo ese estándar más amplio, la brecha entre el salario mínimo —particularmente el agrícola— y el costo real de sostener un hogar sería todavía mayor, aunque ese cálculo específico no fue objeto de un reporte oficial actualizado al cierre de esta nota.
Una dependencia estructural que explica la presión
Detrás de estas cifras hay un factor estructural que el propio BCR y economistas consultados por medios especializados han señalado de forma reiterada: El Salvador importa una parte sustancial de los alimentos que componen su canasta básica. Según datos oficiales, el país trae del exterior aproximadamente 90% de las hortalizas y verduras que consume, 60% de los productos lácteos, 33% del arroz, 32% del maíz y 25% del frijol, principalmente desde Guatemala, Honduras y Nicaragua. Esa dependencia hace que cualquier variación en las cosechas regionales, en los costos de transporte o en el tipo de cambio de los países proveedores se traslade con relativa rapidez a los precios que paga el consumidor salvadoreño, sin que el país tenga mucho margen de maniobra sobre esos factores externos.
El costo de vida, primera preocupación ciudadana
El impacto de estas cifras no es solo estadístico. Una encuesta del Instituto Universitario de Opinión Pública (Iudop) de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, presentada en enero de 2026, identificó a la economía como el principal problema del país para el 28.4% de la población consultada, seguido del alto costo de la vida (8.4%) y el desempleo (8.1%). Es la segunda vez consecutiva, según ese mismo estudio, que las preocupaciones económicas superan a la inseguridad y las pandillas como la principal inquietud ciudadana, un giro que contrasta con años anteriores en los que el tema de seguridad dominaba las encuestas de percepción.
Una tendencia de fondo, no un episodio aislado
Puesto en perspectiva histórica, el costo de la canasta básica alimentaria urbana ha subido de forma sostenida durante la última década: de un promedio de $200.02 en 2019 a $256.02 en 2024, según cifras históricas del propio BCR. La lectura de junio de 2026 confirma que esa trayectoria no se ha revertido; por el contrario, se combina ahora con un factor climático adicional —la sequía asociada al fortalecimiento de El Niño en la región, que este mismo medio ha documentado en reportes recientes sobre el impacto en cultivos de maíz y frijol— que introduce un riesgo adicional sobre la oferta interna de alimentos en los próximos meses, justo en momentos en que el bolsillo de las familias salvadoreñas ya muestra signos de tensión.
Fuentes: Banco Central de Reserva de El Salvador (BCR), Infobae El Salvador, Forbes Centroamérica, Revista E&N (EFE), Instituto Universitario de Opinión Pública (Iudop-UCA).
Nota metodológica: los porcentajes de salario destinado a la canasta básica fueron calculados por esta redacción dividiendo el costo mensual de la CBA (BCR, junio 2026) entre el salario mínimo mensual vigente por sector (Gobierno de El Salvador, junio 2025), y no constituyen una cifra publicada directamente por el BCR. El desglose de precios por producto corresponde al corte de abril de 2026, el más reciente con esa desagregación disponible en fuentes públicas al momento de esta redacción; podría existir variación adicional entre abril y junio de 2026 que no está reflejada en el detalle por rubro.