Estrés hídrico se agrava presionando precios de alimentos en El Salvador

El panorama climatológico para la próxima semana confirma lo que los organismos internacionales vienen advirtiendo desde mediados de año: el fenómeno de El Niño 2026-2027 se está consolidando como uno de los eventos más intensos registrados, con efectos directos sobre la disponibilidad de agua, la producción agrícola y el costo de los alimentos en el Corredor Seco centroamericano, con El Salvador entre los países más expuestos.

Lo que dice la NOAA

El Centro de Predicción Climática (CPC) de la NOAA, en su Resumen Global de Riesgos Climáticos correspondiente al 20 al 26 de agosto —elaborado junto con NASA, USGS y USDA dentro del sistema FEWS NET—, señala que el Niño continúa fortaleciéndose y que el calor anómalo representa una amenaza en varias regiones, entre ellas Centroamérica, mientras la sequedad empeora tanto en Centroamérica como en Venezuela. Para la región centroamericana específicamente, el reporte indica que la sequedad anómala se está expandiendo en zonas de Guatemala y el occidente de Honduras, y que durante la semana pasada el sureste de Guatemala, el sur de Honduras y el occidente de Nicaragua registraron muy poca o ninguna lluvia, mientras que en los últimos 30 días las condiciones por debajo del promedio se agravaron en zonas de Guatemala, la región del Golfo de Fonseca y el occidente de Honduras, con temperaturas máximas hasta 6°C por encima del promedio en el tramo norte y en la vertiente del Pacífico.

Para los próximos siete días, la NOAA proyecta que se espera lluvia moderada a fuerte en el centro-este de Guatemala, el sur de Belice, el este de Honduras, el este de Nicaragua, Costa Rica y Panamá, pero que gran parte de Centroamérica —donde se ubica El Salvador— continuará con lluvia muy por debajo del promedio, junto con condiciones de calor anormal que persistirán en el norte de Guatemala y en toda la vertiente del Pacífico. En otras palabras: la franja donde se concentra la mayor parte del territorio salvadoreño queda, semana tras semana, del lado seco del mapa.

En el plano estacional, el CPC ha ido revisando al alza la probabilidad de un evento histórico: la probabilidad de un El Niño “muy fuerte” para el trimestre octubre-diciembre subió de 63% en junio a más de 90% en agosto, con una probabilidad de 69% de que se trate de un evento que supere a todos los registrados desde 1950.

Lo que aporta NASA

Los mapas de estimación satelital de lluvia (producto IMERG de NASA), incorporados al mismo boletín de la NOAA, respaldan la lectura de terreno: son la base de las figuras de acumulados de siete y treinta días que muestran los déficits crecientes sobre el tramo del Pacífico centroamericano. Esta misma fuente satelital es la que ha permitido documentar, mes a mes, que las lluvias del corredor seco salvadoreño han quedado sistemáticamente por debajo de sus promedios climatológicos desde el inicio de la canícula.

Lo que muestran los modelos europeos

El seguimiento estacional del ECMWF —el modelo europeo de referencia global— coincide con la lectura de la NOAA. Sus salidas de conjunto (ensemble) para el trimestre agosto-octubre sitúan la anomalía de temperatura superficial del océano en la zona Niño 3.4 acercándose a los +3°C hacia el pico del evento, en línea con el diagnóstico del Boletín Climático Estacional Global de la Organización Meteorológica Mundial, que para el trimestre agosto-septiembre-octubre de 2026 anticipa un desarrollo rápido hacia condiciones de El Niño fuerte, con una anomalía de temperatura superficial del mar prevista de aproximadamente 2,9°C, con una trayectoria de intensificación que alcanzaría su pico en noviembre y con un margen de dispersión entre los distintos sistemas de pronóstico que es estrecho, lo que refleja una confianza alta. Esa convergencia entre el modelo europeo y las herramientas de la NOAA es, en sí misma, una señal relevante: no hay disenso relevante entre los grandes centros de pronóstico sobre la persistencia del patrón seco.

El caso salvadoreño

El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) ha traducido este panorama global a cifras nacionales. Para agosto de 2026 pronostica un acumulado de lluvia de 231.7 milímetros a escala nacional, frente a un promedio histórico (serie 1991-2020) de 305.5 milímetros, es decir, un déficit cercano al 24%. El propio MARN advierte que las condiciones climáticas de agosto a octubre estarán fuertemente influenciadas por El Niño, con un comportamiento de lluvias mayormente bajo lo normal y un predominio de temperaturas arriba de lo normal, y calcula una probabilidad media, de 40% a 60%, de que ocurra al menos una ola de calor durante agosto, mes en el que, según el ministro Fernando López, el calor será más intenso que en el resto del período agosto-noviembre.

El boletín regional Agricultura y Clima de la Secretaría Ejecutiva del Consejo Agropecuario Centroamericano (SECAC) —el instrumento técnico que integra la información de NOAA, NASA y los servicios meteorológicos nacionales para uso agropecuario— es, quizás, el documento más contundente de la semana. Confirma que Honduras y El Salvador verán la mayor parte de su territorio con lluvias por debajo del promedio, salvo algunas zonas puntuales, y advierte que el déficit de precipitaciones y las altas temperaturas reducirán la humedad disponible en el suelo, afectando el establecimiento y desarrollo de los cultivos, particularmente en la agricultura de secano. El mismo boletín señala que la disminución de lluvias y el aumento de calor reducirán la disponibilidad y calidad de las pasturas, elevando el estrés térmico y las necesidades de agua para el ganado, con impacto directo en la productividad pecuaria, y que la variabilidad climática puede favorecer la aparición de plagas y enfermedades, por lo que se recomienda intensificar el monitoreo fitosanitario. Los países del SICA ya ratificaron una Declaratoria de Estado Regional de Alerta Preventiva para el Sector Agropecuario, activando planes nacionales de respuesta ante El Niño.

El costo humano: cosechas y hogares rurales

El diagnóstico de campo confirma el pronóstico de escritorio. El ingeniero agrónomo Walter Gómez, del Centro Salvadoreño de Tecnología Apropiada (CESTA), documentó a mediados de agosto que las sequías meteorológicas ya se reflejan en una pérdida acumulada del 30% de las siembras en zonas altamente vulnerables del corredor seco —San Vicente Sur, Usulután Oeste, el Bajo Lempa y el norte de Ahuachapán—, con plantas de maíz que florecen a una altura mínima sin desarrollar grano, o se secan por completo debido al estrés hídrico, afectando a más de 400,000 pequeños productores del país. El propio boletín SECAC advierte que los efectos van más allá del trimestre analizado: la reducción de rendimientos o la pérdida de cosechas puede disminuir los ingresos de los hogares rurales y agotar las reservas de alimentos, con mayor impacto en territorios vulnerables como el Corredor Seco. Un informe conjunto de FAO y el Programa Mundial de Alimentos ya ubicó al Corredor Seco entre los 13 focos críticos globales que requieren atención urgente entre junio y noviembre de 2026.

El correlato en los precios

La traducción económica de este cuadro ya es visible en las cifras oficiales. Según el Centro para la Defensa del Consumidor (CDC), la canasta básica urbana cerró junio de 2026 en 259.95 dólares y la rural en 189.56 dólares, con alzas interanuales de alrededor de siete y seis dólares respectivamente, impulsadas principalmente por incrementos de hasta 11% en productos como la leche, las carnes y los huevos. El representante del CDC fue explícito sobre el vínculo climático: ya se habla de una canícula bastante prolongada en septiembre, cuyo impacto golpeará fuertemente la seguridad alimentaria y nutricional del país.

En los granos básicos, el efecto ya se refleja en los mercados mayoristas. FEWS NET reportó que el precio del maíz blanco en El Salvador cerró julio de 2026 entre 12% y 35% por encima del promedio de los últimos cinco años, presión que se explica sobre todo por la demora en las siembras de la primera temporada agrícola, que limitó la disponibilidad interna en los principales mercados mayoristas. La misma fuente anticipa que los precios del maíz blanco seguirán subiendo gradualmente hasta que llegue la cosecha de Primera, aunque el flujo de importaciones podría moderar el alza, mientras que los precios del frijol rojo y negro también subirán por una producción regional inferior al promedio. La escasez regional de frijol ya llevó a El Salvador a buscar proveedores fuera del hemisferio: el país recurrió a Etiopía para abastecerse de frijol rojo y aliviar el costo de los alimentos, en momentos en que la cosecha salvadoreña de Primera, retrasada y escalonada, podría llegar apenas entre agosto y septiembre, prolongando la temporada de escasez estacional conocida como “temporada de hambre”.

Ese riesgo se amplifica por una vulnerabilidad estructural: El Salvador depende de las importaciones para una parte sustancial de su canasta alimentaria. Según datos oficiales, el país importa alrededor del 90% de las hortalizas y verduras, 60% de los lácteos, 32% del maíz, 25% del frijol y cerca del 33% del arroz que consume, en su mayoría desde Guatemala, Honduras y Nicaragua —economías que enfrentan el mismo patrón de sequía—, lo que hace al mercado salvadoreño doblemente sensible: a su propia cosecha y a la de sus vecinos.

En síntesis

La convergencia de fuentes —NOAA/CPC, NASA (vía IMERG y el sistema FEWS NET), el modelo europeo ECMWF y el boletín agroclimático regional del SICA— apunta en una sola dirección para la próxima semana y el resto del trimestre: persistencia de un déficit de lluvia significativo sobre el Corredor Seco, temperaturas por encima del promedio, y un Niño que continúa camino a convertirse en uno de los más fuertes del registro histórico. Para El Salvador, eso significa mayor estrés hídrico en cultivos de secano como maíz y frijol, pérdidas ya documentadas en zonas del corredor seco, presión adicional sobre el ganado por escasez de pastura, y —en la punta final de la cadena— una canasta básica que ya subía antes de la canícula y que, según los propios organismos consultados, probablemente seguirá haciéndolo mientras no llegue la cosecha de Primera al mercado.

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