El rey Carlos III y la reina Camila aterrizaron el lunes en la base aérea de Joint Base Andrews, en Maryland, para iniciar la visita de Estado más cargada de expectativas del reinado del monarca. En la Casa Blanca, el presidente Donald Trump y la primera dama, Melania Trump, los recibieron en el pórtico sur antes de compartir un té privado en el Salón Verde. La velada concluyó con un recorrido por la colmena ampliada del Jardín Sur, presentada por el Gobierno como una iniciativa medioambiental del complejo presidencial.
La llegada se produce en un momento de singular tensión en la “relación especial” entre ambos países. La guerra contra Irán, iniciada por Estados Unidos e Israel a finales de febrero, abrió una inusual brecha entre Washington y Londres. Trump criticó al primer ministro Keir Starmer por negarse a participar militarmente y por no ceder activos navales para desbloquear el estrecho de Ormuz. Starmer respondió que no era su guerra. La visita del monarca, quien por mandato constitucional debe mantenerse al margen de la política, llega en parte como gesto diplomático de Londres para amortiguar esas fricciones.
El viaje estuvo precedido por un incidente de seguridad. El sábado, un hombre armado disparó en las inmediaciones de la cena anual de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, en el hotel Washington Hilton, donde se encontraban Trump, el vicepresidente JD Vance y miembros del gabinete. Todos fueron evacuados por el Servicio Secreto y un agente resultó herido, sin riesgo vital. El detenido, Cole Tomas Allen, fue acusado este lunes en un tribunal federal de tres cargos, entre ellos intento de asesinato del presidente. El Palacio de Buckingham confirmó que la visita seguiría adelante con ajustes de seguridad.
La agenda del martes es densa. Los reyes participarán en la ceremonia oficial en el Jardín Sur, con una guardia de 300 efectivos, una salva de 21 cañonazos y representantes de las seis ramas de las Fuerzas Armadas. Carlos III y Trump mantendrán después una reunión bilateral en el Despacho Oval.
El momento de mayor simbolismo llegará esa tarde: el rey se dirigirá al Congreso en sesión conjunta, convirtiéndose en el primer miembro de la realeza británica en hacerlo desde 1991, cuando Isabel II se convirtió en la primera monarca de su país en hablar ante la Cámara. El discurso abordará la guerra en Ucrania y el valor de las alianzas internacionales, según fuentes próximas a la Casa Real. La jornada concluirá con el banquete de gala en el Salón Este de la Casa Blanca.
La visita se enmarca en el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, declarada en 1776 durante el reinado de Jorge III, antepasado en quinta generación del actual monarca. Es la primera vista de un soberano británico desde que Isabel II visitó Washington en mayo de 2007. Para Carlos III, que accedió al trono en septiembre de 2022, representa además su primer viaje oficial a suelo estadounidense como jefe de Estado.
El itinerario incluye escalas en Nueva York —donde el miércoles visitarán el memorial del 11-S y un proyecto comunitario en Harlem— y en Virginia, antes de volar el jueves a Bermuda, territorio británico de ultramar que el rey recorrerá como soberano por primera vez.
Trump, recibido en Windsor con una cena de Estado en septiembre de 2025, afirmó días antes que la presencia del monarca podría contribuir a reparar la relación bilateral. La cuestión es si la calidez del ceremonial logrará compensar, aunque sea temporalmente, las diferencias estratégicas que separan a los dos gobiernos sobre la guerra en Irán.