Alimentar a una familia en El Salvador exige cada vez una mayor proporción de los ingresos de los hogares que viven con salarios bajos. La Canasta Básica Alimentaria (CBA) urbana alcanzó $261.48 en julio de 2026, después de aumentar $1.53 en un solo mes y acumular un incremento de $10.66 desde enero, según los datos de la Oficina Nacional de Estadística y Censos (ONEC) del Banco Central de Reserva (BCR).
El dato adquiere mayor relevancia cuando se compara con los ingresos laborales. El salario mínimo vigente para los sectores de comercio, servicios e industria es de $408.80 mensuales, de acuerdo con las tarifas aprobadas en 2025 y que continúan vigentes en 2026, eso significa que una CBA urbana de $261.48 equivale al 63.96% del salario mínimo bruto de $408.80.
Dicho de otra manera, un trabajador que percibe el salario mínimo tendría que destinar casi $64 de cada $100 de su salario bruto únicamente para cubrir el costo estadístico de la alimentación básica de una familia.
Y todavía hay una diferencia más importante.
Si se descuentan las cotizaciones obligatorias de seguridad social y pensiones, el ingreso disponible se reduce. Con una deducción aproximada de 3% para ISSS y 7.25% para AFP, el salario neto ronda los $366.90, por lo que la CBA representa aproximadamente 71.3% del ingreso neto.
Después de cubrir esos alimentos, quedarían alrededor de $105.40 para afrontar el resto de los gastos del hogar.
La comida no es el único gasto
Aquí aparece la principal dimensión social del problema, la Canasta Básica Alimentaria no representa el costo total de vida de una familia. Mide únicamente un conjunto de alimentos considerado necesario para cubrir determinados requerimientos nutricionales. El hogar todavía debe pagar vivienda, agua, electricidad, transporte, educación, medicamentos, atención médica, comunicaciones, vestuario, higiene y otros gastos cotidianos.
Por ello, que la CBA absorba cerca de 64% del salario mínimo no significa que el resto del ingreso sea suficiente para cubrir las necesidades de una familia.
Significa, por el contrario, que para los trabajadores ubicados en la parte inferior de la distribución salarial, la alimentación deja un margen muy reducido para afrontar el resto de las obligaciones del hogar.
Julio vuelve a encarecer la mesa
El costo de la CBA urbana pasó de $259.95 en junio a $261.48 en julio, un incremento mensual de $1.53, equivalente a 0.59%. El costo diario por familia llegó a $8.71, mientras que el costo diario por persona se situó en aproximadamente $2.12.
El incremento no fue provocado por un solo producto.
La ONEC registró aumentos en las raciones correspondientes a arroz, carnes, grasas, huevos, frutas, verduras, frijoles y azúcar. En contraste, disminuyeron las raciones de pan francés, tortillas y leche fluida.
El resultado es una canasta que acumula una subida de 4.2% en los primeros siete meses de 2026 y que se encuentra $6.40 por encima del valor registrado un año antes, de acuerdo con el historial estadístico citado por la ONEC.
Uno de los niveles más altos registrados
El precio de julio también destaca cuando se observa la serie histórica.
Con $261.48, la CBA urbana se encuentra entre las más caras desde que existe el registro comparable iniciado en 2001, solamente los valores de junio de 2024 ($262.17) y julio de 2024 ($264.91) fueron superiores, según el historial de la ONEC.
El dato permite colocar el aumento de 2026 en una perspectiva más amplia: no se trata únicamente de una variación mensual, sino de un costo de alimentación que permanece en niveles históricamente elevados.
El problema se vuelve mayor para los hogares con un solo ingreso
La comparación entre CBA y salario mínimo debe interpretarse con cuidado porque se trata de dos magnitudes diferentes.
La CBA representa el costo de alimentación de un hogar, mientras que el salario mínimo corresponde a la remuneración individual de un trabajador, pero precisamente esa diferencia permite dimensionar una de las dificultades que enfrentan los hogares de menores ingresos.
Cuando una familia depende de un solo salario mínimo, el ingreso laboral de una persona debe financiar las necesidades de varios integrantes, por ello, incluso si la CBA representa 64% del salario mínimo bruto, el esfuerzo económico real del hogar puede ser considerablemente mayor, dependiendo del número de personas, sus ingresos adicionales y sus gastos no alimentarios.
El salario agrícola muestra otra realidad
La situación es todavía diferente en el sector agropecuario. El salario mínimo mensual vigente para el sector agropecuario es de $305.23, según las tarifas actualmente aplicables.
Si se compara ese ingreso con la CBA rural de $186.50, la alimentación representa aproximadamente 61.1% del salario mínimo agrícola bruto, sin embargo, esta comparación debe manejarse con mayor cautela.
La CBA rural no es equivalente a la urbana. Su metodología tiene un origen diferente y contempla una cantidad menor de raciones. Por ejemplo, no incorpora las raciones de verduras ni de pan francés que sí forman parte de la canasta urbana.
Por ello, el menor precio de la canasta rural no necesariamente significa que las familias rurales tengan una situación alimentaria más holgada.
La canasta rural bajó, pero la brecha metodológica permanece
Durante julio, la CBA rural descendió $3.05, hasta situarse en $186.50. La reducción mensual contrasta con el comportamiento urbano, pero el valor todavía se encuentra por encima del registrado al comenzar el año, según los datos de la ONEC.
En la zona rural aumentaron las raciones de arroz, carnes, grasas, huevos y frutas, mientras descendieron los precios correspondientes a tortillas, leche fluida y cocción. El azúcar no presentó variación.
El problema para las familias rurales es que sus ingresos también suelen estar sujetos a una estructura laboral diferente, con mayor exposición a actividades agropecuarias, empleo temporal e ingresos variables.
Por eso, utilizar exclusivamente la diferencia entre $186.50 de CBA rural y $261.48 de CBA urbana puede ofrecer una imagen incompleta de las condiciones económicas de ambos territorios.
¿Cuánto queda después de comprar los alimentos?
La comparación más sencilla permite visualizar el problema.
Trabajador de comercio, servicios o industria
Salario mínimo bruto: $408.80
CBA urbana: $261.48
Proporción del salario: 64.0%
Saldo bruto después de la CBA: $147.32
Pero después de las cotizaciones aproximadas de ISSS y AFP, el salario disponible se reduce a unos $366.90.
En ese escenario:
CBA: $261.48
Ingreso neto aproximado: $366.90
CBA como porcentaje del ingreso neto: 71.3%
Saldo después de alimentos: $105.42
Ese monto tendría que cubrir el resto de las necesidades del trabajador y su hogar.
Una canasta que no incluye vivienda ni transporte
Esta es posiblemente la diferencia más importante entre el indicador estadístico y la experiencia cotidiana de las familias.
Una persona puede mirar los $261.48 y pensar que ese es el costo de mantener a una familia durante un mes. No lo es, es el costo estimado de la alimentación básica bajo la metodología de la ONEC.
El hogar debe añadir alquiler o cuota de vivienda, electricidad, agua potable, transporte, educación, medicamentos, atención médica, ropa, artículos de higiene, comunicaciones y otros bienes y servicios, en consecuencia, la presión que ejerce la CBA sobre el presupuesto familiar es mucho mayor de lo que muestra la cifra aislada.
El aumento salarial no ha eliminado la presión alimentaria
El salario mínimo fue incrementado 12% a partir de junio de 2025. Para comercio, industria y servicios pasó de $365 a $408.80. Para el sector agropecuario se estableció en $272.53 inicialmente y posteriormente la tarifa publicada quedó en $305.23 para el sector agropecuario, según la estructura vigente de salarios mínimos, el incremento permitió elevar el ingreso nominal de los trabajadores que efectivamente reciben el salario mínimo.
Pero el comportamiento de los precios determina cuánto de ese aumento permanece como poder adquisitivo, si los alimentos aumentan, una parte del incremento salarial termina siendo absorbida por el costo de la vida.
Por ello, la discusión sobre salarios no puede limitarse a cuánto aumenta el sueldo nominal. También debe considerar qué cantidad de bienes y servicios puede comprar ese ingreso.
La percepción de los trabajadores
Una encuesta del Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) de la UCA, publicada en 2026, encontró que la población considera insuficiente el salario mínimo vigente.
Ante la pregunta sobre cuánto debería ser el salario mínimo si los precios permanecieran constantes, la ciudadanía estimó un promedio de $548.17, unos $139.37 por encima de los $408.80 vigentes para comercio y servicios.
Entre quienes actualmente ganan el salario mínimo, la expectativa promedio fue de $535.75.
La percepción ciudadana no constituye una medición oficial del costo de vida, pero sí aporta un elemento para comprender la distancia existente entre los ingresos mínimos y las necesidades que los hogares consideran necesarias para vivir.
El verdadero problema: el ingreso disponible
El dato de $261.48 puede parecer manejable cuando se observa de manera aislada, el problema aparece cuando se coloca junto al salario.
Un trabajador que recibe $408.80 brutos no dispone realmente de esa cantidad después de las deducciones obligatorias. Y aun suponiendo que pudiera destinar la totalidad de su salario neto a alimentación —algo imposible—, todavía tendría que cubrir otras necesidades esenciales, la ecuación es particularmente difícil para las familias en las que existe un único ingreso laboral, para quienes tienen hijos, para trabajadores informales con ingresos irregulares y para hogares que enfrentan gastos médicos o educativos inesperados.
Más que inflación: una cuestión de poder adquisitivo
El comportamiento de la canasta básica constituye uno de los indicadores más sensibles para medir cómo la evolución de los precios afecta directamente a los hogares, en julio de 2026, la CBA urbana no solamente aumentó respecto de junio, su valor de $261.48 la coloca nuevamente cerca de los máximos históricos de la serie.
Y mientras el costo de la alimentación representa aproximadamente 64% del salario mínimo bruto de comercio, industria y servicios, el margen restante debe absorber todos los demás gastos que no aparecen en la CBA.
Para los hogares con menores ingresos, la pregunta ya no es únicamente cuánto cuesta la comida, es cuánto dinero queda después de comprarla.
Ese es el indicador que mejor permite entender la presión que el costo de los alimentos ejerce sobre la economía cotidiana de miles de familias salvadoreñas.