El respaldo ciudadano al presidente Nayib Bukele se mantiene en niveles excepcionalmente altos, pero ese apoyo no se traslada ni a los partidos políticos ni a la Asamblea Legislativa, incluido el partido oficialista Nuevas Ideas y a sus aliados legislativos: el Partido Demócrata Cristiano (PDC) y el Partido de Concertación Nacional (PCN).
Diversas encuestas de opinión coinciden en un patrón claro: los salvadoreños apoyan al presidente, pero desconfían —e incluso desprecian— a los partidos y a la Asamblea Legislativa, a la que perciben como un órgano subordinado al Ejecutivo y alejado de la deliberación democrática.
Estudios recientes de Cid-Gallup confirman que más del 90 % de los salvadoreños aprueba la gestión personal de Bukele, colocándolo entre los mandatarios con mayor popularidad en América Latina. Sin embargo, ese respaldo se diluye abruptamente cuando se evalúa a las estructuras políticas que lo rodean, especialmente a los partidos y al Órgano Legislativo.
Nuevas Ideas y el desgaste del poder absoluto
Aunque Nuevas Ideas controla una amplia mayoría en la Asamblea Legislativa, encuestas del IUDOP-UCA y de firmas privadas muestran que el partido no goza del mismo nivel de confianza que el presidente. De hecho, los partidos políticos —incluido el oficialismo— se mantienen entre las instituciones peor evaluadas del país, con niveles de confianza que rondan o incluso caen por debajo del 35 %.
Analistas políticos señalan que, para amplios sectores de la población, Nuevas Ideas dejó de representar una ruptura con la vieja política y pasó a encarnar prácticas que históricamente fueron repudiadas: concentración de poder, aprobación automática de iniciativas del Ejecutivo y ausencia de contrapesos reales.
“La figura presidencial absorbe toda la legitimidad; el partido se ha convertido en un instrumento”, resume un politólogo consultado, quien advierte que este vaciamiento de credibilidad partidaria es uno de los rasgos más visibles del actual ciclo político.
“La gente respalda a Bukele, no a su partido”, resume un patrón recurrente en los sondeos. Muchos ciudadanos diferencian claramente entre el liderazgo presidencial y los diputados de Nuevas Ideas, a quienes responsabilizan de decisiones impopulares, aprobación automática de leyes y una relación distante con las demandas cotidianas de la población.
PDC y PCN: aliados cuestionados y señalados como “partidos bisagra”
El rechazo ciudadano se intensifica cuando se evalúa el papel del PDC y el PCN, partidos con larga trayectoria en la política salvadoreña que hoy operan como aliados permanentes de Nuevas Ideas en la Asamblea Legislativa. Para sectores académicos, organizaciones civiles y parte de la opinión pública, estas agrupaciones han abandonado cualquier identidad ideológica para convertirse en apéndices funcionales del oficialismo.
En redes sociales, foros ciudadanos y análisis especializados, ambos partidos son descritos con dureza como “lacayos políticos” o “socios inmorales del poder”, acusados de respaldar sin cuestionamientos decisiones clave del Ejecutivo a cambio de cuotas de poder, cargos o supervivencia electoral.
Este señalamiento no es nuevo, pero se ha intensificado a medida que PDC y PCN han votado sistemáticamente junto a Nuevas Ideas, reforzando la percepción de que la Asamblea Legislativa carece de independencia real y actúa como una instancia de ratificación automática.
Un sistema político en tensión
Informes de centros de análisis regionales advierten que esta combinación de popularidad presidencial extrema y desprestigio total de los partidos representa un riesgo para la institucionalidad democrática. La dependencia de partidos satélite como el PDC y el PCN, señalan, debilita aún más el pluralismo político y consolida un sistema donde el disenso es marginal.
Asamblea Legislativa, en el fondo de la confianza ciudadana
La Asamblea Legislativa, dominada por Nuevas Ideas, figura sistemáticamente entre las instituciones con menor credibilidad. Las encuestas muestran que mientras Bukele lidera la confianza institucional, el Legislativo aparece rezagado, junto con los partidos políticos, como uno de los órganos más rechazados.
Este desprecio se extiende incluso a votantes que apoyan al presidente, quienes reconocen avances en seguridad o gobernabilidad, pero expresan frustración por la falta de contrapesos, transparencia y discusión plural dentro del Parlamento.
Un fenómeno de apoyo personalista
Centros de análisis político y organismos internacionales advierten que El Salvador atraviesa un fenómeno de apoyo profundamente personalista, donde la legitimidad política se concentra casi exclusivamente en la figura presidencial, mientras los partidos —incluido el oficialista— pierden relevancia y credibilidad social.
El panorama político salvadoreño muestra una paradoja creciente: Nayib Bukele conserva un respaldo masivo, pero Nuevas Ideas, la Asamblea Legislativa y la clase política en general son vistos con desconfianza y, en muchos casos, con abierto desprecio. Este divorcio entre el presidente y su propio partido plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del modelo político actual y sobre qué ocurrirá cuando el capital político personal deje de ser suficiente para sostener el sistema.
El panorama político salvadoreño revela una paradoja cada vez más marcada: Nayib Bukele conserva un respaldo ciudadano extraordinario, mientras Nuevas Ideas, la Asamblea Legislativa y sus aliados tradicionales —PDC y PCN— enfrentan un creciente desprecio social. Para muchos salvadoreños, estos partidos han dejado de ser vehículos de representación y son percibidos como estructuras subordinadas al poder, un factor que profundiza la crisis de confianza en el sistema político y plantea serias dudas sobre su sostenibilidad a largo plazo.
Reportes del BTI Project y análisis académicos subrayan que esta desconexión entre liderazgo y partido debilita la institucionalidad democrática, al reducir la función de los partidos a meros instrumentos de poder, sin arraigo ciudadano ni vida interna sólida.