La «Guerra de Billeteras» por El Salvador: $80 millones de EE.UU frente a $500 millones de China

El Salvador se ha convertido en el epicentro de una competencia geopolítica donde el dinero es el principal mensaje. Mientras Washington mantiene un flujo de unos $80 millones de dólares anuales enfocados en la estabilidad social y la seguridad, Beijing maneja una apuesta de infraestructura que alcanza los $500 millones, creando un contraste drástico entre la «ayuda a las personas» y la «ayuda de cemento».

El contraste de las chequeras: Instituciones vs. Infraestructura

Los datos de cooperación para este ciclo fiscal 2026 muestran dos visiones opuestas de cómo influir en un país aliado:

  • Estados Unidos ($80 Millones): La asistencia de Washington, canalizada principalmente por USAID y la oficina de INL, se concentra en el capital humano. Estos fondos financian programas de creación de empleo, tecnificación para jóvenes en zonas de riesgo, combate al narcotráfico y modernización de sistemas judiciales. Es una ayuda diseñada para fortalecer la estructura interna del país y frenar la migración irregular.
  • China Popular ($500 Millones): La ayuda de Beijing se manifiesta en obras tangibles y monumentales. Este paquete de donaciones no reembolsables incluye el Nuevo Estadio Nacional, la Biblioteca Nacional (BINAES) y la Planta Potabilizadora de Ilopango. Con una inversión que quintuplica la asistencia líquida de EE.UU, China busca dejar una huella imborrable en el paisaje urbano salvadoreño.

China 2026: El avance del «Legado de Acero»

Este mes de enero, el avance de las obras chinas es el punto focal de la narrativa oficial. Con el Estadio Nacional en plena fase de construcción estructural, los $500 millones de Beijing ofrecen al Gobierno salvadoreño una vitrina de progreso inmediato y altamente fotografiable, sin las condiciones políticas que Washington suele adjuntar a sus desembolsos.

EE.UU 2026: El peso del mercado y la remesa

A pesar de que los $80 millones de Washington parecen menores ante la escala china, analistas advierten que la influencia estadounidense tiene una raíz mucho más profunda:

  1. Sostenibilidad: Los fondos de EE. UU. se dirigen a la formación de mano de obra para el «nearshoring», buscando que empresas estadounidenses se instalen en el país.
  2. El motor real: Mientras China dona edificios, el mercado estadounidense sostiene la economía salvadoreña. Las remesas de la diáspora (más de $8,200 millones anuales) y el intercambio comercial con EE. UU. siguen siendo, por mucho, el principal soporte de las familias salvadoreñas en 2026.

El desafío fiscal: ¿Quién pagará la cuenta del mantenimiento?

Economistas locales han encendido alertas sobre el costo oculto de la ayuda china. Aunque los $500 millones son una donación, el mantenimiento de estas megaobras tecnológicas recaerá sobre el presupuesto estatal.

«Un estadio o una biblioteca de primer mundo requieren presupuestos de mantenimiento de primer mundo. Con una deuda pública cercana al 90% del PIB, el desafío para El Salvador en la segunda mitad de 2026 será asegurar que estos ‘regalos’ no se conviertan en una carga fiscal insostenible», señalan expertos financieros.

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