El proyecto educativo del gobierno salvadoreño ha logrado que las escuelas públicas estén hoy mejor equipadas técnicamente que hace una década. La distribución masiva de tabletas, la instalación de laboratorios informáticos y la mejora en la conectividad representan avances visibles. Sin embargo, persiste una paradoja: los estudiantes muestran una alfabetización digital limitada y los docentes no están preparados para transformar la tecnología en aprendizaje significativo.
La presencia de dispositivos en las aulas es innegable. En comparación con 2016, el acceso a herramientas digitales ha crecido exponencialmente. No obstante, en muchos centros educativos las tabletas se utilizan como simples sustitutos del cuaderno, sin que se desarrollen competencias en programación, investigación digital o pensamiento crítico.
La pregunta clave es si los maestros están mejor capacitados que hace diez años. La evidencia apunta a que la formación docente no ha evolucionado al ritmo de la tecnología:
- Los programas de capacitación han sido puntuales, sin continuidad ni evaluación de impacto.
- Muchos maestros carecen de habilidades digitales básicas, lo que limita su capacidad para guiar a los estudiantes en entornos virtuales.
- Existe una brecha generacional: docentes mayores enfrentan mayores dificultades para adaptarse, mientras que los más jóvenes muestran disposición pero carecen de acompañamiento institucional.
Las razones de la alfabetización digital limitada son básicamente 4:
- Currículos desactualizados: Los planes de estudio siguen centrados en contenidos tradicionales, sin integrar competencias digitales de manera transversal.
- Uso instrumental de la tecnología: Los dispositivos se emplean más como repositorios de libros digitales que como herramientas de innovación pedagógica.
- Desigualdad territorial: En zonas rurales, la falta de conectividad y personal capacitado reduce el impacto de la entrega de tabletas.
- Ausencia de evaluación: No existen mecanismos claros para medir cómo los estudiantes aplican las habilidades digitales en su aprendizaje.
Por otra parte, las debilidades estructurales del sistema educativo van más allá de la modernización tecnológica, el sistema público enfrenta problemas de fondo:
- Infraestructura escolar deteriorada, con aulas en malas condiciones físicas.
- Altas tasas de deserción escolar, especialmente en secundaria.
- Escasa inversión en formación docente continua.
- Brecha socioeconómica: estudiantes de familias con menos recursos carecen de apoyo en casa para reforzar el aprendizaje digital.
- Evaluación insuficiente: la calidad educativa se mide más por cobertura que por resultados en competencias.
El esfuerzo gubernamental por dotar de tabletas a los estudiantes es un avance en términos de acceso tecnológico. Sin embargo, sin maestros capacitados y sin un currículo que fomente verdaderamente la alfabetización digital, el proyecto corre el riesgo de quedarse en lo cosmético. La paradoja es evidente: más dispositivos, pero menos habilidades reales. El reto para El Salvador no es solo equipar las aulas, sino transformar la enseñanza para que la tecnología se convierta en una herramienta de aprendizaje crítico y no en un accesorio más.