Internos y residentes del Hospital El Salvador ya no tendrán salario, ellos tendrán que pagar al Gobierno

El Instituto Especializado «Hospital El Salvador» estrenó un tarifario que exige pagos significativos a médicos en formación, al tiempo que les prohíbe ejercer en el sector privado. El contraste con la realidad económica salvadoreña plantea interrogantes de fondo sobre el acceso a la especialización médica.

El Ministerio de Hacienda de El Salvador autorizó, mediante el Acuerdo N° 364 firmado el 24 de febrero de 2026, las nuevas tarifas para los servicios educativos del Instituto Especializado «Hospital El Salvador» (IEHES), que entraron en vigor el 24 de marzo de 2026. Según el acuerdo oficial, esta estructura de precios responde a lo estipulado por la Ley de Educación Superior y la Ley de Presupuesto 2026, y se aplicará a los profesionales inscritos en los programas de formación especializada de la entidad.

La oferta académica del IEHES abarca desde técnicos en salud comunitaria y asistente dental, hasta especialidades como Medicina de Emergencias, Medicina Interna, Cirugía Oncológica, Medicina Familiar y una Subespecialidad en Medicina Intensiva y Cuidados Críticos del Adulto, entre otras.

El tarifario, punto por punto

Los aranceles principales incluyen: $50 para la inscripción de nuevo ingreso de pregrado por unidad, $100 por matrícula de pregrado por ciclo, y $80 de cuota mensual. El costo de nivelación por curso se fijó en $100. Las especialidades médicas tendrán una tarifa de $125 por unidad para inscripción, $200 de matrícula anual y $160 por cuota mensual. La inscripción en maestrías será de $130 por unidad, matrícula de $100 por ciclo y cuota mensual de $150. Para el doctorado, la inscripción asciende a $150 por unidad, con matrícula de $100 por ciclo y cuota mensual de $150.

A esto se suman servicios administrativos adicionales: exámenes de recuperación y reposición de día de práctica a $20 por unidad o día; derecho de graduación desde $150 para pregrado hasta $300 para doctorado; certificados y constancias a $10 por unidad; la certificación del plan de estudios en $300; la malla curricular en $30; emisión o reposición de credencial estudiantil en $5; reincorporaciones en $60; y $30 por ciclo para uso de laboratorio.

Para un estudiante de especialidad médica, la carga económica anual mínima —considerando solo matrícula ($200) y cuotas mensuales ($160 x 12 meses)— asciende a $2,120 al año, sin incluir inscripciones, materiales, trámites administrativos ni exámenes de recuperación; mucho menos gastos de transporte, uniformes, alimentación, etc. Además, seguiran pagando las colegiaturas universitarias de costumbre.

¿Puede una familia salvadoreña promedio costear esto?

La respuesta que ofrecen los datos disponibles es categórica: con dificultad extrema.

El salario mínimo vigente en El Salvador para 2026 —sin nuevo ajuste tras el incremento de 2025— es de $408.80 mensuales en comercio, servicios e industria, y de $272.72 en el sector agropecuario. Este es el ingreso bruto, antes de los descuentos obligatorios por ISSS y AFP.

La población estima que cada hogar debería recibir aproximadamente $891.78 mensuales para asegurar un nivel de vida adecuado, considerando un promedio de 3.08 personas por hogar, según el Censo 2024. El salario mínimo no llega ni a la mitad de esa cifra.

El 68.1% de la población percibe un aumento en los precios de la canasta básica, y de ese grupo, el 75.2% declaró que el alza de precios ha afectado su situación económica familiar. El 41.8% de los hogares ha tenido que dejar de comprar algún alimento debido al encarecimiento.

El ingreso mínimo resulta insuficiente para el 32.5% de los hogares, que deben recurrir a estrategias como pedir prestado, recibir ayuda de familiares o realizar trabajos adicionales.

En ese contexto, las cuotas mensuales de $80 para pregrado y $160 para especialidad representan, respectivamente, el 19.5% y el 39.1% del salario mínimo completo de un trabajador de comercio o industria. Para el sector agropecuario, la cuota de especialidad ($160) equivale al 58.7% del salario mínimo mensual.

La paradoja de la prohibición: pagan para formarse, pero no pueden trabajar

La dimensión más controversial del esquema no es solo económica. La normativa que enmarca la residencia médica en El Salvador establece restricciones severas al ejercicio profesional paralelo que agravan el impacto de los cobros.

El Reglamento General de Hospitales del Ministerio de Salud, recogido en el expediente de inconstitucionalidad 49-2017 de la Sala de lo Constitucional, es explícito: los Médicos Residentes, mientras ejerzan sus cargos, no podrán tener clínica privada, ni aceptar honorarios de pacientes que hayan sido atendidos en la institución, incluyendo pensionados; y otros cargos dentro o fuera del Hospital, excepto la docencia en horarios compatibles con el desempeño de sus funciones.

Esta prohibición, que tiene fundamento en la necesaria dedicación del residente a su proceso formativo, adquiere una nueva dimensión a la luz del tarifario: el profesional en formación deberá solventar cuotas mensuales de hasta $160, más inscripciones, matrículas y servicios adicionales, sin tener la posibilidad legal de complementar su ingreso con consultas privadas.

La tensión se vuelve aún más aguda cuando se considera que, en muchos casos, las residencias son no remuneradas o de pago mínimo. La legislación salvadoreña reconoce esta realidad: si no existe capacidad de pago y así lo acepta el médico que aspire a hacer el residentado, podrá realizarlo con plaza no remunerada.

Es decir: el Estado puede no pagarle al residente, pero sí cobrarle por estudiar, y al mismo tiempo impedirle generar ingresos por su cuenta.

El servicio obligatorio de cinco años: otra capa de restricciones

El marco normativo reciente agrega un elemento adicional de análisis. Los beneficiarios y médicos que hayan realizado su residencia en la Red Nacional de Hospitales deberán cumplir con un período de servicio compensatorio obligatorio de cinco años en la Red Nacional de Hospitales o en el lugar donde ésta los designe. El servicio obligatorio deberá realizarse de forma exclusiva para la institución, por lo que el profesional no podrá realizar de manera particular el ejercicio de la profesión durante ese período.

Esta disposición no aplicará a los residentes actuales. Sin embargo, marca una tendencia que combina cobros académicos significativos con restricciones prolongadas al libre ejercicio profesional.

Un sistema que forma a los pocos que pueden pagarlo

El Instituto Especializado «Hospital El Salvador» es una institución pública, financiada con fondos del Estado y que forma a los especialistas que atenderán a la población salvadoreña en hospitales nacionales. La pregunta que el tarifario obliga a formular es directa: ¿puede el Estado cobrar por una formación que luego prohíbe capitalizar en el mercado privado?

Análisis independientes indican que los salarios mínimos vigentes en El Salvador aún no cubren integralmente la canasta básica ampliada, estimada en más de $800 mensuales para una familia promedio. En ese escenario, costear una especialidad médica —con un costo mínimo anual superior a los $2,100 en cuotas y matrícula— sin posibilidad de ejercicio privado paralelo, convierte la especialización en una aspiración accesible solo para quienes cuentan con respaldo económico familiar suficiente o acceso a crédito.

La medida, respaldada por el Ministerio de Hacienda, no ha generado hasta la fecha una respuesta pública de los gremios médicos o de las universidades formadoras. Lo que sí queda claro es que el tarifario del IEHES, visto en conjunto con las restricciones laborales vigentes y la realidad económica de la mayoría de familias salvadoreñas, dibuja un sistema donde el acceso a la formación especializada en salud se vuelve, en la práctica, un privilegio de clase.

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