Por más de un siglo, Groenlandia ha sido un territorio estratégico en el tablero geopolítico del Atlántico Norte. Sin embargo, un hecho poco recordado —pero clave— es que Estados Unidos fue el país que reconoció formalmente la soberanía de Dinamarca sobre Groenlandia en 1917, en un contexto marcado por la Primera Guerra Mundial y la expansión del poder estadounidense en el hemisferio occidental.
Un mundo en guerra y un acuerdo decisivo
En 1917, Europa estaba sumida en la Primera Guerra Mundial y Estados Unidos comenzaba a abandonar su tradicional aislacionismo. Ese mismo año, Washington y Copenhague firmaron un tratado que pasaría a la historia: el acuerdo por el cual Estados Unidos compró las Indias Occidentales Danesas —hoy Islas Vírgenes estadounidenses— a Dinamarca.
El tratado no solo implicó una transacción territorial. Incluía una cláusula diplomática crucial: Estados Unidos reconocía explícitamente que Groenlandia era parte integral del Reino de Dinamarca.
Este reconocimiento fue fundamental porque, hasta ese momento, el estatus internacional de Groenlandia no estaba plenamente consolidado frente a las grandes potencias.
¿Por qué le interesaba a Estados Unidos?
Para Washington, el acuerdo tenía varios objetivos estratégicos:
- Asegurar rutas marítimas y posiciones defensivas en el Caribe, ante el temor de que Alemania utilizara territorios daneses como bases navales.
- Fortalecer su influencia hemisférica, en línea con la Doctrina Monroe.
- Evitar disputas futuras en el Ártico, una región que ya comenzaba a perfilarse como clave para la seguridad y el comercio.
A cambio, Estados Unidos obtuvo control total de las actuales Islas Vírgenes por 25 millones de dólares en oro, mientras Dinamarca logró algo igual de importante: el respaldo de la principal potencia emergente del siglo XX a su soberanía sobre Groenlandia.
Groenlandia: de colonia a pieza estratégica global
En 1917, Groenlandia era aún una colonia danesa, habitada mayoritariamente por población inuit y con una administración limitada. Sin embargo, su valor estratégico ya era evidente:
- Control de accesos al Atlántico Norte
- Proximidad a América del Norte y Europa
- Posición clave en el Ártico
Décadas después, durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, Estados Unidos establecería bases militares en Groenlandia, como la de Thule, siempre bajo el principio reconocido desde 1917: el territorio pertenecía a Dinamarca.
En 1946, la administración del presidente Harry Truman hizo una oferta secreta para comprar Groenlandia a Dinamarca por 100 millones de dólares en oro, más derechos sobre un campo petrolero en Alaska. El secretario de Estado James Byrnes presentó la oferta al ministro de Relaciones Exteriores danés Gustav Rasmussen el 14 de diciembre de 1946.
Los asesores de Truman veían Groenlandia como una posición de defensa estratégica esencial contra bombarderos soviéticos que pudieran volar sobre el Círculo Polar Ártico hacia América del Norte.
El ministro danés quedó impactado por la propuesta y la rechazó, pero finalmente Estados Unidos obtuvo acceso a Groenlandia a través de la membresía de Dinamarca en la OTAN en 1949 y un acuerdo bilateral de defensa que establecía explícitamente “el pleno respeto por la soberanía de cada Parte”.
Un reconocimiento que hoy vuelve al centro del debate
Más de cien años después, el acuerdo de 1917 ha vuelto a cobrar relevancia. Las tensiones recientes entre Estados Unidos y Europa, las declaraciones de Donald Trump sobre Groenlandia y el renovado interés por el Ártico han puesto el foco en un hecho histórico incómodo para algunos discursos políticos:
Estados Unidos no solo aceptó, sino que garantizó diplomáticamente que Groenlandia es territorio danés.
Ese reconocimiento sigue siendo uno de los pilares legales y políticos que sustentan el estatus internacional de la isla más grande del mundo.
Historia que pesa en el presente
El tratado de 1917 demuestra que, incluso en momentos de ambición territorial y expansión geopolítica, Estados Unidos optó por el reconocimiento del orden internacional existente, cuando ese orden servía a sus intereses estratégicos.
Hoy, cuando Groenlandia vuelve a ser tema de disputa retórica y diplomática, la historia recuerda que Washington fue, en su momento, el principal aval de la soberanía danesa sobre la isla. Un dato que sigue pesando —y mucho— en el delicado equilibrio entre Europa, Estados Unidos y el Ártico.