El Salvador retrocedió en el Índice de Democracia 2025 elaborado por la Unidad de Inteligencia de The Economist, al descender una posición y ubicarse en el puesto 96 de 167 países evaluados, consolidándose además dentro de la categoría de “régimen híbrido”, según datos del informe anual y reportes regionales recientes.
El indicador, que mide la calidad democrática a partir de cinco variables —proceso electoral y pluralismo, funcionamiento del gobierno, participación política, cultura política y libertades civiles—, sitúa a El Salvador en un nivel intermedio entre las democracias defectuosas y los regímenes autoritarios.
Un retroceso sostenido
La nueva posición refleja una tendencia de deterioro en la calidad institucional del país en los últimos años. Evaluaciones previas ya habían advertido caídas en la puntuación global —por ejemplo, de 4.7 a 4.6 en mediciones recientes— junto a debilidades persistentes en áreas clave como el funcionamiento del gobierno y la cultura política.
A nivel regional, El Salvador se mantiene en el grupo de países centroamericanos catalogados como regímenes híbridos, en un contexto donde la región ha experimentado uno de los mayores retrocesos democráticos a nivel global, asociado a políticas de seguridad con fuerte componente coercitivo y a una creciente concentración del poder.
¿Por qué “régimen híbrido”?
De acuerdo con la metodología de The Economist, un régimen híbrido es aquel donde coexisten elementos formales de democracia con prácticas propias de sistemas autoritarios.
Entre las características que explican esta clasificación para El Salvador destacan:
- Debilitamiento del Estado de derecho y de la independencia judicial.
- Presiones o desventajas para la oposición política, que afectan la competencia electoral.
- Limitaciones a la prensa independiente y a la sociedad civil, incluyendo señalamientos de acoso o restricciones.
- Concentración del poder en el Ejecutivo y debilitamiento de los contrapesos institucionales.
- Bajos puntajes en cultura política y gobernanza, considerados factores estructurales del deterioro democrático.
Este tipo de régimen se ubica en una zona gris: no es una dictadura, pero tampoco cumple plenamente con los estándares de una democracia funcional.
Implicaciones internas e internacionales
La clasificación como régimen híbrido tiene consecuencias directas tanto dentro como fuera del país.
En el plano interno, especialistas advierten que este modelo puede traducirse en:
- Reducción de los contrapesos institucionales, lo que limita la rendición de cuentas.
- Mayor vulnerabilidad de las libertades civiles y derechos fundamentales.
- Debilitamiento de la confianza ciudadana en el sistema democrático.
En el ámbito internacional, el impacto incluye:
- Deterioro de la imagen país en indicadores de gobernanza y transparencia.
- Riesgos en la atracción de inversión extranjera, especialmente de mercados que priorizan seguridad jurídica.
- Mayor escrutinio de organismos multilaterales y socios internacionales en materia de derechos humanos y Estado de derecho.
Un país entre dos modelos
El Salvador permanece así en una categoría intermedia dentro del sistema global, en la que —según la propia clasificación de The Economist— convergen naciones donde las instituciones democráticas subsisten formalmente, pero operan con limitaciones significativas.
El descenso al puesto 96 en 2025 refuerza la lectura de un proceso de erosión democrática gradual, en el que el país se aleja de los estándares de democracia plena y se mantiene en una zona de riesgo institucional cuya evolución seguirá bajo observación internacional.