La religión católica vuelve a posicionarse como la de mayor afiliación en El Salvador, superando nuevamente a los cultos protestantes, según los resultados más recientes del Instituto Universitario de Opinión Pública de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas.
De acuerdo con los datos más recientes disponibles del IUDOP, alrededor de 42% de la población se identifica como católica, mientras que cerca de 34% se declara protestante o evangélica, evidenciando una ventaja de varios puntos porcentuales a favor del catolicismo en el país.
El estudio confirma un cambio relevante en la dinámica religiosa nacional:
- La Iglesia católica mantiene la mayor proporción de fieles
- Las iglesias evangélicas, aunque siguen siendo fuertes, pierden terreno relativo
- Un segmento importante de la población (alrededor de 17%-18%) declara no tener religión
Durante décadas, El Salvador experimentó un crecimiento sostenido del protestantismo, que llegó a acercarse e incluso competir con el catolicismo en número de fieles. Sin embargo, los datos más recientes sugieren:
- Una estabilización del crecimiento evangélico
- Un reposicionamiento del catolicismo como principal referencia religiosa
Históricamente, el país fue mayoritariamente católico, pero esa hegemonía se redujo desde los años 90 con el auge de iglesias evangélicas.
Los datos del IUDOP muestran que:
- El catolicismo pasó de ser dominante (más del 60% décadas atrás)
- A niveles cercanos al 40%-42% en la actualidad
- Mientras que el protestantismo creció hasta estabilizarse en torno al 30%-38%
Esto indica un escenario de equilibrio competitivo, pero con ventaja actual del catolicismo.
Analistas señalan que este comportamiento puede explicarse por:
- Mayor arraigo histórico y cultural de la Iglesia católica
- Diversificación interna del protestantismo
- Incremento de población sin afiliación religiosa
Los resultados del Instituto Universitario de Opinión Pública reflejan que, aunque el mapa religioso salvadoreño sigue siendo diverso, la Iglesia católica mantiene la primacía numérica, en un contexto donde las iglesias evangélicas ya no muestran el crecimiento acelerado de décadas anteriores.
El país entra así en una nueva etapa: menos hegemonía religiosa, pero con un liderazgo católico aún vigente.