El asiento de El Salvador en la Junta de Paz de Trump, jugada maestra o jaque financiero

La confirmación de El Salvador como miembro fundador de la Junta de Paz (Board of Peace) de Donald Trump ha desatado una ola de reacciones en las principales capitales del mundo. Mientras que en San Salvador se celebra como un hito de soberanía y estatus global, la prensa internacional y los centros de pensamiento en Washington y Jerusalén cuestionan la viabilidad de la cuota de $1,000 millones de dólares que el país debe aportar para consolidar su asiento permanente.

La visión desde el exterior: Entre el asombro y el escepticismo

  • Desde Washington (The Wall Street Journal): Fuentes cercanas al Departamento de Estado sugieren que la inclusión de El Salvador es un «reconocimiento al pragmatismo de Bukele». Sin embargo, analistas citados por el Journal advierten que la Junta de Paz funciona bajo un modelo de «pago por influencia». Para EE. UU., tener a El Salvador en la mesa asegura un voto leal en el hemisferio occidental, pero la duda persiste sobre si un país con un PIB de $34,000 millones puede permitirse un desembolso de tal magnitud sin comprometer su estabilidad fiscal.
  • Desde Israel (The Jerusalem Post): La prensa israelí destaca que El Salvador se une a un bloque liderado por naciones del Golfo y Argentina. Según el Post, la participación salvadoreña no es solo simbólica; se espera que el país aporte experticia en seguridad territorial, basada en los resultados de su lucha interna contra las pandillas, como modelo para la pacificación de zonas urbanas en conflicto.
  • Desde Europa (Le Monde): En Bruselas y París, la reacción es de cautela. Diplomáticos europeos han expresado su preocupación de que la Junta de Paz actúe como un «competidor directo de la ONU», y ven en la adhesión de El Salvador una señal clara de la fragmentación del orden internacional tradicional.

¿De dónde saldrán los $1,000 millones? Las rutas del financiamiento

Ante la magnitud de la cifra, el debate nacional e internacional se centra en el origen de los fondos. Estas son las tres fuentes que los expertos internacionales consideran factibles para este 2026:

1. Titulización de Remesas (El «Activo Seguro»)

Reportes de agencias calificadoras sugieren que el gobierno salvadoreño podría estar preparando una emisión de «Bonos de Paz». Estos instrumentos estarían garantizados por el flujo de remesas que, tras cerrar 2025 rozando los $8,200 millones, representan la garantía más sólida del país. «Es convertir el esfuerzo de la diáspora en capital diplomático», señalan analistas financieros.

2. El Triángulo del Golfo: Capital Árabe en Centroamérica

La membresía de El Salvador en la Junta de Paz lo coloca en línea directa con fondos soberanos de Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Se especula que una parte de los $1,000 millones podría llegar a través de préstamos blandos o inversiones directas de estos países en megaproyectos salvadoreños, que a su vez liberarían presupuesto estatal para cumplir con la cuota de la Junta.

3. El «Canje» por Seguridad y Logística

Una fuente diplomática en Davos sugirió que el aporte de El Salvador podría no ser 100% en efectivo. Existe la posibilidad de que la Junta de Paz acepte aportes en especie, como el uso de infraestructura logística (puertos y aeropuertos) o la formación de batallones de paz bajo doctrina salvadoreña, lo que reduciría la necesidad de liquidez inmediata, aunque el compromiso contable siga siendo de $1,000 millones.

Efectos Geopolíticos: El Salvador como el «Israel de Centroamérica»

La inclusión tiene un efecto inmediato: El Salvador abandona la periferia diplomática para sentarse en la mesa donde se decide el futuro de Oriente Medio y la seguridad global.

«Bukele ha entendido que en el mundo de Trump, la relevancia se compra con lealtad y recursos. Al comprometerse con la Junta de Paz, El Salvador se vuelve ‘demasiado importante para dejarlo caer'», afirma un editorial de Foreign Policy.

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