El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) advirtió en su más reciente análisis macroeconómico que el elevado nivel de deuda pública en América Latina y el Caribe se ha convertido en uno de los principales riesgos para la estabilidad fiscal y el crecimiento económico de la región.
Según el organismo multilateral, tras el fuerte endeudamiento asumido durante la pandemia y el posterior endurecimiento de las condiciones financieras internacionales, varios países enfrentan hoy mayores costos de financiamiento, menor margen fiscal y presiones sobre sus cuentas públicas.
El BID señala que el promedio de deuda pública como porcentaje del PIB en América Latina se mantiene en niveles históricamente altos en comparación con la década previa a 2020. Aunque el crecimiento económico ha mostrado cierta recuperación, este no ha sido suficiente para reducir significativamente el peso relativo de la deuda.
Entre los factores que agravan la situación se encuentran:
- Altas tasas de interés internacionales.
- Menor crecimiento potencial.
- Déficits fiscales persistentes.
- Vulnerabilidad a choques externos.
El organismo recomienda a los gobiernos fortalecer la disciplina fiscal, mejorar la eficiencia del gasto público y ampliar la base tributaria para garantizar sostenibilidad a mediano plazo.
El Salvador figura entre los países con mayores niveles de deuda pública en proporción a su economía dentro de Centroamérica. En los últimos años, la deuda del sector público no financiero ha superado ampliamente el 70 % del PIB y, según estimaciones de organismos internacionales, se ha acercado o superado el 80 % en ciertos períodos recientes.
Analistas económicos señalan que el país enfrenta tres desafíos principales:
- Alto costo de financiamiento externo, especialmente tras episodios de volatilidad en mercados internacionales.
- Elevado servicio de deuda, que absorbe una proporción creciente del presupuesto nacional.
- Limitado espacio fiscal para inversión social y productiva.
En años recientes, el Gobierno ha logrado cumplir con pagos de deuda soberana y recomprar bonos en mercados internacionales, reduciendo presiones inmediatas de liquidez. No obstante, el nivel estructural de endeudamiento continúa siendo motivo de preocupación para calificadoras de riesgo y organismos multilaterales.
El BID advierte que cuando el servicio de la deuda aumenta, los gobiernos enfrentan una disyuntiva:
- Reducir gasto social o inversión pública.
- Incrementar impuestos.
- O asumir mayor endeudamiento.
En el caso salvadoreño, el pago de intereses representa una porción significativa del presupuesto anual, lo que limita la capacidad de ampliar programas en áreas como salud, educación e infraestructura sin recurrir a nuevas fuentes de financiamiento.
El informe del BID subraya que países con alta deuda y bajo crecimiento son más vulnerables ante:
- Caídas en exportaciones.
- Reducción de remesas.
- Incremento adicional en tasas de interés globales.
Para economías dolarizadas como la salvadoreña, la ausencia de política monetaria propia reduce herramientas de ajuste, aumentando la importancia de la política fiscal responsable.
El organismo sugiere:
- Reglas fiscales claras y creíbles.
- Reformas tributarias progresivas.
- Mayor transparencia presupuestaria.
- Estrategias de crecimiento que eleven el PIB potencial.
En el caso de El Salvador, expertos coinciden en que el desafío no es únicamente pagar la deuda actual, sino evitar que continúe creciendo por encima del ritmo de expansión económica.
Perspectiva regional
Aunque la situación no es exclusiva de un solo país, el BID insiste en que América Latina necesita consolidar sus finanzas públicas para evitar episodios de inestabilidad similares a los registrados en décadas anteriores.
Para El Salvador, el mensaje es claro: mantener acceso a financiamiento internacional dependerá no solo del cumplimiento de obligaciones inmediatas, sino de la capacidad de demostrar una trayectoria sostenible de deuda en el mediano plazo.