Editorial

¿Democracia, Aristocracia, Oligarquía, Dictadura o Kakistocracia?

Democracia

Sistema político que defiende la soberanía del pueblo y el derecho del pueblo a elegir y controlar a sus gobernantes.

Aristocracia

Clase social formada por las personas que poseen títulos nobiliarios concedidos por el rey o heredados de sus antepasados.

Oligarquía

Sistema de gobierno en la que el poder está en manos de unas pocas personas pertenecientes a una clase social privilegiada.

Dictadura

Régimen político en el que una sola persona gobierna con poder total, sin someterse a ningún tipo de limitaciones y con la facultad de promulgar y modificar leyes a su voluntad.

Pero, ¿que es la Kakistocracia, el sistema político que, hoy por hoy, prevalece en El Salvador?

Kakistocracia

“Gobierno de los peores; estado de degeneración de las relaciones humanas en que la organización gubernativa está controlada y dirigida por gobernantes que ofrecen toda la gama, desde ignorantes y matones electoreros hasta bandas y camarillas sagaces, pero sin escrúpulos”.

En el “Dictionary of Sociology” escrito por Frederick M. Lumley, en su primera edición en inglés del año 1944, registrada por Philosophical Library Inc., se incorpora la definición del término “kakistocracia” (la inclusión de las “k” es por el uso del lenguaje helénico y no por insinuación política alguna).

Los políticos en las democracias suelen encontrarse con un gran inconveniente, tienen que conseguir los votos necesarios para acceder al poder.

En estos tiempos de debates, de multiplicidad y cambios en las comunicaciones, saber comunicar es fundamental para ser tenido en cuenta.

Los candidatos son entrenados y asesorados (bien o mal) por consultores que van monitoreando el ánimo y la opinión del electorado y van decidiendo la agenda y la campaña de acuerdo a los diferentes perfiles y circunstancias.

Como se viene comportando el electorado en nuestro país, es muy probable que muchos ciudadanos atemorizados u horrorizados, en las próximas elecciones vuelvan a votar por personas que ya están o han estado en el poder durante estos últimos años. El miedo a que gane quien se considera que es el peor, puede hacernos caer en elegir al “menos malo” solo porque es el más competitivo según las encuestas. Será algo así como saltar de las llamas para caer en las brasas.

¡Si hacemos lo mismo, seguiremos en caída libre! Albert Einstein dijo “locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”.

Es necesario hacer algo distinto, investigar por cuenta propia, formarse, involucrarse en política, ya sea en un partido, o simplemente difundiendo sus ideas. Si Ud. votó a los que alguna vez nos han gobernado, pregúntese si lo defraudaron y en la próxima elección evalúe sinceramente si existe alguien que defienda sus valores y que muestre claramente que los va a llevar a cabo.

Los que más votos obtuvieron nos trajeron a este penoso presente. Supieron “venderse” para que el ciudadano comprara el mensaje y los votara.

Reconocidos filósofos así como expertos politólogos (el arte de hablar de política sin ser políticos) argumentan sus reflexiones sobre los vocablos Democracia y Aristocracia colocándolos como fuerzas distintas, sin darse cuenta que no son sino la misma cosa. Estos vocablos no tienen significados opuestos, se complementan de acuerdo a las circunstancias e intereses de los actores políticos.

 “La participación de todos en la cosa pública fue denominada democracia (aunque como forma de gobierno el nombre correcto era república), y como tal se enfrentaba a la participación de sólo unos pocos, lo que se denominaba aristocracia y, también, oligarquía, términos éstos que se usan indistintamente y lo cual, tampoco es correcto. La democracia – en lenguaje ligero y convencional – suele resultar así lo contrario de la aristocracia”.

Entonces: “Si por aristocracia entendiéramos una clase social que por su linaje está investida de numerosos privilegios, entre ellos el de gobernar, siendo estos privilegios hereditarios e inalterables cualquiera sean los verdaderos valores éticos o la efectiva capacidad para hacerlo, es cierto que la democracia (y la república) constituyen lo contrario de aquel sistema. Y en buena hora. Pero resulta que aristocracia significa también y fundamentalmente el “gobierno de los mejores” (aristos es, en griego, el mejor), y en tal sentido democracia no tenía por qué oponerse a aristocracia, al menos que se deseara algo que no debería desearse, esto es, el gobierno de los peores. Sin embargo, la incuria del lenguaje, que nos hace decir a veces lo que no queremos decir, nos ha llevado con mucha frecuencia a asociar aristocracia con oligarquía, que no es el gobierno de los mejores sino de unos pocos (y según su sentido tradicional, el gobierno “egoísta” de esos pocos), y a enfrentar democracia a aristocracia, en el elevado significado de este término”.

Cuando estemos próximos a las elecciones y urgidos por tomar una decisión, ya no tendremos muchas posibilidades más que aceptar o desechar lo que se nos propone. Quizás éste, sea el momento adecuado para reflexionar y actuar en consecuencia antes que nos invada la presión electoral.

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