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El socialismo ganó, pero la ultraderecha cantó victoria en España

El gobernante Partido Socialista Obrero Español (PSOE) ganó las elecciones en España, y su líder, Pedro Sánchez, quedó en condiciones de ser investido presidente si logra un acuerdo con fuerzas de izquierda y con los independentistas catalanes.

Sánchez no logró mayoría absoluta ni mucho menos. Con sus socios naturales de la izquierda -Podemos y Más País- suma 158 bancas. Le faltan 18 para llegar a la mayoría de 176 que le permitiría formar gobierno. No se sabe si los obtendrá de los independentistas catalanes.

«Llamo a todas las fuerzas políticas para formar gobierno estable», dijo Sánchez sobre la medianoche, en un discurso que se demoró largos minutos. «El socialismo responderá con generosidad» a esa actitud, deslizó.

Al pie del estrado, su militancia le daba instrucciones: «¡Con Casado no!», gritaban, en rechazo a un eventual entendimiento con el conservador Partido Popular (PP), que se mantiene como segunda fuerza.

«¡Con Iglesias, sí!», dijeron, a favor de la izquierda radical de Podemos, el anterior socio «preferente» y con el que Sánchez no llegó a acuerdo alguno tras las elecciones de abril pasado.

La oferta, en todo caso, quedó planteada. Aún no se sabe de qué manera se intentará formar acuerdo de gobierno. La negociación y la consecuente sesión de investidura podrían estar definidas para antes de fin de año.

Pero el gran ganador de la noche fue la derecha radical de Vox, que duplicó su número de bancas y se convirtió en la tercera fuerza nacional, con una representación de 53 legisladores. Un salto impresionante. «Hay millones de españoles que no se sienten representados por los partidos tradicionales. Ahora esa España que se pone en pie estará representada», dijo Jorge Buxade, europarlamentario de la fuerza.

«A partir de ahora seremos imparables», prometió Santiago Abascal, el líder de la agrupación, ovacionado al grito de «presidente… presidente».

El gran perdedor, el de la más grave sangría, fue el liberal Ciudadanos (Cs), que virtualmente se derrumbó. De 57 legisladores pasó a una decena. Sus líderes apenas podían disimular el desencanto.

Albert Rivera, su presidente, quedó al borde de la renuncia, si bien intentó postergarla dejándola en manos de un congreso partidario al que convocó anoche.

Fueron las cuartas elecciones en cuatro años y la segunda en siete meses. Pese a haber sido el ganador, no fue una noche victoriosa para Sánchez, que no logró los objetivos que buscaba con la arriesgada maniobra de repetir la convocatoria.

El socialista había ganado las elecciones generales de abril último, pero sin mayoría propia. Abandonó la búsqueda de alianzas para arriesgar una nueva convocatoria con la esperanza de que el votante le diera «la mayoría progresista» que buscaba.

Eso no ha sucedido. No solo decreció su número de bancas, sino que surgió un Congreso con presencia de fuerzas centrífugas. Por un lado, el peso evidente de la ultraderecha con capacidad para condicionar el discurso y por el otro, una voz potente del independentismo catalán.

Las cifras finales dicen que el PSOE salió ligeramente debilitado: 120 diputados, contra los 123 que tuvo en abril pasado.

Como segunda fuerza quedó el conservador Partido Popular (PP), que pasó de 66 a 87 bancas, con un aumento de 21 escaños. Un crecimiento que fue taponado por la estruendosa irrupción de Vox.

«Sánchez ha perdido su referéndum», dijo Pablo Casado, el líder del PP. «Ha perdido su propia moción de censura», apostilló, en una devolución de favores por la censura con la que el socialista llegó al poder, tras impugnar al entonces presidente Mariano Rajoy.

No quedó claro cuál será la posición del partido para una eventual investidura. «Esperaremos a ver qué propone Sánchez, pero debería plantearse su futuro», afirmó, desafiante.

Vox, la agrupación de Santiago Abascal, fue la gran ganadora de la noche, con un crecimiento espectacular. Pasó de 24 a 53 bancas, un desempeño que lo convirtió en la estrella de la jornada. A partir de ahora es la tercera fuerza nacional, apenas por detrás del socialismo y del conservador PP. Marine Le Pen fue la primera en saludar. «Felicitaciones por ese impresionante crecimiento», dijo la titular de Agrupación Nacional, la fuerza de ultraderecha de Francia.

Como cuarta fuerza sigue la izquierda radical de Podemos. La agrupación de Pablo Iglesias mantuvo la tendencia decreciente que exhibe desde 2016 y pasó de 42 a 35 diputados, una pérdida de siete legisladores.

Fue la primera oportunidad que tuvo para medirse en el nivel nacional con Iñigo Errejón, el cofundador de Podemos, que abandonó la agrupación para fundar su propia fuerza: Más País. Este último cosechó apenas tres escaños.

La noche de luto fue para Ciudadanos. Se despeñó de 47 a apenas diez diputados.

El independentismo catalán, por su parte, reforzó su presencia con 29 legisladores.

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