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Los asesinatos han reducido porque las «maras» han decidido «calmarse», «al menos por ahorita»

La reducción ha sido constante desde que Nayib Bukele asumió la presidencia de El Salvador el 1 de junio.

Los salvadoreños se han acostumbrado a bajar la voz cuando se refieren a «los muchachos», «las letras y números», a las «maras» y los miembros de estas estructuras criminales.

Durante el mes de agosto de 2019 el conteo de muertes violentas en El Salvador cerró con un promedio de un poco más de 4 asesinatos al día, la mitad de lo registrado en el mismo periodo de 2018.

La reducción ha sido constante desde que Nayib Bukele asumió la presidencia de El Salvador el 1 de junio. Ese mes, el consolidado fue de 7,7. Al siguiente, julio, 5, según información de la Policía Nacional Civil (PNC).

Cuatro años atrás, en 2015, era habitual registrar días con más de 40 homicidios.

Oficiales de policías revisan mochilas durante uno de los operativos que se han vuelto habituales en los últimos meses en la capital salvadoreña.
Oficiales de policías revisan mochilas a estudiantes, empleados y transeúntes durante los operativos que lleva a cabo el gobierno.

Nayib Bukele asigna buena parte del mérito de la reducción en la mortandad a las diferentes fases de su Plan de Control Territorial, el cual, en la práctica, no es más que una nueva «mano dura» mejorada.

La población ve una mayor presencia en las calles de policías y miembros de las Fuerzas Armadas, sobre todo en algunos municipios priorizados por las autoridades de Seguridad Pública. El Plan ejecutado se basa, en sus primeras etapas en más represión, nada nuevo respecto a las estrategias de sus predecesores, solo que hoy aparenta ser mas efectiva, los números lo dicen.

«Este día El Salvador cierra con dos homicidios. A pesar de las adversidades y el largo camino que falta por recorrer, seguimos bajando el promedio. De seguir así, agosto se convertirá en el mes más seguro desde los acuerdos de paz», escribió Bukele, como acostumbra, en su Twitter el 24 de agosto.

Pero, ¿cuán confiables son las cifras? En un primer momento, el gobierno decidió que en sus estadísticas no incluiría los asesinatos de pandilleros en enfrentamientos con miembros de las fuerzas de seguridad. Tampoco los cuerpos que se hallasen en fosas clandestinas, pero dio un paso hacia atrás luego de unos días de intensas críticas. No es claro si se mantuvieron las cifras con reducción de casualidades o si sí, en efecto fueron correctamente computadas.

Cifras y causas

Las cifras relacionadas con asesinatos en El Salvador han sido tradicionalmente confiables, pues incluso en un momento de total crisis como fue 2015, estos se contaron en su integridad. La data la ofrecía la Policía, la Fiscalía General de la República y el departamento de Medicina Legal de la Corte Suprema de Justicia.

De repente, los números dejaron de fluir.

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, se vanagloria de haber logrado en poco tiempo un gran descenso en las cifras de asesinatos en uno de los países más violentos del mundo,
El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, se vanagloria de haber logrado en poco tiempo un gran descenso en las cifras de asesinatos en uno de los países más violentos del mundo,

La pregunta más importante es la del porqué de una reducción tan drástica, que rivaliza e incluso supera a la vivida por El Salvador en parte de 2012 y 2013, durante una infame tregua entre las principales pandillas del país, que fue facilitada por el gobierno del hoy prófugo ex presidente Mauricio Funes.

Según periodistas, académicos universitarios y dos activistas enemigos del oficialismo de Bukele y consultados para este trabajo, es imposible que la reducción se deba en exclusiva a los planes del nuevo Gobierno, que no ha cumplido siquiera 100 días en el cargo.

Los detractores del gobierno de Bukele insisten en que la respuesta sigue siendo una incógnita que merece una investigación de campo, que descubra desde las raíces de cuál es la causa de esta anhelada, aunque inesperada paz. No saben el porqué, pero descalifican el trabajo de Seguridad.

Pero los expertos, sin embargo, tienen una opinión, que emiten con prudencia, pues el fenómeno de la violencia en El Salvador es multicausal.

La hipótesis es que esto puede tener parte de su origen en la voluntad de las mismas pandillas, estructuras que durante la mencionada tregua se reconocieron como actores políticos y entendieron que la rebaja o el aumento en las estadísticas de homicidios podría ser una buena moneda de cambio para obtener beneficios desde el Estado.

Descartan las posibilidades, eso sí, de un nuevo acuerdo entre el gobierno y los grupos criminales, pues las condiciones no existen: los centros penales, donde están alojados sus máximos líderes, están en un estado de emergencia, que impide que tengan un contacto fluido con el exterior.

Las pandillas han dejado de matar, por tanto, para mostrarle al gobierno su compromiso, la capacidad que tienen para que, al final de cada mes, el gabinete de Seguridad pueda mostrar un número del cual sentirse orgulloso.

Esa es una posibilidad que apoya el testimonio de Jacinto, un treintañero del que aquí no revelaremos el nombre porque es el cabecilla de una clica de la Mara Salvatrucha en el municipio de Soyapango, en San Salvador. Según comenta, «calmarse», que en lenguaje pandilleril significa refrenar los asesinatos, se ha convertido en una bandera común para los miembros de esas estructuras. A diferencia de 2012, dice, esta vez no ha llegado una orden de alguien a quien consideren con mayor autoridad dentro de la pandilla, como un líder nacional, pero han entendido que «no ganarán nada» si convierten a este gobierno en su enemigo «tan temprano» en la gestión.

«No es como en la tregua, donde a nosotros nos vinieron con la palabra desde el penal. Esto es algo a lo que hemos llegado nosotros, los que estamos en la calle, por nosotros mismos… siempre hay algún loco que no está de acuerdo, y allí vez que hay hasta uno que otro policía muerto… pero nosotros, por lo demás, queremos llevarla tranquila, al menos por ahorita», comenta Jacinto.

El «al menos por ahorita» representa toda una incógnita, y hace pensar en el efecto búmerang registrado en los homicidios en los años posteriores a la tregua, y que tuvo su cúspide en 2015, el año de los más de 6,000 asesinatos. Después de un tiempo, si no consiguen lo que pretenden del gobierno, ¿las pandillas aumentarán el número de homicidios?

Grandes cantidades de policías han saturado las calles salvadoreñas a toda hora (AFP)
Grandes cantidades de policías han saturado las calles salvadoreñas a toda hora

«Eso no te lo sé decir. Tenemos un objetivo, estamos mostrando que podemos ser parte de la solución… pero, veá, queremos ver resultados«, dice, aunque no deja muy claro qué esperan del Estado más allá de un régimen más laxo para sus presos en los penales u oportunidades de empleo en programas gubernamentales para sus miembros activos y sus familiares.

Jacinto platica de compromisos y expectativas solo un día antes del viernes 30 de agosto, la fecha en que El Salvador cerró con al menos nueve homicidios.

Con información de El País de España, El Faro y LPG

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