Farándula

Hollywood va tras el ridículo en pos del «género»: James Bond ahora tendría cara de mujer… y negra

El anuncio de que la nueva 007 será protagonizada por la actriz Lashana Lynch sirve como disparador de esta nota que reflexiona sobre giros industriales que nacen al calor de cambios sociales y que busca explicar las razones del éxito de una serie de acción que existe hace casi sesenta años.

Hay una escena particularmente curiosa en Avengers: Endgame. Se trata de un momento en medio del fragor de una batalla en el cual una superheroína debe trasladar de un punto al otro un objeto que, si llegara a caer en manos del enemigo, podría significar la destrucción de la humanidad. Cuando un personaje masculino pregunta quién protegerá a esta superheroína mientras lleva el objeto, aparece otro conjunto de mujeres con superpoderes y dicen «nosotras lo haremos». Es un momento ridículo desde el punto de vista dramático, pero interesante si uno lo tomara como industrial. Ridículo porque no tiene ningún sentido en el contexto de la escena: ¿por qué ante una misión tan importante y en una batalla en la que hay peleando hombres y mujeres muy poderosos sólo las mujeres van a unirse? La única razón de esto es que los productores de Avengers: Endgame quieren mostrar una afiliación ideológica. El problema es que, al sacrificar el verosímil de una escena, eso suena oportunista.

Sean Connery en “Dr. No” (Moviestore/Shutterstock )
Sean Connery en “Dr. No”

Sin embargo, industrialmente hablando, tiene un punto de interés: que una productora se hace consciente de que los modelos de héroe están cambiando. Si pocos años antes el cine de acción y aventuras era territorio mayormente masculino y la introducción de una mujer de armas tomar era algo infrecuente, poco a poco la industria se va corriendo a nuevas formas de concebir los roles en el cine de acción, y es muy posible que no falte mucho hasta que películas con superheroínas o superespías mujeres empiecen a ser cosas tan frecuentes como sus equivalentes masculinos.

Roger Moore. (Moviestore/Shutterstock)
Roger Moore

La última noticia que hubo sobre eso fue que, a partir del año, que viene la próxima 007 será una mujer interpretada por Lashana Lynch. Más aún, según el diario Daily Mail –publicación que proporcionó la información- a partir de ahora las «chicas Bond» se llamarán «mujeres Bond», y esta vez el propio Bond perderá sus capacidades de seducción casi infalibles frente al personaje de Lynch.

(Instagram: @lashanalynch)

Como sucede con Avengers: Endgame, este tipo de actitudes parecen demasiado oportunistas, aunque indignarse por esto parece una exageración y quizás también un desconocimiento de lo que fue la saga Bond casi desde sus inicios cinematográficos.

Halle Berry y Pierce Brosnan (Moviestore/Shutterstock)
Halle Berry y Pierce Brosnan (Moviestore/Shutterstock)

James Bond empezó, como casi cualquiera sabe, como una serie de novelas escritas por Ian Fleming, quien curiosamente tomó este nombre a partir del autor de un libro de ornitología que este tenía.

Bond primero fue entonces un personaje literario, luego protagonista de un programa de televisión de poco éxito llamado Casino Royale, y de una serie de historietas. Luego se transformaría en el personaje principal de una serie de películas que empezaría en 1962 y seguiría al día de hoy. Es un caso único de continuidad sostenida que no tiene ningún tipo de equivalente en la historia del cine, y puede que esa proeza resida justamente en la propia calidad general de las películas de Bond.

Para entender esto habría que remontarse a su primera película llamada Dr. No y a dos figuras que serán clave para establecer el estilo de Bond que hoy conocemos. Uno es el cineasta Terence Young, el otro es el actor Sean Connery. Ambos fueron curiosamente opciones a las que los productores llegaron luego de que otros realizadores e intérpretes rechazaran el trabajo. Sin embargo, fue el primero al que se le ocurrió que Bond fuera un personaje elegante, sofisticado y con humor antes que el mucho más recio espía ideado por Fleming, y fue Connery quien logró la interpretación justa para que podamos ubicar al personaje en ese estereotipo.

“Dr No” (James Bond), Sean Connery y Ursula Andress (Shutterstock)
“Dr No” (James Bond), Sean Connery y Ursula Andress (Shutterstock)

El propio Young trabajó sobre todo con Connery la forma de caminar que tenía que tener Bond: una muy varonil y elegante en la que este personaje pareciera moverse con una tranquilidad pasmosa, incluso sabiendo que su vida corría peligro en cualquier momento.

Así y todo, el gran responsable involuntario de que la saga Bond fuera lo que fue, fue ni más ni menos que Alfred Hitchcock con su obra maestra Intriga Internacional, hecha dos años antes que Dr. No. Allí Hitchcock nos relataba la historia de un publicista interpretado por Cary Grant que era de pronto confundido con un espía. Ante esto, el publicista vivía una situación de peligro detrás de otra en un mundo que de pronto parecía haberse puesto en contra suyo.

Lashana Lynch (Dave Allocca/StarPix/Shutterstock)Lashana LynchPhotocall announcing BOND 25 At Goldeneye, Jamaica Once the home of Ian Fleming where he created the James Bond character in 1952, Jamaica – 25 Apr 2019
Lashana Lynch

Dr. No y luego las siguientes películas de Bond tomaron varias cosas de esta película. La combinación del cine de aventuras y espionaje con mucho glamour e insinuaciones sexuales (sobre todo por parte de las mujeres a un protagonista al que aparentemente no le cuesta mucho conquistar damas); cierta característica «viajera» en la cual vemos al protagonista moverse de un lugar al otro (Grant en Intriga Internacional viaja por distintos lugares de Norteamérica, Bond viaja siempre por distintos lugares del mundo), y, sobre todo, tirar por la borda cualquier tipo de intención «realista» a la hora de filmar escenas de suspenso y acción.

Timothy Dalton como James Bond
Timothy Dalton como James Bond

Este último punto fue particularmente clave. La prueba de esto estaba en una de sus escenas más icónicas de Intriga Internacional: allí vemos a Grant esperando a alguien que supuestamente iba a ayudarlo a resolver el tremendo problema de identidad en el que se ve envuelto. Sin embargo, todo resulta una trampa para matarlo. El tema es que quien quiere matarlo usa una estrategia insólita: en vez de contratar un sicario para que le pegue un tiro, manda una poco práctica avioneta que le va disparando a Grant desde las alturas con una metralleta. Es un momento absurdo, pero al mismo tiempo es cinematográficamente tan potente y tan acorde al absurdo que se había visto antes que no sólo no molesta sino que se siente perfectamente coherente dentro del verosímil propuesto.

«Intriga Internacional»

Es muy difícil no asociar este rasgo de Intriga Internacional a la saga James Bond, con su protagonista enfrentándose a situaciones de peligros permanentes y sobreviviendo a las cosas más imposibles mientras villanos excéntricos tratan de matarlo de formas poco prácticas. No obstante, dos cosas no tomó Dr. No en particular y la saga Bond en general de Intriga Internacional. Primero, la idea de poner como protagonista a un ciudadano común. Por el contrario, Bond es un personaje tan excepcional como el contexto que lo rodea, por eso puede moverse con tanta tranquilidad y confianza en situaciones de alto riesgo. Este aspecto fue quizás uno de los mayores aportes de Dr. No y de la saga Bond al cine: al popularizar tanto un personaje con habilidades excepcionales y cuerpo atlético capaz de salir victorioso sin importar lo que tuviera en frente, todo en un contexto de peligro espectacular de explosiones y tiroteos, Bond se transformó en uno de los primeros modelos de lo que hoy se conoce como cine de acción.

«Dr. No»

La segunda cosa que la saga Bond no tomó de Intriga Internacional fue algo seguramente no buscado por sus productores y directores (al menos no al principio): su falta de excelencia. Por decirlo de una manera más sencilla, posiblemente la saga James Bond no produjo una sola genuina obra maestra. Produjo, sí, algunas grandes escenas de acción (como la que abre Casino Royale), situaciones muy ingeniosas (el «auto submarino» de La espía que me amó), actores de mucho carisma y gran presencia cinematográfica (Roger Moore y Sean Connery a la cabeza) y hasta algunas películas notables como Goldfinger o Al servicio de su majestad. Pero no hay entre sus 24 películas una sola que se encuentre en las cimas del cine de acción y espionaje.

 No hay entre sus 24 películas una sola que se encuentre en las cimas del cine de acción y espionaje. Este rasgo, que podría sonar como una objeción, es parte básica para entender por qué James Bond es un producto que logró durar tanto en el tiempo.

Este rasgo, que podría sonar como una objeción, es parte básica para entender el motivo por el cual James Bond es un producto que logró durar tanto en el tiempo. Lo explicaré de otra manera. Personajes como el John McClane de Duro de matar o el Indiana Jones de El templo de la perdición no pueden tener ese tipo de continuidad porque están muy atadas al recuerdo de películas muy excepcionales. El nivel de excelencia de sus primeras películas hace que cualquier secuela sea inmediatamente comparada por el público con la anterior.

Daniel Craig (Shuttesrstock)
Daniel Craig

Las películas de Bond no tienen ese problema. Hay mejores y peores, pero ninguna quedó tanto en la memoria del público como para que cada nuevo film tenga que ser comparado con algún antecesor. Esto curiosamente se extiende a los actores, y acá reside también una de las mayores rarezas de estas películas. John McClane será siempre asociado al actor Bruce Willis, como Indiana Jones a Harrison Ford; es así porque el talento y el carisma que le pusieron a los personajes se conjugaba con una narración y una puesta en escena que terminó inmortalizando una cara con un personaje . Pero el 007 pudo ser Sean Connery, Roger Moore, Timothy Dalton, Pierce Brosman o Daniel Craig, cada uno imprimiéndole un sello actoral particular sin que esto generara un rechazo enorme en el público.

Roger Moore
Roger Moore

Esto pasó de forma más evidente con sus directores. Duro de Matar es ante todo una película que pertenece a John McTierman y las Indiana Jones se asocian con Spielberg, pero las películas del 007 nunca dependieron de ningún sello de estilo de un director. A veces lo que sucedió simplemente es que las Bond contaron con mayor o menor violencia, con más o menos humor y mayor o menor nivel de tragedia o incluso con un Bond que podía estar más o menos enamorado de alguna chica. Pero siempre son los viajes, las conquistas, los buenos tragos, las escenas de acción disparatadas y el personaje presentándose siempre del mismo modo la esencia misma de lo que uno busca cuando va a ver estos largometrajes.

Pierce Brosnan también fue el agente 007
Pierce Brosnan

¿Va a cambiar algo radicalmente por el hecho de que 007 sea una mujer? Posiblemente no. En algún punto, lo más probable es que suceda lo mismo que pasó cuando en GoldenEye el actor Pierce Brosnan decidió que no quería hacer un James Bond que fumara. Hasta ese momento, en toda la historia de la saga, Bond solía disfrutar fumar. A mediados de la década del 90, cuando se filmó GoldenEye esto dejó de ser considerado algo con estilo, incluso empezó a ser visto como algo negativo, y el personaje sencillamente lo abandonó. Pero siguieron los viajes, las conquistas y los cocktails. Lo más probable es que esta nueva agente 007 sea una mujer con estilo, que guste de acostarse con hombres que se desviven por ella, y vence con un arma a cientos de personas y a los peores villanos.

Los 007 son, al fin y al cabo, expresiones de fantasías de vidas imposibles llenas de hedonismo y acción. Que haya cambiado el sexo del agente sólo comprueba dos cosas: que este tipo de fantasía terminó siendo un molde adaptable para muchas circunstancias y que las circunstancias actuales permiten que ya ciertas fantasías no se piensen sólo para los hombres. En suma: que el 007 es un producto magistral y tan indestructible como su propio agente; y que hasta una película que en el fondo no es más que pura falta de realidad puede terminar reflejando también cambios culturales concretos.

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