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El FMLN se acerca a las elecciones del 3 de febrero en su punto histórico más bajo

El resultado de las próximas elecciones podría, solo podría, cambiar el tradicional bipartidismo, aunque la matemática electoral de El Salvador diga lo contrario.

El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) se aproxima de manera acelerada a una debacle política que podría provocar una revolución en las entrañas del que fue un partido revolucionario. Y esto no es cosa fácil de ser aceptada por una nueva clase socio-político-económica en El Salvador: los burgueses exguerrilleros.

Las elecciones presidenciales del 3 de febrero se acercan como un mal augurio para la dirección fósil que no pudo continuar con la herencia de su caudillo moderno, Shafick Handal.

La rigidez antireligiosa de los líderes del partido de izquierda se ve curiosamente salpicada por ruegos a la divinidad, para que se dé un milagro, una verdadera ‘remontada’ contra su discípulo de otrora, el izquierdista y ahora embadurnado por el partido Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), Nayib Bukele.

Relegada a un distante tercer lugar en las encuestas, la exguerrilla de izquierda que gobierna El Salvador desde 2009 bajo la bandera del «cambio» afronta su posición histórica más baja.

Norma Guevara, Medardo González, Hugo Martínez, Karina Sosa y Nidia Díaz.

El FMLN se convirtió en partido político en 1992 tras el fin de una sangrienta agresión armada de 12 años contra la institucionalidad del país y a pesar de haber gobernado El Salvador en dos períodos consecutivos, primero con Mauricio Funes Cartagena (2009-2014) y luego con el actual mandatario Salvador Sánchez Cerén (2014-2019), se acerca a su peor momento político, producto de escándalos por corrupción y saqueo de las arcas del Estado en su primera administración; incapacidad, falta de liderazgo y delitos de cuello blanco en su segunda.

Luego de una lucha intestina, no entre los contendientes en las internas del partido para las elecciones del domingo, sino entre la dirigencia y las bases, la izquierda gobernante presentó como candidato al excanciller Hugo Martínez.

Apelando a un ‘milagro’ durante el cierre de campaña de la exguerrilla, el pasado domingo, Martínez proclamó que su partido estaba en «remontada», pese a la distancia entre el Frente y la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA y un grupúsculo de minipartidos políticos de derecha) y frente al anarquista exmiembro del FMLN, expulsado en 2017 y que hoy corre por un partido identificado con la peor corrupción en la historia moderna de El Salvador, la Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), Nayib Bukele.

La caída del partido de izquierda arrancó hace casi un año, en las elecciones por alcaldes y diputados de marzo de 2018, en las que apenas obtuvo 23 de los 84 diputados de la Asamblea Legislativa, y 66 alcaldías de los 262 municipios del país, frente a 140 que obtuvo ARENA. El partido político GANA, con el que hoy corre Bukele, obtuvo apenas 10 diputados y 25 alcaldes, el resto de los municipios quedaron en manos de partidos minoritarios.

Ante la derrota en las elecciones de 2018, la dirigencia pretendió mantener el poder absoluto en las decisiones del partido, sin embargo las bases pusieron un alto a la cúpula del FMLN y en sus elecciones internas, las primeras transparentes en su historia, resultó ganador Hugo por encima del delfín Gerson, ambos Martínez.

Fue una verdadera celebración popular, las bases derrotaron la pétrea dirigencia antidiluviana.

Pero la celebración duró poco, además del desgaste por el ejercicio del poder, múltiples casos de corrupción descubiertos al expresidente Funes y su círculo cercano, lo forzaron a buscar asilo en Nicaragua, afectando al FMLN en su credibilidad y destruyendo la confianza popular en el “cambio” que habían prometido por décadas.

Mauricio Funes y su entonces esposa, la brasileña Vanda Pignato.

Al FMLN le fue imposible «desmarcarse» de Funes, quien en los albores de las presidenciales del 3 de febrero acumula ya 4 ordenes de captura emitidas por los juzgados salvadoreños por diversos delitos y ahora Hugo Martínez carga con ese costo.

No siendo suficiente la vergüenza de haber tenido en su primer presidente a un ladrón, que habría robado al menos 351 millones de dólares durante su gestión, a menos de una semana de las elecciones se ha descubierto que Hugo Martínez recibió durante la administración Funes un sobresueldo mensual de al menos $10 mil, al igual que el actual presidente de la República, Salvador Sánchez Cerén.

El FMLN, además de sufrir el natural «desgaste» por la incapacidad de negociar con una reforzada oposición el financiamiento de sus proyectos sociales, sufre hoy la decepción de sus bases, lo que lo mantiene en una muy mala posición preelectoral.

Todo esto, aunado a la opulencia demostrada por la dirigencia efemelenista, los grandes negocios, viajes, lujos y abusos de poder de los otrora líderes guerrilleros, terminaron de decepcionar a los seguidores del partido de izquierda.

Apoyado en la precaria situación de su antes partido político, Nayib Bukele se lanzó en pos del voto “colorado”, lo que fácilmente capitalizó. Sin embargo, el estilo “sucio” de la campaña de Bukele, el uso de casas de campaña plagadas de troles “afilados” para desprestigiar inmoralmente a cualquier contrincante y varios casos de corrupción que se le achacan al “golondrino” (por el ave que presenta en su bandera partidaria) provocaron el último mes de campaña una caída en sus seguidores, lo que fue aprovechado por Hugo Martínez que, apoyado por una serie de presentaciones públicas y con propuestas que según analistas hacen sentido, ha podido recuperar cuadros leales a la bandera roja.

Según expertos políticos, el caudal electoral fiel al FMLN, el “hueso colorado” del partido nunca desapareció, talves se ocultó por la vergüenza provocada por los dirigentes que abusaron aún más que la derecha que presidenció el país durante 20 años y que, ahora con sangre nueva busca recuperar el poder. El próximo 3 de febrero el pueblo salvadoreño escogerá a su 7º presidente de la posguerra entre el gobierno legítimo y la guerrilla, donde el resultado podría, tan solo podría, cambiar el tradicional bipartidismo, aunque la matemática electoral de El Salvador diga lo contrario.

Por Agencia Digital de Noticias -ADN-

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