Cambio Climático

El negocio de sembrar árboles: empresas que ganan dinero salvando el planeta

La alarmante deforestación que ha sufrido el planeta en las últimas dos décadas y media, calculada por la FAO -oficina de la ONU para la Alimentación y la Agricultura- en poco más de 130 millones de hectáreas de superficie forestal, ha promovido el interés por la siembra de árboles como una necesidad latente para compensar ese efecto arrasador que han tenido las actividades humanas de forma consciente o inconsciente.

Pero aparte de las iniciativas gubernamentales que en cada territorio procuran impulsar la reforestación como políticas públicas que renueven el inventario forestal -la FAO estima que son 4.000 millones de hectáreas, aunque la tasa de deforestación se sitúa en 3.3 millones de hectáreas anuales-, en los años recientes han surgido propuestas particulares que han querido inmiscuirse en ese interés y sacar provecho económico de una actividad sana y legal como lo es la siembra de árboles.

Dichas empresas son, en su mayoría, expertas en soluciones sostenibles que con su experticia han sido escaparate para que muchas otras compañías con deseos de compensar sus emisiones de carbono mediante la plantación o la protección de reservas forestales lo puedan hacer, pagándoles a las que sí saben hacerlo para que el trabajo quede bien hecho.

El World Resource Institute -WRI- y The Nature Conservancy -TNC- reportaron de forma conjunta en su informe El negocio de sembrar árboles (2018) cómo esta se ha convertido en una opción atractiva de inversión en todo el planeta, creando una nueva economía: la de restauración ecológica.

“La economía de la restauración se refiere a la red de empresas, inversionistas y consumidores que se involucran en actividades económicas relacionadas con la restauración de tierras. Considerando los amplios beneficios de la restauración, los mercados finales para los bosques y paisajes restaurados incluyen desde madera sostenible y otros productos de consumo (alimentos, medicinas, esencias, entre otros) hasta alimento para el ganado”, señalan ambas entidades, y destacan la ausencia de datos oficiales sobre esta actividad.

Sin embargo, cita un estudio hecho en EE.UU. en el que da cuenta de la generación de 9.500 millones de dólares en producción anual “y creó otros 15.000 millones en producción indirecta e inducida”.

El informe de WRI y TNC hace foco en 14 empresas globales que se han dedicado a la restauración de tierras. De ellas afirman que algunas generan hasta 50 millones de dólares en ventas, y tienen hasta 450 empleados.

Entre las 14 compañías analizadas incluyeron una de Latinoamérica: la brasileña Symbiosis, cuya actividad comercial se centra en la gestión y la restauración de la selva húmeda atlántica con especies nativas.

Otros casos destacados son los de Land Life Company, una empresa de los Países Bajos que desarrolló la patente para un producto que permite que los árboles crezcan en terreno árido y degradado.

En el artículo Cultivar árboles y generar ganancias: ¿las empresas de restauración son rentables?, publicado en 2017 en el blog de la WRI en México, los autores Andrew Wu, Sofía Faruqi y Erick Brolis comentan que la restauración del uso de las tierras debe ir más allá de los recursos públicos y el interés filantrópico de algunas personas o entidades, y que se requiere de la participación de los sectores comercial y privado para que este ejercicio surta efecto. En otras palabras, acelerar el negocio para que el fin mismo resulte según lo esperado.

“Ciento catorce países se han comprometido a la restauración de 162 millones de hectáreas (área equivalente a seis veces la superficie del Reino Unido), como parte de sus planes para hacer frente al cambio climático. Sin embargo, restaurar el uso de la tierra a gran escala significa que no podemos confiar únicamente en recursos públicos o filantrópicos. Para conseguir los 26 mil millones de dólares que se requieren cada año para que los países cumplan con sus metas —en virtud del Acuerdo de París— es necesario involucrar a los sectores privado y comercial”, se lee en el artículo.

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