Moda

La noticia falsa más popular del mundo de la moda

Los miembros acreditados de la industria de la moda lo dicen con absoluta certeza una y otra vez en artículos de opinión, conferencias y entrevistas. Aparece como una especie de evangelio en medios informativos tan diversos como Fast Company y The Guardian. También tuvo un papel protagónico en un largometraje documental.

¿De qué se trata?

Del pronunciamiento definitivo y condenatorio de que la industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo. Es sumamente impactante, contagioso y fácil de creer. Solo que hay un problema.

“No es un hecho verdadero”, afirmó Jason Kibbey, director ejecutivo de Sustainable Apparel Coalition.

A finales de un año en el que las mentiras y los llamados “hechos alternativos” han predominado como tema de conversación; en el que la palabra “desinformación” fue elegida como la palabra del año por el sitio Dictionary.com, y en el que la reducción de temas complicados a simples afirmaciones maniqueas y tuiteables distorsiona la percepción de la realidad, ha llegado la hora de poner fin a este mito ecológico de una vez por todas. Solo entonces podremos tratar de resolver el problema real con toda su complejidad y realidad multifacética.

No hay duda de que existen graves problemas en torno a la sustentabilidad y las prendas de vestir; de que las marcas de moda ostentan una enorme responsabilidad por las emisiones de carbono, los derrames químicos y la saturación de los vertederos de basura en diferentes partes del mundo, y de que los mea culpa son absolutamente merecidos.

No hay duda de que los diseñadores y ejecutivos necesitan pensar sistemáticamente en el lugar que ocupan dentro de la cadena de suministros naturales y humanos, y en cómo pueden provocar menos daño.

Tampoco está en discusión que es más sencillo y más llamativo declararte el segundo contaminante más grande del mundo, en lugar de llamar a la industria del teñido y los acabados textiles “el contaminador de agua limpia número uno (después de la agricultura)”, como lo hizo un informe en la publicación Natural Science en 2012.

Pero esperen, esa industria –la del teñido y acabados textiles– es más que solo moda: podría incluir artículos del hogar y blancos, entre otras cosas. Entonces, ¿cómo definir qué parte de todo eso le corresponde a la moda y qué podría significar?

No existe ninguna fuente fidedigna ni verificable que acepte su responsabilidad respecto al surgimiento de la idea de la “segunda industria más contaminante”. Rastrear esa afirmación hasta sus orígenes implica jugar al teléfono descompuesto, saltando de un enlace a otro y luego a otra cita sin llegar jamás a la original. Tal vez por eso la mayoría de las personas que popularizaron esta afirmación en un principio ahora han comenzado, con un poco menos de algarabía, a intentar retractarse.

Por ejemplo, un artículo publicado en el sitio OneGreenPlanet afirma que “la industria de la moda, valuada en 3 mil millones de dólares, es la segunda más contaminante, apenas por debajo de la del petróleo”, y luego enlaza a una nota en el sitio EcoWatch, donde se cita a Eileen Fisher, la diseñadora que hizo de la sustentabilidad parte de la plataforma de la marca que lleva su nombre y quien ha recibido premios por su trabajo en este rubro.

Cuando se le cuestionó, Fisher declaró que creía haber obtenido esa información originalmente de The True Cost, una película de 2015 de Andrew Morgan, y que también creía que el tema había sido discutido en el Glasgow Caledonian Fair Fashion Center.

Cuando se le formuló la misma pregunta a Cara Smyth, vicepresidenta del Glasgow Caledonian New York College, declaró que también pensaba que esa afirmación provenía de la película. Sin embargo, cuando le pregunté a Morgan, el director, de dónde obtuvo la información en 2015, me habló de los organizadores de la Cumbre de la Moda de Copenhague, un congreso de moda sustentable que comenzó a realizarse en 2008 (y en el que he participado como conferencista).

Jonas Eder-Hansen, director de relaciones públicas de la Global Fashion Agenda (GFA), un foro sobre temas de sustentabilidad y moda, que surgió a partir de la Cumbre de la Moda de Copenhague, mencionó que creía que la afirmación original, repetida a menudo por Eva Kruse, fundadora de la GFA, había surgido de un informe de la compañía consultora Deloitte. Ese informe salió a la luz en Dinamarca aproximadamente en 2012, pero desde entonces ha desaparecido; cuando contactamos a Deloitte, dijeron no tener clara su existencia.

“Por un momento temí que hubiera salido de mí”, declaró Linda Greer, quien fue científica sénior del Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales. “Hace una década aproximadamente, estaba investigando a las industrias contaminantes en China, y la industria de la moda apareció en el tema del agua, pero en realidad depende del aspecto al que le estés poniendo atención”.

En parte, esa es la razón por la que Fisher ha comenzado a retractarse. “He intentado dejar de decirlo porque mi equipo ha comentado de manera interna que no podemos confirmarlo”, dijo. “Creo que fue hace unos seis meses”.

Los fundadores de la Cumbre de la Moda de Copenhague también han comenzado a retractarse, y ahora “hacen declaraciones más vagas como que ‘es una de las industrias que más recursos utiliza’”, declaró Eder-Hansen.

En 2017, la GFA publicó un informe titulado Pulse of Fashion en el cual se leía justo al inicio: “De hecho, hacen falta hechos fidedignos para guiar las medidas que se deben tomar. No basta con reaccionar a declaraciones infundadas como ‘la industria global de la moda es la segunda más contaminante del mundo’. La información y el establecimiento de relaciones entre las causas y los efectos son lo que genera ideas, crea convicción y promueve acciones”.

“Pero seguimos escuchándolo”, dijo Eder-Hansen. Y cada vez que lo escuchan, declaró, “tratamos de decir que no es preciso”.

Alden Wicker, periodista y fundador del blog Ecocult, y uno de los primeros en intentar desmentir esa afirmación en un artículo publicado en Racked en 2017, ha estado haciendo lo mismo.

“Hace un mes me puse a enviar correos electrónicos de manera compulsiva; envié un correo a los primeros diez sitios de internet que aparecieron cuando busqué en Google ‘la industria de la moda es la segunda más contaminante’”, dijo Wicker. “Una persona respondió”.

¿Realmente importa si esta exageración sigue prevaleciendo? Después de todo, como dijo Greer, “ya sea la número dos o la número cinco, el hecho no es del todo falaz”. Si irse a los extremos provoca que se tomen las acciones necesarias, ¿acaso el fin no justifica los medios? ¿O acaso esto nos lleva al camino peligroso de los hechos alternativos?

“Necesitamos un poco de drama, de otro modo simplemente nos hundiremos con el Titanic”, declaró Fisher. Luego suspiró. “Pero no es correcto no decir la verdad”.

Eder-Hansen afirmó que el problema es que “perdemos credibilidad si vamos por ahí esparciendo habladurías, por eso es tan importante contar con datos fidedignos”.

Kibbey menciona que la simple escala del “segundo más grande”, también tiende a ocultar la necesidad de recolectar información de manera minuciosa, un esfuerzo que es clave para cuantificar el impacto de la industria de la moda y entonces ser capaces de encontrar formas de reducir ese impacto. “Desearía que desapareciera”, dijo.

La verdad es que debimos haber sospechado desde el principio que esta era una explicación muy simplista. La industria de la moda está llena de cadenas de suministro tan intrincadas que en ocasiones son imposibles de rastrear, y la información es demasiado escasa para calcular una cifra como esa.

Entonces, ¿por qué tanta gente se lo creyó y por qué no han surtido efecto los desmentidos?

En parte, por el mismo motivo por el que tantas personas creen otras mentiras: por la bellísima simplicidad de la acusación; por la manera en la que despierta todos los prejuicios que existen alrededor de una industria comúnmente asociada con la indulgencia y la cultura del desecho; por la forma en la que da justo en el clavo.

“La moda es una industria dirigida al consumidor”, explicó Greer. “El cemento y el acero son dos de las industrias que dejan una mayor huella de carbono en el mundo, pero la mayoría de las personas no compran acero y cemento”. No se identifican con eso.

A diferencia de muchas tergiversaciones que andan flotando en las redes sociales, esta no surgió a partir de una premeditación maliciosa, o como resultado de que alguien intentara llevar a cabo una estafa o manipular la realidad. Es muy probable que esto surgiera de una buena intención: del deseo de hacer que la industria mundial tuviera consciencia de que debe mejorar.

Es por eso que “cuando alguien lo dice en un panel o una conferencia, es casi imposible rebatirlo”, dijo Wicker. Si lo haces, continuó, te “acusan de ser negativo o de disculpar a la industria de la moda”.

No obstante, lo que sí sabemos con certeza debería considerarse bastante malo. Tomemos en cuenta lo siguiente:

• Casi tres quintas partes de toda la ropa que se produce termina en incineradoras o vertederos al cabo de un año de haber sido confeccionada.

• Más del ocho por ciento de los gases de efecto invernadero es producido por la industria de la ropa y el calzado.

• Entre el 20 y el 25 por ciento de los compuestos químicos que se producen en el mundo se utilizan en la industria de acabado textil.

Eso es bastante irrecusable, además de bien fundamentado. Los dos primeros puntos provienen de informes de McKinsey y Qantis; Greer me facilitó el tercero, que procede de un libro titulado Handbook of Textile Effluent Remediation, editado por Mohd Yusuf.

Aunque es cierto que, si estás tratando de cautivar la imaginación del público, ese título puede mejorarse.

Con información de The New York Times

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