Historia

La luminosa vida y la espantosa muerte de la primera gran sabia del siglo V, masacrada por fanáticos religiosos

Hipatia de Alejandría difundió a Platón y Aristóteles y fue matemática, filósofa, astrónoma, inventora y escritora… ¡hace mil seiscientos años!

Esa mujer, Hipatia, es un fantasma. Su fecha de nacimiento se ignora: nació en Alejandría en 355 o 370, y murió asesinada en marzo de 415 o 416, a sus 55 o 60 años. Tampoco hay huellas de su cara ni de su cuerpo. En 1509, Rafael Sanzio la imaginó en su cuadro La Escuela de Atenas, hoy en los Museos Vaticanos. El pintor prerrafaelista inglés Charles William Mitchell, más audaz, la pintó desnuda en 1885.

Fue sabia entre los sabios. Dominó la matemática –primera mujer en esa disciplina–. Escribió sobre geometría, álgebra, astronomía, filosofía. Fue inventora: mejoró los astrolabios y creó un densímetro para medir la densidad relativa de los líquidos.

“La Escuela de Atenas”
“La Escuela de Atenas”

Los dieciséis siglos que nos separan de su obra fueron crueles: nada quedó de sus escritos, sus ensayos, sus clases. Entonces, ¿por qué creer en su sabiduría? Porque dos de sus discípulos, Sinesio de Cirene y Hesiquio de Alejandría, llamado “el Hebreo”, anotaron algunos títulos de su obra que resistieron el paso del tiempo y sus masacres. Éstos:
– Comentario a la Aritmética en 14 libros de Diofanto de Alejandría.
– Canon astronómico.
– Comentario a las Secciones cónicas de Apolonio de Perga.
– Tablas astronómicas: revisión de las del astrónomo Claudio Tolomeo, incluida en el Canon astronómico de Hesiquio.

También trazó un planisferio de cuerpos celestes, mejoró las nociones de la mecánica, y fue cabeza de la Escuela neoplatónica de Alejandría.

Su nombre: Hipatia. Hija y discípula del astrónomo Teón.

Un día de marzo de 415 o 416, al salir de su casa, fue rodeada por una turba: hombres comunes, monjes, parabolanos (miembros de una rígida secta cristiana), que más parecían salidos del Infierno que del Cielo, la masacraron. Golpes con palos y piedras. Llevada a la rastra hasta el Cesáreo, templo levantado por Augusto tras su victoria sobre Marco Antonio, y entonces catedral de Alejandría. Desnudada. Desollada: toda su piel arrancada con filosas tejas y conchas marinas. Descuartizada. Paseados sus restos por la ciudad hasta el Cinareo (un crematorio), y convertidos en cenizas.

¿Por qué y quiénes?
Veamos el escenario…

Paganismo versus Cristianismo. Auge del catolicismo teodosiano –por Flavio Teodosio–, nueva religión del Estado romano. Luchas internas entre facciones de la iglesia. Hipatia, científica y pagana, señalada como bruja, hechicera, maldita. Y odiada hasta su última célula por el obispo Cirilo (370–444), luego San Cirilo, Patriarca de Alejandría.

Grabado de 1876. Hipatia es arrastrada a su muerte
Grabado de 1876. Hipatia es arrastrada a su muerte

Pero Hipatia no fue la única víctima de su ciego fanatismo religioso…

En 414, Cirilo impulsó varios motines antijudíos, expropió casi todas las sinagogas de la capital egipcia, y las convirtió en iglesias cristianas. Además hizo comparecer a sus pies a los más notorios líderes judíos, que se rebelaron ante tal oprobio. En respuesta, una muchedumbre con Cirilo a la cabeza asaltó y destruyó la gran sinagoga, saqueó las propiedades de los judíos, y los desterró. Más de cien mil, entre hombres, mujeres y niños, fueron obligados a deambular sin rumbo…

Hipatia enseñaba filosofía y ciencias exactas en su propia casa. Asceta, ciertos movimientos feministas la erigieron como símbolo de la mujer liberada…, incluso sexualmente. Pero es poco probable. Según la Suda, enciclopedia bizantina escrita en griego (siglo X), el ateniense Damascio, en su obra Alexandría, la evoca así…

“Acostumbraba a ponerse su manto de filósofa y pasear por la ciudad interpretando públicamente a Platón y a Aristóteles, y las obras de algunos otros filósofos, para quienes deseaban escucharla. Además de su habilidad en la enseñanza, se destacaba en el pináculo de la virtud. Era justa y casta, y permaneció siempre virgen. Era tan bella y bien constituida, que uno de sus discípulos se enamoró de ella, y al ser incapaz de controlarse, le mostró un signo de su encantamiento. Hipatia, intentó, sin conseguirlo, calmarle mediante la música. Entonces tomó unos paños manchados con sangre de su menstruación, y le dijo: “Esto es lo que tú amas, joven, y esto no es bello”.

Sin embargo –siempre según la Suda–, estuvo casada con otro filósofo, Isidoro, “pero se mantuvo virgen“.

“Hypatia”, de Charles William Mitchell
“Hypatia”, de Charles William Mitchell

No hay pruebas de ello. Al parecer, la supuesta virginidad de la sabia es una equívoca exaltación de ese aspecto de su vida: una leyenda que une la castidad como metáfora de la pureza, el magisterio impoluto, el pensamiento como una forma de intocable divinidad. Una ofrenda a los dioses…

Porque en el siglo IV y en Alejandría, el pueblo todavía rendía culto a los dioses en lujosos templos con custodios, sacerdotes, adivinos, altares encendidos, rituales…

En todo caso, lo único cierto –su genio y su martirio– bastan para instalarla en el Olimpo. Porque en tiempos remotos y oscuros en los que la mujer era poco más que una cosa, se atrevió a descifrar los misterios terrenos y celestes, a explicar a sus alumnos el pensamiento de Sócrates y de Platón, a ser líder de los neoplatónicos alejandrinos, y a sembrar sabiduría entre estudiantes que llegaban hasta ella de todas partes del mundo…

Como dejó escrito Sinesio de Cirene, su alumno más devoto, “fue madre, hermana y profesora, además de benefactora y todo cuanto sea honrado tanto de nombre como de hecho“.

Lo pagó con su vida.

Pero siempre será más recordada que sus asesinos.

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