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América Latina es la capital mundial del homicidio, El Salvador sigue líder

Aunque tiene el 8% de la población global, concentra el 33% de las muertes violentas por arma de fuego. Drogas, pandillas, instituciones débiles y pobreza se combinan en la crisis de la región.

Acapulco, que hace algunas décadas era un destino turístico con un toque de Hollywood, hoy ofrece un promedio de 953 asesinatos por año: más que la suma de los homicidios de Italia, España, Suiza, Portugal y Holanda. Así México se ha sumado a una crisis que atraviesa a toda América Latina y el Caribe, donde están algunos de los países con más muertes violentas del mundo: El Salvador, Venezuela, Guatemala, Honduras, Brasil. Cada día más de 400 personas son asesinadas en la región.

Aunque sólo tiene el 8% de la población del mundo, América Latina concentra el 33% de los homicidios. Desde 2000, la violencia mortal ha crecido de manera estable en la región que “hoy es la más violenta del mundo”, según un informe de The Wall Street Journal (WSJ).

“Casi uno de cada cuatro homicidios sucede en sólo cuatro países: Brasil, Venezuela, México y Colombia. El año pasado un récord de 63.808 personas fueron asesinadas en Brasil. México también marcó un récord con 31.174, y en lo que va de este año los homicidios han aumentado otro 20 por ciento”. El periódico agregó cifras comparativas, de 2016: en China, 8.634; en la Unión Europea (UE), 5.351; en los Estados Unidos, 17.250.

México, Brasil, Venezuela y Colombia concentran uno de cada cuatro homicidios del mundo.
México, Brasil, Venezuela y Colombia concentran uno de cada cuatro homicidios del mundo.
El Salvador es el país con la mayor tasa de homicidios del mundo: 83 por cada 100.000 habitantes, casi la mitad de las cuales se debe a armas de fuego. Esa cifra multiplica por 17 la tasa de asesinatos intencionales en los Estados Unidos. La violencia de las maras, pandillas como Barrio 18 o la MS-13, son el motor principal de esta clase de muertes en El Salvador; también causa las altas tasas de homicidios de Honduras (56,52 por 100.000) y Guatemala (27,26) e impulsa la emigración desesperada de las familias.
“El crimen detiene el desarrollo”, señaló WSJ. “La violencia le cuesta a América Latina el 3% de su producto bruto, en promedio: dos veces el nivel de los países desarrollados”. Las cifras, que oscilan entre USD 115.000 millones y USD 261.000 millones, son “comparables al gasto total de la región en infraestructura, o al ingreso de la tercera parte más pobre de los latinoamericanos”.

Con sus hoteles abandonados y cada vez menos turistas, Acapulco se parece a otras ciudades mexicanas de esplendor perdido, como Guadalajara. Allí el forense fue despedido porque dejó más de 150 cadáveres, que no entraban en la morgue, dentro de dos camiones; los vecinos se quejaron por el olor.

En la morgue de Acapulco los cuerpos todavía caben, aunque se acumulan a mayor velocidad que la de su procesamiento. Casi el 10% de los muertos no tiene quién los reclame y en muchos casos no se los puede identificar.

Según el informe Seguridad Ciudadana en América Latina, del Instituto Igarapé, una fundación brasileña, en América Latina están 43 de las 50 ciudades con más homicidios del mundo, “incluido el top 10 completo”: San Salvador (El Salvador), Acapulco (México), San Pedro Sula (Honduras), Soyapango (El Salvador), Chilpancingo de los Bravo (Mexico), Tegucigalpa (Honduras), Marabá (Brasil), Gran San Luis (Brasil), Guatemala (Guatemala) y Ananindeua (Brasil).

La desigualdad social y la impunidad se cuentan entre las causas de la violencia latinoamericana.
La desigualdad social y la impunidad se cuentan entre las causas de la violencia latinoamericana.

“Con las tasas actuales, si uno vive en Acapulco (o Caracas, en Venezuela, o San Salvador) durante 70 años, tiene una probabilidad de 1 en 10 de ser asesinado”, estimó WSJ. “Entre 2000 y 2017 unos 2,5 millones de personas fueron asesinadas en América Latina y el Caribe, como si Chicago desapareciera del mapa”. En ese tiempo, las víctimas del terrorismo en el mundo llegaron a 243.00: una comparación penosa.

“En enormes franjas de Brasil, Colombia, El Salvador, Honduras, México y Venezuela se vive una guerra, sólo que no se le da ese nombre”, dijo al periódico Robert Muggah, titular del Instituto Igarapé. La mayor parte de los que combaten son varones jóvenes y tantas muertes se deben a las armas de fuego que en Twitter el feed Onde Tem Tiroteo (Dónde hay tiroteo) se volvió imprescindible para los automovilistas en Río de Janeiro.

El crimen organizado, de las maras a los cárteles narco, tiene responsabilidad en los homicidios.

“La estimación de homicidios en México puede ser inferior a la realidad porque a muchas víctimas se las arroja a tumbas sin nombre, se las quema o se las pasa por trituradores de caña de azúcar”, según WSJ. En el estado de Coahuila, alguna vez bajo el control del cartel narco Los Zetas, hay 103.000 fragmentos de huesos sin identificar.

La tasa de asesinatos en América Latina, de 21,5 por cada 100.000 habitantes, es más de tres veces el promedio global, que se ubica en el 7 por ciento. Si la tendencia de un crecimiento de 3,7% por año continúa, llegará a 35 por cada 100.000 en 2030.

¿Cuál es el motivo de esos récords trágicos? La región “tiene la brecha más grande del mundo entre ricos y pobres”, “grandes partes de la economía son informales”, “hay poderosos grupos del crimen organizado como los carteles de la droga” y las instituciones “son débiles y están impregnadas de corrupción”, según WSJ. Hay más jóvenes sin educación que en otras regiones, en competencia por muy pocos empleos; muchas urbanizaciones carecen de servicios como escuelas o policías y son cordones de exclusión. Y circulan muchas armas, la mayor parte de ellas ilegalmente.

La tasa de violencia de la región, que es de 21,5 por 100.000 habitantes, podría llegar a 35 en 2030.
La tasa de violencia de la región, que es de 21,5 por 100.000 habitantes, podría llegar a 35 en 2030.

“Las poderosas mafias latinoamericanas se basan en dos accidentes geográficos”, describió el periódico. “Uno es estar al lado del mercado de drogas ilegales más grande del mundo, los Estados Unidos; el otro es ser la única región del mundo que cultiva la planta de coca, el ingrediente principal de la cocaína”. Según los expertos, dos tercios de los homicidios de México se deben al tráfico de sustancias.

Otro factor es la violencia doméstica: “América Latina también tiene tasas altas de violencia interpersonal y familiar. Las autoridades colombianas dicen que el día con más homicidios del año es el día de la madre, cuando los juerguistas se emborrachan. En la lista siguen el Año Nuevo y la Navidad”.

La impunidad también pesa: en la región es literalmente posible matar sin consecuencias. “Menos el 20% de los homicidios se resuelven. En México, la cifra es de menos del 10%. La Fiscalía General de México investigó más de 600 casos de homicidio vinculados al crimen organizado en los últimos ocho años; obtuvo veredictos de culpabilidad en sólo dos”. Un estudio de 10 años en la ciudad brasileña de Belo Horizonte halló que las investigaciones policiales duran un promedio de 500 días y los juicios unos 10 años. En la carta parte de los casos las causas prescriben.

El narcotráfico creció en la región por la proximidad geográfica con EEUU, el mayor mercado.
El narcotráfico creció en la región por la proximidad geográfica con EEUU, el mayor mercado.

“En muchos sentidos, Acapulco es la metáfora perfecta de los fracasos más amplios de América Latina. Es un lugar de belleza deslumbrante arruinado por los mismos factores que alimentan la violencia en toda la región: desigualdad, urbanización sin planificación, falta de buenas instituciones desde las educativas a las policiales, corrupción profundamente arraigada y una actitud de todo vale ante la ley”, concluyó WSJ.

Si en la década de 1940 y 1950 Acapulco era famosa por sus playas y por las visitas regulares de Elizabeth Taylor, Frank Sinatra y John Wayne, hoy es en cambio el escenario donde más de dos docenas de grupos delictivos luchan por el dominio y él único negocio que prospera es el de servicios fúnebres.

 

Con información de The Wall Street Journal 

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