Daniel Ortega, “de que cae, cae”

Son más de 250 muertos, más heridos y detenidos. Nada ni nadie parece detener a su examigo Daniel Ortega, hoy presidente de Nicaragua, en su deriva destructora. Sin embargo, no pierde el ánimo ni la esperanza. Sostiene que “de que cae, cae”.

En entrevista para La Jornada (México), explica lo que sucede en su país: “estamos viviendo dolores de parto, del nacimiento de un nuevo país, de una nueva realidad política que está emergiendo. El tiempo de Daniel Ortega se agotó”.

Apunta que reconstruir la situación en que estaban antes de abril es imposible. “Esa convivencia más o menos silenciosa, forzada, o medio a gusto, o gente que estaba a gusto, ya no existe más. Eso se rompió totalmente. Nosotros somos un país de apenas 6 millones de habitantes, aquí en dos meses se han matado 250 personas. Eso equivaldría en México,  que tiene 120 millones de habitantes, a 30 mil, 40 mil muertos”.

Ramírez Mercado asegura que los factores que provocaron llegar a este punto, fue el mal cálculo que hizo Daniel Ortega, con el uso de las  fuerzas represivas. “Bajo la tesis absolutista de que las calles son del pueblo y cuando dice el pueblo quiere decir de sus partidarios. Nadie podría aquí hacer una manifestación en una rotonda, descalificar por la calle por ninguna causa. Cualquier pequeña demostración, y eran pequeña las demostraciones aquí, 20-30 personas que se ponían a protestar por el fraude, por ejemplo, en las elecciones municipales. Sus huestes paramilitares llegaban a golpear a la gente, a dispersarla a cadenazos, a garrotazos, con la policía siempre que se paraba  ahí a contemplar nada más el trabajo sucio que hacían estas fuerzas y así hicieron famoso al movimiento Ocupa Inns  que salió a defender a los viejitos que les quitaban las pensiones y llegaron las mismas turbas una noche,  se llevaron,  golpearon a los muchachos, tuvieron que ir a refugiarse en la Catedral, les robaron las computadoras, los celulares, estas mismas turbas lumpen. Disfrazadas de fuerzas paramilitares o vestidas como fuerzas paramilitares”.

Explica que “cuando se producen estos hechos del 18 de abril, que sin consultar con nadie el gobierno decreta un 5% de gravamen a las pensiones de la gente mayor y sube las cuotas patronales y las cuotas laborales, salen los muchachos después de que en la ciudad de León golpearon a un señor mayor”.

El autor de Castigo divino señala que en el momento en que se produce el primer muerto por estas trifulcas entre muchachos  de la Universidad de Managua y los paramilitares, es el fin de este régimen.

El escritor nicaragüense apunta que Daniel Ortega decide tomar esa deriva por la absoluta confianza que tiene en él mismo, en su poder. “Ponte en la posición de alguien que controla el Poder Judicial, que se supone que controla el ejército, controla la policía, las fuerzas paramilitares, controla al fiscal del Estado, al procurador del Estado, a la Contraloría de Cuentas, controla la Asamblea Nacional y entonces empiezan las represiones. Es un acto natural del poder absoluto y la bola de nieve comienza a crecer y él no se detiene. No sé si por soberbia, por mal entendimiento de lo que está ocurriendo, pero ya no comienzas a entender cuando hay 30 muertos en tres días”.

Para Ramírez Mercado el momento en que cambio todo en Nicaragua, fue cuando estaba en España en lo del Premio Cervantes y vio a un muchacho que enarbolaba una pancarta que decía: “nos han quitado tanto, que nos quitaron hasta el miedo. Cuando se pierde el miedo no hay nada que hacer”.

Asimismo, señala el rol que juega Rosario Murillo es de suma importancia, pues desde que llegó Daniel Ortega, ella se complacía mucho en decir: “yo tengo el 50% del poder y las mueres tienen el otro 50. Mi mujer tiene el 50% del poder”.

 

(Con información de La Jornada)

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