Reportajes

Alcaldía busca salvar la Ceiba de Antiguo Cuscatlán

Aunque el MARN sentenció el legendario árbol, la comuna de Antiguo Cuscatlán lucha para salvar su vida.

Por Eduardo Vázquez Bécker.

La centenaria Ceiba de Antiguo Cuscatlán no va a morir, al menos por ahora. Por disposición de la Alcaldía Municipal, técnicos y profesionales especializados, iniciaron este lunes lo que será, sin duda alguna, una histórica labor para recuperar lo que los antigueños consideran su tesoro municipal. A pesar de todos los augurios, la ceiba pentandra, la ceiba simplemente, la ceiba bruja, la ceiba bomba o el árbol del algodón como le llamaban nuestros ancestros, se resiste a morir.

La labor principal consistirá en recortar aquellas ramas cuyo peso la han hecho inclinarse sobre uno de sus costados hasta dejar solo la base superior del tronco y ya sin ese peso proceder, como verdaderos ortodoncistas, a suturar la enorme caries desde lo más profundo del hueco causado posiblemente por el llamado “síndrome de troncos huecos” que es provocado por una termita (Coptotermes crassus Snayder).

La labor no será fácil pues se trata de un paciente gigante. Su recuperación, si tienen éxito, será de aproximadamente unos diez años a cuyo término podremos, quienes sobrevivan, apreciar de nuevo sus hojas formadas por 5 a 9 foliolos dispuestos a manera de abanico y sus flores compuestas por un cáliz acampanado, una corola compuesta por cinco pétalos y cinco estambres unidos en su base. También se podrán apreciar sus frutos que son cápsulas de coriáceas de unos 15 cm en forma de peras o limones.

El hongo.

La ceiba de Antiguo tiene a su favor que aún es joven, si tenemos en cuenta que su periodo de vida es de 500 años y esta solo tiene unos 200 aproximadamente. Estamos seguros que su recuperación será afortunada como también lo estamos de que Milagro Navas y su Consejo Municipal, no escatimará recursos para salvar al histórico paciente quien junto con el observador Atlacatl, son testigos de la historia de ese municipio. Podemos decir entonces, con propiedad y alegría que la ceiba de Antiguo Cuscatlán se resiste a morir.

La palabra ceiba, de la familia Bombacaceae, proviene de su nombre vernáculo en sudamérica. Pentandra proviene del griego “pente” (que significa “cinco”) y “andros” (género masculino) en alusión a sus cinco estambres. Aunque se extiende por todo el continente americano se cree que su origen es América Central donde fue diosificada por nuestros ancestros mayas.

EL POPOL VUH Y LA CEIBA
La ceiba era un árbol sagrado para los antiguos mayas. Probablemente al ver un ejemplar tan extraordinariamente alto les hizo creer que sus ramas sostenían los cielos, mientras que al observar sus enormes raíces superficiales era fácil que pensaran que éstas podían ser el vínculo de unión entre el mundo de los vivos y el Inframundo.

Durante siglos el pueblo Maya iba transmitiendo entre generaciones sus numerosas tradiciones y leyendas que finalmente fueron recogidas entre los años 1554-1555 en lo que podríamos llamar la Biblia Maya en lengua quiché y que ellos llamaron “Popol Vuh”.

Este libro sagrado comienza con la mítica creación del mundo y de la humanidad y recoge entre sus leyendas que los dioses creadores sembraron en los cuatro rumbos del cosmos distintas ceibas sagradas, las llamadas ceibas direccionales que serían los sostenedores del universo.

Asi, en el rumbo del oriente colocaron el “Árbol rojo del alimento” (Chac Imix Che), en el rumbo del poniente ubicaron el “Árbol negro del alimento” (Ek Imix Che), en el rumbo superior el “Árbol blanco del alimento” (Zac Imix Che) y en el rumbo inferior sembraron el “Árbol amarillo del alimento” (Kan Imix Che). En el centro, rodeada por estos cuatro grandes árboles situaron a la Gran Madre Ceiba, el “Primer Árbol del alimento” (Yax Imix Che).

Esta ceiba era la encargada de comunicar los diferentes mundos, ya que entre sus raíces los dioses creadores situaron el Xibalbá o Mitnal que era la morada de los muertos, el “Inframundo”. En la base del árbol estaría la tierra que habitamos los seres vivos, el Kab, mientras que en lo alto, entre sus ramas los dioses establecieron su morada y en la cima de su copa habitaba una preciosa ave de plumas verdes y azules, el Quetzal que representaba el origen de todos los dioses.

Para los antiguos mayas, como hemos visto, estos árboles que consideraban como indestructibles representaban la comunicación entre el cielo y el mundo inferior.
Sus descendientes en la actualidad siguen respetando a la ceiba, a la que identifican con conceptos tan elevados como resistencia y sabiduría.

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